domingo, 13 de noviembre de 2011

Capítulo 8 - 1


La llamada de Rian me dejo alucinada. No recordaba ni siquiera que tuviera mi número. Bueno para aquellos que por nombre no os suene, Rian Dawson era el batería de un grupo americano que seguimos en una gira por Estados Unidos ese primer verano que pasé en Nueva York.

Llegó un momento que no solo íbamos a los conciertos, sino que salíamos de fiesta con ellos. Y cuando sales con 4 chicos americanos de fiesta, sin darle importancia al hecho de que sean famosos, suceden muchas cosas. Muchas cosas en el autobús de gira, en los camerinos, en los baños de discotecas… Fueron un par de semanas intensas para las 5.

Me llamó para decirme que andaban por Inglaterra dando unos conciertos. Pasarían un mes por aquí. Estuvimos comparando agendas y dio la casualidad de que pasábamos varios días en Manchester a la vez. Así que insistió en que pasara a verles.

No sabía qué hacer, después de esa llamada me moría de ganas de volver a verles. Así que llame a las chicas y las propuse que vinieran a Manchaster a pasar esos días y así aprovechábamos y volvíamos a verles. Y nos volvíamos a ver nosotras también.

Les encantó la idea, llevábamos unos meses sin vernos, sería genial volver a juntarse y más si era por volver a verles en concierto. Si, ese verano creamos una cierta dependencia a All Time Low.

Mery aprovechó y avisó a Harry y Dougie que se cobraría ese fin de semana, la apuesta que ganó esa noche que pasaron los tres juntos en mi casa. Eso significaba que íbamos a ir a ver un concierto con McFly y novia de. Estaba hasta las narices de ella, la odiaba con todas mis fuerzas.

No había sido fácil esa semana de viaje. Intentaba ignorarla todo lo que podía, pero parecía que su objetivo del viaje era darme por culo. Y juro que no hice nada porque no quería perder mi trabajo, pero me prometí joderla en cuanto terminará mi trabajo para los chicos. Y así lo hice.

Llegamos esa tarde agotados a Manchester, aunque tampoco hubo mucho tiempo para descansar. Tenían una actuación en un programa de televisión.

Los chicos subieron a ducharse y a cambiarse de ropa. Aproveché yo también y bajamos una hora después todos al vestíbulo. Todos guapos y limpitos, bueno quitando los pantalones de Danny que eran horribles. Sabía que no debía decir nada, pero no pude callarme.

  •    Danny esos pantalones no te hacen justicia, pierdes potencial con ellos puestos. – esperaba que no se lo tomara muy mal.

Se quedó callado, se miró los pantalones y sonrió.
  •    ¿Así qué pierdo potencial dices? – dijo con superioridad.
  •    ¿Qué problema tienes con los pantalones? – contestó Emma enfadada.

Me iba a volver loca, no podía más con ella. Miré a Tommy y le dije si me podía tomar la tarde libre. No me necesitaban y así podía ir a buscar a las chicas al aeropuerto. No me puso ninguna pega y además me ofreció la furgoneta con el conductor incluido
.
Les acompañe hasta el plató y luego pusimos rumbo al aeropuerto. De camino compre una cartulina y escribí en ella Stalkers.

Solían distraídas, charlando tranquilamente. No me esperaban allí, creían que estaría trabajando. Las silbé para que me vieran. Sus caras me hicieron sonreír, las había pillado desprevenidas. María negó con la cabeza, Bárbara y Laura sonrieron también y Cris venía corriendo hacia mí. Corriendo y gritando. Como no íbamos a montar una escena en el aeropuerto, ya era tradición. Fuera donde fuéramos teníamos que llamar la atención.

Nos acercaron a su hotel, obviamente no era el mismo, vale que no fueran a hoteles de mucho lujo, pero se salía de nuestro presupuesto de viaje y concierto. Allí nos quedamos un buen rato, riendo, poniéndonos al día hasta que nos entró el hambre.

  •    ¿Vamos a cenar con los chicos? – preguntó María.
  •    No lo sé, no hemos hablado del tema. Pero no me apetece nada que vengan. – me sinceré.
  •    ¿Tan mal te va? – dijo Cris preocupada.
  •    Que va, vamos con ellos genial, el problema está cuando viene Emma. Y todos sabemos que Danny no se va a separar de ella y viceversa. No creo que vuelva a Londres, la voy a matar un día de estos.
  •    Yo te ayudo. – dijo Laura.
  •    Te pienso comprar un juego de esos de matar y robar por navidades. A ver si se te pasa la vena asesina. – dijo Bárbara.
  •    A lo mejor eso es peor y me vuelvo una asesina en serie de verdad. – y abrió los ojos de forma exagerada.
  •    Mierdo. – dijo Cris escondiéndose debajo de la cama.
  •    Sois un caso, tu sal de ahí y vamos a cenar de una vez. – reí.
  •    Es muy pronto para cenar. – se quejó María.
  •    En este país no, y yo vivo en este país, así que vamos.

Mientras esperábamos a que nos sentaran en el restaurante del centro, sonó mi teléfono. Era Dougie.
  •    ¿Dónde estáis? – dijo sofocado. - ¿Cómo no habéis venido a buscarnos al plató? – protestó.
  •    Porque te tengo muy visto.
  •    No, es porque las quieres para ti sola. COMPARTE. – me gritó.
  •    ¿Queréis venir a cenar? – pregunté aunque sabía la respuesta.
  •    Que preguntas haces, nos morimos de hambre, vaya asistente nos hemos buscado.
  •    Apunta la dirección pesado. – le corté para que dejara de decir tonterías.

Tardaron como media hora en llegar, aunque faltaba Danny, cuando entraron se volvieron todos locos. No era normal lo nuestro, éramos demasiado escandalosas. Aunque ellos no se quedaban atrás.

Saludaron a las chicas con grandes abrazos, unos más exagerados que otros, pero todos con un cariño asombroso. Nos sentamos y mientras esperábamos la cena nos contaron que tal había ido la tarde en la televisión.

