lunes, 6 de agosto de 2012

Capítulo 20


POV Danny

Todavía estaba sorprendido por como había terminado la noche. Sentaba tan bien volver a besarla después de tanto tiempo y tanta mierda. Pero no parecía real que hubiera pasado esta noche.

Necesitaba hablar con alguien. Con ellos.
  •    ¿Qué pasa tío? ¿Qué tal por US? – contestó Tom muy animado.
  •    No me puedo quejar, pero es raro estar por aquí sin vosotros. Creo que nunca he estado aquí sin vosotros. – reflexioné.
  •    Bueno, ya era hora de que te hicieras mayor. ¿Cómo va tu plan? ¿Funciona?
  •    ¿Qué nos besáramos anoche es que voy por buen camino? – mejor soltarlo sin darle demasiadas vueltas.
  •    DOUGIE, DOUGIE QUE SE HAN BESADO. – gritó Tom al otro lado del teléfono.
  •    Tom, solo ha sido un beso. Un triste y simple beso. – le quité importancia.
  •    Tío, ¿os habéis besado? Es genial. Ya verás cuando se lo cuente a Mery. – parece que Dougie se había unido a la conversación.
  •    ¿Hemos vuelto a tener 15 años? – intenté conservar el sentido común y no formar parte de su histeria.
  •    Oye ¿por qué no estás emocionado Danny? – preguntó Tom.
  •    Porque no creo que ella vaya a cambiar mucho de opinión por un simple beso. – me sinceré.
  •    A ver, ni por un beso ni por una canción, está claro. Pero vas por el buen camino. – intentó animarme Doug.
  •    Además en nada nos tienes allí para darte ánimos. – agregó Tom.


Se me había olvidado por completo que venían y en el punto en el que estábamos no podría desearlo más. Porque iba a pararme a pensar en si estaba haciendo lo correcto o todo era una pérdida de tiempo. Teniendo en cuenta que yo era quien sostenía todo no podía permitirme algo así.
  •    ¿Cuándo la vuelves a ver? – pregunto Dougie.
  •    En un par de días. Toca The Fray en Nueva York, así que voy a llevarla. – estaba orgulloso de mi mismo.
  •    Bien, la encanta The Fray. Cosa que no entiendo, esa es buena música. – rió Tom.
  •    Mejor que no sepa que piensas eso de sus gustos musicales, luego te gritará y dirá que tu música también le gusta. – reí.
  •    Ya, pero eso no vale, se acostaba contigo, le gustaría fuera buena o mala. – justificó Tom su historia.

Menos mal que en menos de una semana volvería a verles. Era difícil pasar de convivir 24 horas al día a estar a miles de kilómetros de distancia. Pero tenia que buscarle el lado positivo a todo esto y sacar fuerzas para lograr mis objetivos, sino iba a arrepentirme toda la vida de no haber sabido mantenerla a mi lado.

Odiaba conducir por Nueva York. Daba igual que época del año, día de la semana u hora fuera, siempre había tráfico en sus calles. Incluso daba igual cual fuera el barrio, daba igual Times Square o el puente de Brooklin, siempre tardabas más de lo deseado.

Como era de esperar en mi, iba con el tiempo justo a buscar a Raquel a su piso en Brooklin. Solo esperaba que el tráfico no me jugara una mala pasada. Cada vez estaba más nervioso.

Llegué y dejé el coche en doble fila sin preocuparme por él. Bajé a toda prisa y comencé a gritar.
  •    Raquel, corre, baja, tenemos que irnos. – grité debajo de su ventana.
  • Salió poco después con una pinza en el pelo y a medio maquillar.
  •    Estás loco. ¿Qué quieres Danny? – parecía divertida de la escena.
  •    Corre baja, que llegamos tarde. – contesté sin cambiar mi discurso.
  •    ¿Pero a donde llegamos tarde? No puedo ir contigo, he quedado con Kate. Vamos está a punto de llegar. – parecía aturdida.
  •    Kate no va a venir, era un señuelo. – de mi plan maléfico pensé.
  •    No sé de qué me sorprendo. ¿A dónde vamos?
  •    A un concierto, así que ponte ropa de concierto y baja. Venga que no tenemos toda la tarde. – no podía parar de moverme, estaba atacado.