  •    Te has perdido una tarde movidita. – comentaba Harry.
  •    ¿Qué ha pasado? – miedo me daba preguntar.
  •    Danny se ha cambiado los pantalones. – continuó Dougie.
  •    Menos mal, eran horribles. – me había hecho caso.
  •    Serian lo que quieras, pero eso ha supuesto bronca con Emma. Se ha mosqueado muchísimo con Danny. – siguió Tom.
  •    ¿Se los había comprado ella?

Los tres asintieron con la cabeza.
  •    ¿Qué pantalones? – curioseo Cris.
  •    Unos pitillos pesqueros de color marrón rojizo. – especifique.
  •    Son horribles. – dijo Bárbara.
  •    Lo que yo le he dicho.
  •    ¿Le has dicho a Danny delante de su novia que los pantalones eran horribles? – Laura flipaba.
  •    Claro que sí, solo velo por su imagen. – me defendí.
  •    Normal que la novia monte un escándalo, primero criticas su gusto delante de todo el mundo y luego su novio coge partidismo por su ex. Reacciona Rach, ya no eres su novia. – dijo Bárbara enfadada.
  •    Ya lo sé, pero trabajo para ellos y esos pantalones no le sientan bien.
  •    No te confundas, tu trabajo no es sobre el estilismo de Danny. Ya es mayorcito para saber vestirse y sino que aprenda. – estaba siendo un poco dura.
  •    ¿No estás siendo un poco dura? – se preocupó Harry. – Y yo que pensaba que Danny era tu favorito.
  •    Vamos a ver, que antes de conoceros quisiera a Danny no significa nada. Entre su voz y esa imagen de canalla pues claro, pero vamos que yo me tiraría a Harry y no estoy aquí persiguiéndole todo el día. Estamos hablando del ex novio de una de mis mejores amigas. Estamos teniendo una actitud que no la está ayudando a superarlo. – respiró finalmente.
  •    ¿Qué quieres que hagamos? Es nuestro hermano. Estamos en una situación muy mala. – protestó Tom.
  •    No os estoy pidiendo nada, es vuestro amigo como Rach es la nuestra. Y como no me gusta que esté mal y que piense que tiene esperanzas pues soy dura. – continuó Bárbara muy seria.
  •    Joder yo no soporto a Emma. – Dougie también estaba enfadado.
  •    Pues eso no ayuda Dougie. Me da igual que la odies, o que penséis que es una furcia, cosa que es. Pero Danny no la dejó por Emma, eso vino después.

Empezaba a ponerse sería la discusión entre ellos, parecía que había personal, sus miradas eran distintas.
  •    Pero si empezó a salir con ella cuando Rachel volvió a Londres. ¿Eso no te da que pensar?
  •    Vamos a ver que me la toca la vida sentimental de Jones, como si reconoce su homosexualidad y empieza a salir con un hombre. Deja de hacer de celestina de una vez Dougie. – sí que parecía enfadada.
  •    VALE YA. – les grité. – No sé a qué viene esta discusión, pero estoy hasta las narices de todo. Haga lo que haga, diga lo que diga lo jodo. Emma me persigue, ella y el recuerdo de Danny. Estoy un poco cansada. Así que no me hagáis arrepentirme de este viaje. Vamos a cenar, pasar un rato divertido y mañana disfrutaremos del puñetero concierto joder. – respiré para no soltar ninguna lágrima.
  •    A todo esto ¿dónde está Danny? – preguntó Laura.

Me dio la risa floja, era cada vez más surrealista y todavía no había llegado el día del concierto.
  •    Emma quería ir a cenar por ahí. – contestó Dougie sin dejar de mirar al plato.

Se levantó de la mesa y salió del restaurante. Me fui a levantar para salir a verle cuando Bárbara me lo impidió.
  •    Espera, es mi culpa, déjame a mí y así fumo de paso. – salió a hablar con Dougie.

Tardaron al menos 15 minutos, pero parecía que todo había quedado solucionado. Terminamos de cenar y llevamos a las chicas a su hotel antes de volver al nuestro. Estábamos un poco agotados y mañana nos esperaba un día aún más duro. Al menos a nosotros 4.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Capítulo 7


Me desperté más temprano de lo esperado, no había ni siquiera sonado el despertador y ya estaba levantada.

Tenía todo preparado así que me tomé mi tiempo a la hora de desayunar. Aunque no duró todo lo que me hubiera gustado. Una llamada hizo que tuviera que dejar de hacerlo.

  •    Buenos días. ¿Señorita Iniesta? – dijeron al otro lado del teléfono.
  •    La misma. ¿En qué puedo ayudarle? – quién seria.
  •    La llamo del Hard Rock Café, tenemos un problema con su reserva.
  •    ¿Qué tipo de problema? – dije preocupada.
  •   Tenemos una incompatibilidad de reservas para ese mismo día. Nos gustaría saber si podría cambiar el día de la reserva.

No podía ser real la llamada, tenía que ser una broma de los chicos. ¿Cómo íbamos a cambiarlo ahora? Todo estaba preparado, los fans avisados.
  •    Lo siento pero eso me es imposible. Hace un mes que lo reservamos, no entiendo cuál es el problema ahora. – dije enfadada.
  •    Tiene razón pero parece que se reservó dos veces para el mismo día y nos preguntábamos…

No le dejé terminar.
  •    Es consciente que por su error puedo llegar a perder mi trabajo ¿verdad? – estaba asustada.
  •    Por eso la llamaba, está aquí el hombre que tiene la misma reserva, si pudiera pasarse por aquí y llegar a un acuerdo con él. Si deja que lo solucionen mis jefes va a tener que cambiar la fecha, está ofreciendo mucho dinero. – parecía que realmente quería ayudarme.
  •    De acuerdo, dígale que me espere. En media hora estoy allí. – dije calculando mentalmente la hora que era y a qué hora tenía que estar en el estudio.

Hice unas llamadas para que de camino al aeropuerto pasaran a por mí, no me daba tiempo a pasarme a mí. Llamé un taxi y me encamine hacia el Hard Rock. Iba enfadada con el mundo, que me estuviera pasando algo así en un sitio como ese no era normal. Solo esperaba poder solucionarlo.

Lo mejor de todo es que iba cargada con la maleta. Entré y pregunté por el hombre que me había llamado. Me pidió disculpas por todo lo ocurrido y me llevó hasta el hombre que tenía la misma reserva que nosotros. Todo empezaba a ser un poco surrealista.

El hombre estaba de espaldas y tomaba un café tranquilamente. Iba con un traje gris, era lo único que pude ver desde ese punto de vista. Lo que vi después fue demasiado para mí. Me quedé paralizada, no esperaba ver a un chico tan sumamente atractivo. Aunque atractivo era poco para describir a ese pedazo de hombre. Alto y musculado en su justa medida. Rubio con ojos claros. Parecía venido de un país del este.

  •    Encantado, soy Adam. – dijo alargando su mano.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Muerta y enterrada
  •    Buenos días, soy Rachel. – acepté su mano como saludo.
  •    Siéntese por favor. – dijo dedicándome una tímida sonrisa.

Muerta y enterrada de nuevo, era demasiado sexy y llevaba un tiempo de sequía. No podía ser posible, era como un vampiro que te hipnotiza con su belleza. Sentía que podía hacer lo que quisiera conmigo, me había dejado fuera de combate. Pero no me podía permitir ese lujo de perder la guerra.
  •    Mira, te voy a ser sincera, es imposible que cambie la reserva. Hay un montón de adolescentes convocados para esa fecha. Nunca juegues con sus ilusiones si quieres salir vivo.
  •    Vaya, adolescentes. No les tengo miedo. Yo en cambio tengo un evento social y mucho dinero en juego. – dijo mirándome fijamente.
  •    Parece que tenemos un problema. – y retiré mi mirada.
  •    No creo, cambia el día y todo arreglado. – dijo convencido de que lo conseguiría.
  •    ¿De verdad crees que me vas a convencer? – me quejé.
  •    Mira los clientes ya tienen los billetes de avión, sería un desastre. – puto tío sexy, iba a tener que matarlo.
  •    ¿Y si lo haces por la noche? Nosotros no habremos ido a las 6 como muy tarde. Todo el mundo sabe que los eventos sociales por la noche tiene más clase que un simple almuerzo. – intenté disuadirle.
  •    ¿Qué clase de evento estás preparando que sea tan imposible ceder? – dijo curioso.
  •    Un Meet and Greet para el club de fans de un grupo de música. – dije seria.
  •    ¿De verdad? ¿Por eso tengo que cambiar mis planes? Cambio negocios para que cien locas griten por cinco tíos. – dijo con superioridad.
  •    Mira, siento no estar de acuerdo, son negocios igual que los tuyos. Aquí nos jugamos dinero y yo mi trabajo si esto no sale bien. Por favor, lo cambiaria si pudiese, pero ya es demasiado tarde. Haré lo que sea. – dije intentando no parecer muy desesperada.
  •    ¿Lo que sea? – meditó.
  •    Si, por favor. Si muy buena organizando fiestas.
  •    Vale. – dijo al fin. – Cambiaré la hora, pero a cambio quiero una cena.

La felicidad que me inundó al oír el vale quedó ensombrecida por esa proposición.
  •    Lo siento, pero no soy parte de la negociación. – como estaba rechazando algo así.
  •    Solo es una cena. Tú consigues el local, conservas tu trabajo y yo intento llegar a comprender porque se llaman negocios a hacer gritar a cien adolescentes delante de un grupo de tíos sin talento.
  •    Puede que si tengan talento y por eso gritan. – dije molesta.
  •    Vale, te has tirado al menos a uno de ellos. Mejor. – contestó dejándome helada.
  •    Perdona, me tengo que ir o perderé el avión. Ocúpate de dejar zanjado esto por favor. – saque mi tarjeta del bolso. – Llámame si hay algún problema. De todas formas llamaré en cuanto aterrice.
  •    ¿No te fías de mí? – sonrió.

No hagas eso joder.
  •    No demasiado. – le mantuve la mirada.
  •    Me ofendes, soy un hombre de palabra. ¿A dónde vuelas? ¿Ponemos fecha a nuestra maravillosa cena?
  •    Estaré fuera un par de semanas, ya sabes recorriendo el mundo con cuatro músicos sin talento a los que me tiro en mi tiempo libre. – le di la mano y me encaminé hacia la puerta.
  •    Tendrás noticias mías. No creas que se me va a olvidar. – dijo divertido.
  •    Estaré esperando ansiosa, y cuando tenga noticias lo twitteare. – y salí por la puerta.

Imbécil pensé.
La furgoneta estaba esperando en la puerta. Bajé y abrí el maletero para meter la maleta. La guitarra de Danny se me cayó encima.
  •    Me cago en la puta. – grité del susto.

La recogí y la guardé junto con mi maleta. Cuando subí a la furgoneta dije.
  •    Daniel a ver si aprendemos a guardar las cosas joder.
  •    Vamos a ver. ¿Qué huevos te pasa ahora? – dijo mosqueado con mi forma de hablarle.
  •    No empecemos. – dijo Tom.
  •    Lo siento, es que el día no ha empezado bien. – dije recostándome.
  •    Tanta fiesta no es buena. – dijo muy bajito Emma.

Ni siquiera levantó la vista de su revista. Me incorporé para contestarla, pero Dougie se dio cuenta.
  •    ¿Qué hacías en el Hard Rock a estas horas?
  •    Un imbécil que tenía una comida ese día y quería que cambiara la reserva. Gilipollas.
  •    ¿Lo has hecho? –Harry se había preocupado.
  •    Claro que no, todo solucionado.
  •    Bien hecho compañera. – chocho los cinco Dougie.
  •    Lo que hace flirtear con los del grupo, te felicitan por hacer tu trabajo. – volvió a apuntar Emma.

Dougie iba a hablar cuando le levanté la mano, miré a Danny y le dije muy seria.
  •    Ya puedes cortar esto Danny, porque no tengo, ni estoy dispuesta a soportar algo así. Estoy intentando hacer mi trabajo, no vengo aquí como tu ex para que ella marque su territorio. No me hago responsable de lo que pueda pasar como esto siga así. Te lo pido como un favor personal. – le mantuve la mirada.