No dijo nada más y desapareció en su apartamento. El tiempo pasaba lentamente en ese momento. La espera se me hizo eterna, no podía parar de andar arriba y abajo en la acera.

Cuando la vi aparecer por la puerta mi corazón se paró como llevaba pasando desde que había viajado a US para recuperarla. Era como si mi cuerpo acabara de conocerla, volvía a sentir ese vértigo de la primera mirada, del primer beso.
Esperaba ansioso que llegara el momento en el que ella sintiera algo así de nuevo. Aunque supongo que me merecía su reticencia a sentirse así de nuevo, debía haberla detenido esa noche cuando vino a despedirse. Pero no tuve el valor para hacerlo, antes sentía que tenía que solucionar muchas cosas. Cosas que si seguían abiertas harían que tuviéramos otra vez un futuro incierto. No estaba dispuesto a ello, la quería para siempre.

Me acerqué esperando recibir un beso de bienvenida aunque lo único que beso sus labios fue mi mejilla. No sé de que me sorprendía, la conocía mejor de lo que hasta ella creía. No iba a ser tan fácil.
  •    ¿Esta es tu forma de saludarme? ¿Lo de Boston no significa nada? – soné más molesto de lo que me hubiera gustado.
  •    Si significa algo, que vas por buen camino. – sonrió de forma picara.
  •    Pero no va a volver a pasar ¿verdad? – dije con tristeza.
  •    Danny no seas derrotista. Pasará si te lo ganas y si siento que deba hacerlo. – tenia miedo en ese momento.
  •    ¿Has entrado en el juego? – dije sabiendo la respuesta.
  •    Ya era hora ¿no crees? Bueno ¿A dónde vamos? – una parte de mi agradecía que al fin entrara en el juego, pero las cosas toman otra dimensión cuando lo hace.
  •    Te lo he dicho, un concierto. – la agarre de la muñeca y la llevé hasta el coche.

Tenía ganas de ver su cara al descubrir donde la llevaba. Era uno de sus grupos favoritos. Siempre era un caso en los conciertos, me sorprendía la capacidad musical que tenia. La forma de vivirla y hacerla parte de su vida. Era raro, porque no tenia don musical y eso la hacía especial.

Estaba nerviosa, no sabía muy bien a que se enfrentaba y eso hacía que me sintiera realizado. Tanto trabajo merecía la pena. Era raro para mi, nunca me había tomado tanto tiempo en nadie, nunca me había tomado tanta molestia en conservar una relación. Por eso sabía que tenía que ser ella, que era ella.

Si hubiera quedado alguna duda en mí, en ese momento se hubiera borrado. Su cara lo decía todo. Por eso merecía la pena luchar.

  •    The Fray. Me traes – no podía respirar. – al concierto de The Fray. – y otra vez sin saberlo solo con ver esa mirada, mi mundo cobraba sentido.

Salió del coche, comenzó a saltar. Gritaba cosas en español. Salto sobre mí sin apenas esperarlo y casi caemos al suelo. Pude mantener el equilibrio pero comencé a reír.
  •    ¿Ahora si merezco un beso? – dije entre risas.

Me miró con desafío, iba a seguir poniéndomelo difícil. Aunque después de lo que paso en Boston puede que el juego que empezaba en ese momento me gustara. Hacía que aumentara las ganas de hacerla mía y eso unido a mis meses de sequia podría ser demasiado.