Acepto con la cabeza y bajó la mirada avergonzado.
  •    Y Emma cariño, que me tire a Dougie o no lo haga, no te incumbe en ningún caso. No estas invitada a nuestras fiestas sexuales lo siento.

Danny se quedó blanco y miró enfadado a Dougie.
  •    Danny tranquilo, no ha pasado nada y no tenemos intención de que pase ninguno de los dos. – se defendió.
  •    ¿Por qué esa cara Danny? ¿Por qué tendría que importarte eso? – se enfadó Emma.

El silencio se apoderó de la furgoneta y segundos después mi teléfono lo rompió. Me asusté y contesté rápidamente sin ni siquiera mirar quien llamaba.
  •    ¿Dígame? – mi tono era muy serio.
  •    Bueno mi española favorita enfadada. ¿Tengo que liarme a baquetazos? – no podía ser real.
  •    ¿Eres tú? ¿Rian? – dije perpleja.
  •    El mismo que calza y toca la batería por el mundo.

No podía creerlo, Rian Dawson estaba llamándome al móvil después de todo lo sucedido ese verano. Se ponía interesante la historia.

martes, 1 de noviembre de 2011

Capítulo 6


El fin de semana se esfumó sin ni siquiera darme cuenta. El lunes me lo tomé libre para preparar todo para salir de viaje al día siguiente. La guitarra seguía encima de la mesa desde el viernes, no sabía qué hacer con ella. Era tan bonita.

Decidí salir de esas cuatro paredes e ir a cenar con Joe, le echaba de menos. Se notaba eso de ya no trabajar en el bar. Había más gente de la que imaginaba para ser la hora que era. No vi llegar a Kate, Joe necesitaba ayuda en la barra, faltaba personal por llegar y el bar estaba más lleno de lo normal.
De lo que si me di cuenta fue de la llegada de Emma. ¿Qué cojones hacía ella en mi bar? Respiré profundamente. Iba acompañada de dos chicas, una rubia y otra morena. De su estilo, guapas, esculturales, vamos unas pijas estiradas.

Se acercaron a la barra y la cara de sorpresa al verme mereció la pena.
  •    Buenas noches. – saludé educadamente.
  •    ¿Trabajas aquí también? – dijo sorprendida. - ¿Tan mal te paga mi novio? – remarcó exageradamente el mi.
  •    Primero, tu novio no me paga nada. Y segundo no trabajo aquí maja, solo estaba ayudando a un amigo.- y salí de la barra dejándola con las ganas de contestarme.

Caminé hacia mi sitio favorito en el bar, con tan mala suerte de encontrarme a Joe por el camino.
  •    ¿Qué te pasa? – preguntó preocupado.
  •    Deberías contratar a un puertas muy cachas que no deje pasar a hijas de puta estiradas. Emma está aquí. – aclaré.
  •    ¿Vas a tu lugar favorito? – ya sabía la respuesta.
  •    Si.
  •    No creo que sea el mejor lugar.
  •    Me la toca. Era un lugar especial antes de conocerle y estoy cansada de que todo me recuerde a él. Como si no tuviera vida en UK sin él. – me di la vuelta y la grité. – Emma dile a TU novio que voy a pintar su preciada pared del bar. Borrón y cuenta nueva. – dije mientras me alejaba.

Estaba demasiado enfadada, cerré con un portazo y me quede parada mirando la pared. A quien quería engañar, no iba a pintar nada, era demasiado especial para taparlo. No solo para él.

No fui consciente de que estaba Kate hasta que me habló.
  •    ¿Estás bien?  - dijo bajito.

Del susto pegué un grito, cosa que la hizo reír.
  •    Lo siento, no quería asustarte. – siguió riendo.
  •    No te preocupes, no sabía que estabas aquí. – y me senté a su lado.
  •    ¿De verdad vas a pintar encima? – dijo decepcionada.
  •    Que va, solo lo he dicho por hacer daño. No podría. – parecía algo nerviosa. -¿Quieres que te cuente la historia de esta pared?

­   Claro. Cualquier cosa que me distraiga. – agradeció.
  •    En esta sala se compusieron las primeras canciones de McFly. Venían aquí a tocar, a ensayar. Danny se sentaba justo donde estás tú y miraba a esa pared esperando ser como alguno de esos grupos algún día. Aquí soñaron en convertirse en lo que son ahora.
  •    Vaya, sí que sabes cosas del bar. ¿Todos los grupos de la pared han tocado aquí? – siguió curioseando.
  •    No, la mayoría los escribió Danny, demasiadas horas aquí metido soñando. – sonreí con amargura imaginándole.
  •    ¿Cómo sabes eso? – tenía miedo a mi contestación.
  •    Me lo contó Danny una noche aquí sentados. Trabajé aquí un tiempo.
  •    Sé que no tenemos confianza pero me muero de curiosidad. ¿Es Danny el chico del que hablamos el otro día? – se puso roja.
  •    Así es. – afirmé.
  •    Dios, alegra esa cara, debes ser la envidia de muchas chicas, te has tirado a Jones.

Me dio un ataque de risa, no podía ser posible que su contestación fuera algo así.
  • -        Gracias, nunca lo había mirado desde ese punto de vista.
  • -        Ves, siempre te quedará que te lo has tirado. – y me dedico una sonrisa sincera.
  • -        Gracias. – le devolví la sonrisa.
  • -        ¿Por qué? – dijo extrañada.
  • -        Por hacerme reír, no es un momento fácil para mí.
  • -        Ya, que sea famoso no debe ayudar a superarlo. – dijo comprensivamente.
  • -        No, ese no es el principal problema, es que trabajo para ellos. Mañana salimos de viaje 2 semanas.
  • -        Eso sí que es una putada.
  • -        No, la putada es que tiene novia nueva y se la lleva con él.

Y empezó a reír.
  • -        No le encuentro la gracia. – dije mosqueada.
  • -        A mí sí me lo parece. Te lías con un famoso, te enamoras, rompéis, trabajáis juntos y se lleva a la novia a los viajes de trabajo. Últimamente el karma está en contra tuya. Ten cuidado, la última que vivió algo así fue Demi Lovato y mira como terminó.
  • -        Contigo da gusto. ¿Has pensado en ayudar a la gente con depresión? – dije irónicamente.
  • -        No era mi intención. Lo siento pero me tengo que ir, ya sabes. – dijo con pena en sus ojos.
  • -        No te preocupes, mucha suerte, aunque no la necesitas. ¿Has firmado ya en la pared? – la dije mientras se levantaba.
  • -        Todavía no, antes necesito cantar. – y salió de la habitación.

Volví a mirar la pared, no había cambiado mucho desde esa noche que volvieron los cuatro al bar, aunque en ese año las cosas sí lo hubieran hecho fuera de esas cuatro paredes.

Perdí la noción del tiempo cuando alguien entró corriendo en la habitación, corriendo y gritando.

  •    No lo hagas por favor - gritó Dougie.
  •    ¿Qué se supone que no tengo que hacer? - dije sorprendida de su entrada, de su visita.
  •    ¿No ibas a pintar la pared? - dijo intentando controlar la respiración.
  •    ¿Cómo te has enterado tú de eso? - no tenía sentido.

¿Le habría llamado Joe preocupado por su pared? Pero si no había pintura. No entendía nada.
  •    Pues a ver, estábamos en casa de Tom cenando algo, cuando Emma ha llamado a Danny diciendo... Bueno, que estabas aquí e ibas a pintar encima de esta pared. No lo podía permitir -. Y se sentó a mi lado.
  •    Esa chica es gilipollas, no iba en serio, es que no esperaba verla aquí, y menos cuando la voy a ver durante dos puñeteras semanas.
  •    ¿Quieres que la haga desaparecer? - dijo bajando el tono.
  •    ¿Puedes hacerlo? – reí.
  •    Tú déjame que hable con Laura y verás - y sonrió.
  •    Da igual, no os quiero perder por una putilla, pero vamos, estate tranquilo que tu pared está a salvo. Ya puedes llevarle el informe a Danny.
  •    ¿Qué informe? Si ha sido idea mía - intentó disimular.
  •    No te lo crees ni tú. Te ha mandado venir, pero da igual, ya que estás aquí vamos a escuchar buena música y a tomar algo -. Dije mientras le levantaba del suelo y le tiraba hacia el bar.

Esa noche Dougie me salvó la vida, no sé qué hubiera hecho sin él allí.

Al pasar al lado de la mesa de Emma y amigas, dijo algo que me hizo parar y tener que retroceder.

  •    Vaya, como con Danny no funcionó ahora vas a por Dougie, interesante - dijo mientras pasaba.
  •    Hombre Emma, buena apreciación. ¿Sabes cómo se llama eso en mi país? Ser lista. Yo me he quedado con el guapo, rubio, con ojos azules y cabecilla secreta del grupo. ¿Qué te queda a ti, maja? - y seguí caminando hacia la barra.
  •    ¿Cabecilla secreta del grupo? Me gustaría que me explicaras eso - rió Dougie.
  •    Si lo hiciera tendría que matarte, te subiría el ego en exceso.
  •    Te recuerdo que no soy Danny, no me gusta ser el centro de atención.
  •    Por eso eres la cabeza secreta. - sonreí y brindamos.

Hablamos durante un rato tranquilamente aunque veía preocupación en sus ojos, tenía demasiado miedo a que me rompiera tal y como hizo él meses atrás. Era verdad que dolía, que el trabajo a su lado no ayudaba, pero no iba a dejar que me sucediera algo así, el trabajo con ellos no duraría más de un mes y luego, al distanciarnos, esperaba poder seguir adelante.

Kate empezó con la actuación poco después, se le notaba nerviosa, le temblaba la voz, pero fue tomando confianza a lo largo de la primera canción. Era maravillosa, su voz me transmitía muchísimo. Después de tocar un par de canciones originales comenzó a tocar covers de sus artistas famosos. Yo hablaba con Dougie, y hasta que no empezó a tocar no supe qué canción era.

 Me quedé paralizada, agarré el brazo de Dougie para que parara de hablar.
  •    ¿Qué pasa? - preguntó asustado.
  •    Escucha - dije casi sin poder hablar.

Not Alone tocó, vivió más bien. No podía creer que después de tantos meses volviera a escucharla, los ojos se me inundaron de lágrimas recordando cada acorde de la canción, cada palabra. Esa noche que nos conocimos, la primera vez que realmente le vi cantando en ese mismo escenario. Y quise salir corriendo, huir muy lejos para nunca volver, irme de esa ciudad maldita que me hacía recordarle pasara lo que pasara.

Dougie me observó y me pasó el brazo por encima de los hombros, acercándome a su pecho, acariciando suavemente mi brazo para que me tranquilizara.

  •    Es muy buena - dijo - la canta con más sentimiento que el mismo compositor - continuó omitiendo su nombre. - Escucha lo que ella quiere decir, lo que significa para ella, olvídate de lo demás, no merece la pena recordarlo - continuó hablando, aunque no podía parar de llorar.