  •    No estropees los momentos preguntándome por un beso. Ya te he dicho que cuando me apetezca darte un beso te lo daré, preguntes o no. – se creía la dueña de la situación.
  •    ¿Y si me apetece besarte? – intenté descubrir si podría besarla sin que quedará frustrado el beso.
  •    Vaya ¿tienes ganas de besarme? – preguntó confundida.
  •    Día y noche. – la sostuve cerca mía e intenté acercarme sin parecer desesperado.
  •    Vaya ¿también de noche? Deben de ser muy duras las noches para ti. – parecía divertida.

Sabía que me estaba vacilando pero no podía parar de sonreír. Cuando todo comenzó nuestras conversaciones eran así. Rápidas, algo ofensivas, graciosas, volver a sentir eso me hacia feliz, aunque ella se burlara de mi. Estuve un buen rato inmerso en mis pensamientos y Raquel se aburrió de esperar.
  •    Bua, si no me das juego no mola. – y se fue andando hacia la puerta.
  •    Espera. – la agarré del brazo y la volví a acercar a mi.

Actué sin pensar. La besé. Junté nuestros labios durante unos segundos mientras colocaba mi mano sobre su cadera. Note una sonrisa en sus labios, no se esperaba que la besara de ese modo. Cuando el beso paró un cumulo de emociones imposibles de entender a la vez se juntaron en su cara.
  •    AHHH te odio. – dijo y volvió a caminar hacia la puerta.

Me quedé paralizado sin saber muy bien cómo actuar. Cuando Raquel se dio cuenta de que no la seguía se giró y me miró algo enfadada.
  •    ¿Qué haces? Vamos. – era tan dramática cuando quería.
  •    No se, como me odias.
  •    Vaya… acabo de herir los sentimientos de Jones. No lo pongas en twitter por favor o mis haters aumentaran. – y volvió a comportarse como antes del beso.
  •    Eres idiota. – dije casi gritando.
  •    Ah pues no me robes los besos. – dijo cruzando sus brazos.
  •    Demándame. – y me acerqué hasta ella.
  •    Ahora el idiota eres tú. – era agotadora.
  •    Por eso nos queremos, tal para cual. – y entrelacé nuestras manos.

Me miró con cara de odio y me hizo soltar una carcajada. Dio la conversación por perdida y tiró de mi hacia la puerta. Parecía nerviosa, no sabía si por el beso robado, la conversación o el concierto.

Entramos a la pista poco después, giró sobre si misma sin creerse de verdad que estuviéramos allí abajo.
  •    Pareces sorprendida.
  •    Si, un poco. Pensaba que íbamos a estar en una grada. – parecía algo decepcionada.
  •    ¿Querías estar en la grada? – ahora si que me había perdido completamente.
  •    No, claro que no, pero me has sorprendido. Nada más es eso. – no me convencía nada.
  •    ¿Seguro? Dilo.
  •    No es nada, solo que había pensado que les conocería. Al grupo. – apuntó.
  •    Tu cerebro piensa demasiado. Además no te gusta que use mis contactos.
  •    Bueno, eso no es del todo así. Soy una persona complicada ¿vale? No sigo un razonamiento normal. No se de que te sorprendes. – y ahora se había enfadado.
  •    ¿Pero qué te pasa? ¿Por qué te enfadas? – dije divertido por esta absurda situación.
  •    Yo que sé. No me hagas caso. – estaba confusa.
  •    A ver me apetecía ver un concierto desde este ángulo, nada más eso. Si quieres luego intentamos verles.