Era muy duro recordarla de esa forma, si ya lloré con ella cuando su recuerdo era feliz, ahora iba a inundar el bar.
  •    Mira lo que le conoce que está escuchando la canción más dura y personal que podía escribir y está bebiendo y riendo mientras tanto. - me habló enfadado refiriéndose a Emma.
  •    No me vale, yo le conozco, conozco la canción y estoy aquí llorando y con el corazón roto. Ella le tiene y encima disfruta de la vida. - dije intentando controlar mi respiración.
  •    Rach, Danny solo quiere a las chicas como Emma para un rato, antes o después, se cansará, cuando se dé cuenta de todo.
  •    Emma no es la razón de que nosotros no estemos juntos, ¿tú sabes lo que pasó esa noche? Cuando vino a verme a Koko. – indague.
  •    No sé nada, sólo nos dijo que se había terminado y que no quería hablar del tema. Se ha encerrado en sí mismo, pero le conozco y no le va a durar mucho. No va a aguantar mucho más así - no me gustaba que me le vendiera.
  •    Tenéis que dejar de vendérmelo, por favor - pedí - no puedo seguir escuchando la maravillosa pareja que hacíamos, ni lo mal que os cae Emma. Ni que Danny es tonto y no sabe lo que hace, es malo para mí. Hace que me cree falsas esperanzas.
  •    Yo no creo que sean falsas - interrumpió.
  •    Vamos a ver, hace 4 meses yo salía con un chico, estábamos enamorados o eso pensaba. Una tarde, después de una fiesta de la que sólo tengo ciertos recuerdos, descubro que mi novio me oculta un trabajo en NY, después de una discusión del todo surrealista se rompe la relación.
  •    Pues imagínate los demás que no saben siquiera el trabajo del que hablas ni por qué discutisteis - le estaba dejando helado - Sólo puedo decir que Danny no es el mismo desde ese día. Está enfadado todo el día, se emociona demasiado, el verano ha sido del todo horrible, nunca le había visto así, y mira que le he visto jodido por amor, vamos, una ex suya le puso los tochos dos veces con uno de sus mejores amigos de toda la vida -. Y tomó un trago.
  •    La chica de Radio:ACTIVE - afirmé.
  •    La misma. Pues no está como en esa época, es otra cosa, ahora es como si no le gustara nada él mismo, está desmotivado - parecía preocupado.
  •    No sé qué decirte, no quiero que te preocupes por él y tampoco quiero verle mal, pero no puedo preocuparme por él o no voy a desenamorarme nunca, esto es una mierda -. y bebí yo.

Así terminamos la noche, bebiendo cerveza, escuchando buena música y yo asustada de lo que podía pasar en las próximas dos semanas. Tenía un nudo en el estómago y eso no era buena señal.
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martes, 25 de octubre de 2011

Capítulo 5


Años después. POV Raquel

Todavía no os he contado la verdadera razón de contaros esta historia, aunque no creo que deba hacerlo por el momento. Creo que lo importante no es el porqué, lo importante es todo lo que pasó en medio, lo que pasó hasta llegar a ese porqué.

Hasta el momento nunca os he contado nada de ellos tres, nada profundo sobre Tom, Dougie o Harry, fueron una parte fundamental en mi vida, pero lo fueron mucho más en la vida de Danny. Cuatro piezas de un puzzle que encajaban a la perfección, un perfecto equipo. Estaba claro que Danny tenía una relación muy distinta con cada uno de ellos, pero si había una que me sorprendió siempre fue la suya con Tom. Vale que cuando le conocí me pareció un memo, y que mi favorito siempre fue Dougie, puede que por lo que vivimos esos dos primeros años. Y claro que no me olvido de Harry, pero vayamos por partes.

Tom Fletcher, loco, apasionado, genio de la música. No destacaba en algo, en cambio, podía hacer todo lo que se propusiera. Bueno, en lo que sí destacaba era en escribir canciones, para eso era un genio.

Tardó mucho en sentar la cabeza, la razón, Susan, una chica sencilla que escribía cuentos infantiles y daba clases de dibujo en la facultad.

Danny y Tom fueron los primeros en tener hijos, y eso hizo una unión mayor, si algo así era posible. Dylan se llamaba, Dylan Fletcher, era igual que Tom. Se llevaba dos años con Chris.

Una vez al año, y sólo una vez, me juntaba con los chicos para montar un festival benéfico. Sólo aguantábamos juntarnos una vez al año, músicos con demasiadas manías y si encima estás casada con uno de ellos, no ayuda.

Ese año coincidió el festival con mi octavo mes de embarazo, cosa que complicaba más las cosas, ya que Danny estaba especialmente pesado.

La mayoría de cosas las hacía desde casa, lo que me daba margen para recoger a Chris del colegio. Bueno, de las típicas actividades de verano que hacen en los colegios. Esa semana también me ocupaba de recoger a Dylan, así que fui a recogerles, mientras solucionaba algún que otro problema que surgía.

  •    ¿Dígame? - contesté desde el manos libres del coche.
  •    Hola rubia - dijo Danny al otro lado.
  •    ¿Llamada personal o de trabajo? - miedo me daba esas semanas.
  •    De trabajo fundamentalmente, pero te echo de menos igual - dijo bajando el tono.
  •    Aunque me hagas la pelota no me vas a ablandar, me dan miedo tus llamadas de trabajo. Dispara.
  •    No me gusta nada como suena el equipo de sonido. Quiero otro. - dijo serio.
  •    ¿De verdad me estás llamando para esto? Primero, ¿no hay un técnico que se ocupa de eso? Y segundo, ¿no hay otro miembro de tu grupo que pueda llamarme? - odiaba hacer negocios con Danny.
  •    Eres odiosa, el técnico no me hace caso. Me ha dicho que no puede hacer cambios de material sin tu consentimiento - dijo molesto.
  •    Claro que no, es que no hay dinero y te conozco, siempre te quejas de lo mismo Danny, nunca va a sonar como tu equipo de conciertos, asúmelo.
  •    Alquila otro.
  •    No quiero, suena bien, ¿se ha quejado más gente?

Se quedó en silencio unos segundos.
  •    No me mientas. - Dije amenazante.
  •    No me hables como a tu hijo, por favor.
  •  Es que se parece demasiado a su padre.

Y entraron en el coche como si fuera el fin del mundo.
  •    Hola niños, saludad al señor Jones - dije sonriendo.
  •    Hola señor Jones - dijeron medio gritando.
  •    Me encanta cuando te llaman así, son tan preciosos. – dije divertida.
  •    Hola enanos, necesito un segundo de silencio para hablar con mamá, ¿vale? - dijo serio al otro lado.

Chris se puso la mano en la boca e hizo callar a Dylan.
  •    Lo siento Danny, pero no hay dinero, y sabes que suena bien. Además, tienes millones de guitarras, cambia de guitarra si no te gusta.
  •    ¿Y si alquilo yo el equipo? - pidió.
  •    Au - di un pequeño gritito del dolor.
  •    Raquel, ¿estás bien? - dijo preocupado al otro lado del teléfono.
  •    Sí, creo que sí, ya sabes, el estrés - dije haciéndome la víctima.
  •    ¿Seguro? - dijo preocupado.
  •    Que sí, estoy bien.
  •    Vale, hablamos en un rato. Niños cuidadla, ¿vale?
  •    Sí. – gritaron al unísono.

Lo que había que hacer para que dejara de comportarse como un niño. Algo positivo tenía que tener estar gorda como una vaca.

Me bajé a colocar los cinturones a los niños, cuando llegué a Chris me agarró y me susurró al oído:

  •    Mamita, ¿te ha hecho pupa Kate? - dijo con tono de preocupación.
  •    No cariño, Kate y mamá están bien - dije dándole un beso en la frente.
  •    Vale, princesa - y me dio un beso en la mejilla.

Me hizo sonreír, era igual que su padre, le tenía bien enseñado.

Llegamos a casa y les di de merendar. El teléfono sonó mucho menos de lo esperado, ya que quedaban dos días. No era buena señal.
  •    Mama, ¿puedo coger a JJ para enseñarle una cosa al primo Dylan? - preguntó Chris, acelerado por la carrera desde el salón.
  •    Pues no me gusta mucho la idea, ¿no puedes usar la guitarra que tiene papá en el salón? - JJ era demasiado especial para que la usara un niño de 5 años sin supervisión. Aunque fuera hijo de Jones.
  •    ¡Jo! Papi me deja tocarla - dijo mosqueado.
  •    Ya, es que papi es muy listo. Además, hijo, las guitarras de papá y mamá son muy grandes para ti.
  •    Aaahh - Empezó a lloriquear - déjamela, mami.
  •    Christopher Jones, he dicho que no. Si quieres una guitarra coge la que tiene papá al lado de la televisión, sino, coges la tuya, que bien bonita que es -. Dije muy seria.

Se cruzó de brazos y salió de la cocina de morros. Mientras salía se escuchó cómo se cerraba la puerta. Supuse que era Danny, aunque en esa casa todo era posible.
  •    ¡Daddy! - gritó Chris.

Me acerqué al umbral para verles.
  •    Daddy, ¿puedo coger a JJ para enseñarle al primo Dylan no que me enseñaste? - dijo poniéndole ojitos.
  •    Pero si tú tienes una guitarra preciosa y de tu talla... JJ es la guitarra de mamá - intentó convencerle.
  •    Pero la suya es más bonita, tú lo dijiste - le reprochó.
  •    Mira, cada Jones con su tema, el padre con los equipos de sonido y el hijo con la guitarra sagrada de su madre - dije con cara de pocos amigos.

Danny me miró y sonrió.
  •    Chris, te he dicho que o coges la guitarra del salón de papá o nada -. Volví a repetirle.

Chris me miró, y luego miró a su padre, esperando que le respondiera algo distinto.
  •    Ya sabes, hijo -. dijo levantándose.

Chris le miró con cara de pocos amigos y salió corriendo de nuevo con Dylan. Danny se acercó a mí lentamente, como si pudiera romperme. Depositó un dulce beso en mis labios y pasó su mano lentamente por mi barriga. Sin entender muy bien cómo y porque, siempre que hacia eso, Kate comenzaba a moverse, como si se alegrara de verle, como si supiera quien era.

Nunca vi nada parecido en sus ojos, no creo que nunca quisiera a nadie tanto como quiso a Kate. Hacían un gran equipo. Tan bueno que una de las canciones que compuso cuando nació les hizo ganar un Grammy.

  •    ¿Qué haces en casa? ¿No tienes que volver? – dije extrañada.
  •    No, tengo la tarde libre, nos vamos a la playa.
  •    ¿A la playa? Bueno, así me puedo acercar a ver qué tal va todo - dije algo aliviada.
  •    No, he dicho que vamos a la playa - dijo sin parar de tocarme la barriga.
  •    Qué dices de playa, Danny, quedan dos días, y tengo mucho que hacer, además  no he recibido llamadas en toda la tarde, eso no es buena señal - de verdad, era muy raro.
  •    Ni las vas a recibir, he dado orden de que no llamen en toda la tarde - dijo sonriéndome de forma inocente.
  •    Dios mío, una vez al año Raquel, sólo una vez. Que sepas que no vas a pillar más en navidades, vamos, no vuelvo a preparar esto embarazada, eres un poco coñazo Daniel. Que estoy bien y necesito trabajar. Sólo estaba fingiendo para que te olvidases del equipo de sonido - mientras lo decía sabía que debería haberme callado.

Me miró con cara de pocos amigos.
  •    No hagas eso, joder, y menos cuando vas conduciendo. Joder Raquel - estaba enfadado.
  •    Vale, perdona, no era mi intención preocuparte, pero de verdad, estoy bien. Perdóname. - dije poniéndole ojitos.
  •    ¿Sabes? Nunca te habían brillado los ojos de esa forma, estás preciosa - y me besó.
  •    Es su culpa - dije señalando mi barriga - Tú tampoco me habías mirado nunca de esta forma. Esta niña va a ser tu perdición, Daniel.
  •    No creo que te mire distinto, te quiero lo mismo que hace nueve meses - dijo sin retirar la mirada.
  •    Cuando nazca comprenderás lo que te digo - no era algo que pudiera explicar.
  •    ¿Es lo que tú sientes por Chris? - preguntó curioso.
  •    No tiene nada que ver, yo quiero a Chris por encima de todas las cosas, igual que tú o igual que a esta niña, pero algo raro pasa aquí dentro cuando me tocas...
  •    Eso es que te pongo, pequeña - dijo interrumpiendo.
  •    Danny, que te estaba diciendo algo serio - dije divertida.
  •    Lo siento - dijo poniendo cara de ángel.
  •    Pues eso, hay una conexión, algo especial - dije emocionada.
  •    Va a ser igual que tú, estoy seguro. Va a ser apasionada, preciosa...
  •    Hombre, me toca. Tienes un hijo que es una copia tuya - cosa que adoraba.
  •    Yo no soy quien compra ropa a juego y le sube al escenario para que me imite - dijo riendo.
  •    Es que estabais tan adorables, mis dos chicos cantando juntos. Además, eso lo recordarás siempre, y cuando él tengo un grupo y te invite a cantar con él, llorarás como una nena. Ya sabes, eres un blando.
  •    ¿Has asumido ya que va a ser músico? - dijo complacido mientras me acercaba a él.
  •    Nunca perderé la esperanza de que no sea así, pero tendrías que verle tocar, casi lo hace mejor que yo, y tiene 5 años.
  •    Eso es fácil, eres muy mala - y me dio un beso.
  •    Eres imbécil, no me digas cosas feas y luego me beses.

Y llegó Chris, con un guitarra a rastras, era más grande que él.

Al principio pensé que era la mía, le iba a matar, pero luego me di cuenta de que estaba mucho más vieja y no estaba grabada.
  •    Dios mío, tu hijo es un genio. Tiene cinco años y es capaz de bajar al estudio, subirse a una silla y coger tu guitarra colgada de la pared. Oh creo que alguien se la va a cargar - le dije a Chris.
  •    Mami, que sólo se la traía, estaba en el suelo - dijo con cara de pena y mirando a su padre para que le ayudara.
  •    Sí, la he traído esta tarde - dijo mientras se la cogía - gracias colega, pero estaba en una funda.
  •    ¿Te la traigo? - preguntó.
  •    No, no la traigas. Chris vete a decirle a tu primo que venga, que nos vamos a la playa. Súbete a poner el bañador.

Chris me miró esperando confirmación.
  •    Vale, iremos - añadí - pero dos cosas antes: primero, ¿por qué está esta guitarra aquí? y segundo, ¿quién está haciendo mi trabajo?
  •    Ya me extrañaba a mí que hubieras olvidado eso. La guitarra está aquí porque estoy trabajando en algo y me la llevé al estudio el otro día - le adoraba cuando tocaba esa guitarra - y Dougie está al cargo esta tarde.
  •    ¿Cómo le dejas ocuparse a Dougie? Si tiene a los padres de Mery aquí - dije sorprendida.
  •    Me iba a ocupar yo, pero me lo ha pedido como favor especial.
  •    Es que le odia, bueno, os odia un poco. Que su hija se casara con un músico tatuado hasta los dientes no le gusta nada, y la culpa toda es vuestra - siempre fue algo extremista.
  •    Ya, las cenas familiares son muy divertidas.

Eran un caso esos dos de cena con la familia de Mery, y cuando nacieron sus hijos era todavía mejor, eso sí, esas noches se les olvidaba educarles. Al igual que no tragaba a Dougie, adoraba a su nieto, y ya se ocupaban ellos de meterles ideas locas a sus hijos en la cabeza para que volvieran loca a su abuela. Chris no era nieto suyo, pero sus nietos eran sus primos, ya fueran de sangre directa o no.

Aunque lo mejor fue la época en la que los cuatro tenían sólo un hijo, bueno, hija en el caso de Harry. Era adorable verles a los cuatro con sus retoños haciendo planes.

Tom no tardó en llegar. Me acerqué a abrir la puerta, mientras Danny cambiaba a Chris.

  •    No sé cómo te dejas liar por Danny después de tantos años - dije dándole un beso de bienvenida.
  •    Todo sea por que estés bien. ¿Te he dicho ya que estás radiante? - dijo dejando las cosas en el suelo.
  •    Me lo dices todos los días que me ves - sonreí.
  •    Lo que todavía no entiendo es tu obsesión por llamarla Kate, siempre me recuerda a nuestra canción, y sabes cómo era esa Kate. No quiero que mi ahijada sea así.
  •    Tom, deja de decir barbaridades de mi hijita - gritó Danny desde la escalera.
  •    Sobre el nombre, me parece precioso, tiene historia personal de Danny y mía y hasta vuestra reina se llama Kate. Y sobre tu ahijada... ¿estás muy seguro de que serás tú? - reí.
  •    Pues hombre, me toca. Veamos, hagamos resumen. Danny es el padrino de Dylan, Chris lleva el segundo nombre de Dougie y es su padrino, Harry es el padrino de Liam, y Dougie vuelve a ser el padrino de la pequeña y preciosa Judd.
  •    Brooke es la niña más bonita del mundo - interrumpí.
  •    ¿Verdad? Pero no me cambies de tema. Me toca -. Dijo molesto.
  •    Pero ¿y mi hermano? - Tom tenía razón, pero no quería hacer daño a Manuel.
  •     Tu hermano vive en EEUU, además, vas a tener al menos otro hijo más, el siguiente le toca a él.
  •    Te prometo que lo pensaré.
  •    ¿Por qué le haces sufrir al pobre si me dijiste ayer que querías que fuera él? - volvió a gritar Danny.
  •    ¿De verdad? - se le iluminaron los ojos.
  •    Tu amigo es un bocazas. Pero vamos, que creo que esta niña no podría tener mejor padrino que tú. Aunque sé que como tío vale, me gustaría.
  •    Nos - interrumpió Danny.
  •    Nos gustaría - corregí - que fueras tú.
  •    ¿Y también le pondrás un segundo nombre en mi honor? - dijo ilusionado.
  •    Eso sí que no, no pienso llamar a mi hija nada freaky, incluso no sé si tendrá segundo nombre.
  •    A mí eso no me convence, aquí tenemos más de un nombre - dijo Danny bajando las escaleras.
  •    Llámala Kate Rachel - opinó Tom.
  •    No la voy a llamar como yo - protesté.
  •    Tú no te llamas así - discutió Danny.
  •    Me estás tocando la moral, déjame en paz - era un pesado.

Y Kate me dio una patada.
  •    Ay - gemí.
  •    ¿Estás bien o vuelves a fingir? - dijo acercándose.
  •    No, es que a tu hija no le gusta que me enfade contigo. Es muy protectora, no me va a gustar esto - y Danny me besó lentamente la cabeza y acarició mi barriga.
  •    A mí me encanta - afirmó.
  •    Calla. ¿Sabes lo que pensé? Que le podríamos llamar Charlie. Katherine Charlie Jones.

Le dejé sin palabras. No se lo esperaba.
  •    ¿De verdad? ¿Cómo mi madre?
  •    Se lo merece - su madre era una luchadora.
  •    Hola, Katie Charlie Jones -. Y besó la barriga.