Me dieron tanta envidia en Manchester en el concierto de ATL, lo pasaron tan bien. En cambio yo tuve que lidiar con Emma. Se que esto era distinto pero ella tenia ese espíritu. Intenté transmitirla tranquilidad con la mirada.
  •    Lo siento.
  •    No pasa nada, ya sé que estas loquita y que nunca te entenderemos del todo. A cambio de todo lo que me haces pasar tendrás que asumir que tendremos perros en el futuro, es más, me compré uno hace unos meses. – no sabía porque le había dicho eso.
  •    ¿Te has comprado un perro? – flipaba.
  •    Si, un Beagle.
  •    Danny, lo has fastidiado todo, esto nunca va a funcionar. – no me lo podía creer.
  •    No puede ser cierto. ¿De verdad me estás diciendo que por tener un perro no puede funcionar? – me empezaba a enfadar.
  • Me mantuvo la mirada unos segundos, sus comisuras se fueron tensando hasta terminar con una gran sonrisa y una sonora carcajada.
  •    PUNKD´. No idiota, no soy tan mala. ¿Cómo es? – como podía seguir cayendo.
  •    Es un Beagle.
  •    Danny, no se nada de perros, vamos no me gustan mucho los perros. ¿Cómo se llama? ¿Jack Sparrow? ¿Raquel? No, espero que no se llame Raquel. ¿Paul Anka? – todavía me preguntaba cómo podía hablar tan rápido.
  •    Bruce, se llama Bruce. – reí.
  •    Que típico.
  •    ¿Qué típico? Tú haces lo mismo maja.
  •    Ya, lo sé. Bueno es genial que le llames Bruce Springsteen. Así podremos llamar el perro Bruce Springsteen y el humano Bruce Springsteen. – y ella sola se rio imaginando quien sabe que.
  •    Tienes que dejar de ver series, es urgente. Por favor. – aunque mi tono fue mucho menos serio de lo esperado.
  •    Me adoras y punto. – sus ojos y su sonrisa brillaban.

Las cervezas fueron cayendo incluso antes de que el concierto empezara. Estaba emocionado y la cerveza hacia que ese sentimiento aumentara.

En todo el tiempo que estuvimos juntos, no habíamos conseguido ir a ningún concierto los dos solos. Me hacía ilusión poder regalarla y vivir algo así.

Era consciente que lo que estaba haciendo para recuperarla no la gustaba del todo, pero siendo egoísta, me hacía sentir muy orgulloso. Si por algún motivo esto no funcionaba, sino acabábamos juntos, sabía que nunca llegaría a olvidarla. Con esto me aseguraba que ella tampoco lo haría.

Si, era malévolo, pero se dice que en el amor y en la guerra todo vale.

Había pensado en cantar a The Fray como había hecho con todos los demás, pero aparte de que nuestras voces no eran nada parecidas, había que reconocer que susurrarle en el oído, mientras otro cantaba, tenía su encanto.

Había momentos que pensaba que me estaba amariconando y no estaba del todo desencaminado. Pero no se me había ocurrido nada más varonil para hacerlo. Así que el tiempo libre que tenia lo dedicaba a hacer cosas de hombres, afianzaba mi masculinidad perdida. Me volvía un cerdo en resumen.

Cuando comenzó el concierto pude ver sus ojos brillar con fuerza, expectantes por lo que pasaría a continuación. Tenía aquella mirada que veía cada vez que me subía al escenario y miraba al público. Como músico significaba todo. Pero que ella mirara así hacia que todo mi mundo cobrara sentido, poder hacerla feliz en vez de desdichada, era tan reconfortante.




Cuando comenzó a sonar Where the stories ends me quedé algo petrificado, comenzaba mi actuación. La agarré por detrás de la cintura y descansé mi barbilla sobre su hombro. Coloqué mi boca cerca de su oreja, esperaba que me escuchara sin problema.

Tell you what I'll do instead, lay my body down on the floor

To forget what I've done, silhouette til the good lord come
All we know is distance



  •    Ese fin de semana en Liverpool pasé tanto miedo. Sabia como te sentías en parte y que si te presionaba podía perderte. Pero no podía seguir actuando así. Nunca se me ha dado bien mentir, se me notan las cosas en la cara. Cuando eres famoso, todo funciona de otra manera, siempre hay alguien observando y de cierta forma juzgándote por las cosas que haces o no haces. Pero si además ocultas cosas, la presión es insoportable. – era complicado expresar como me sentí en esos momentos. Hacía tiempo de ello y ya en ese momento era un sentimiento complejo. – Llegó un momento que sentí que debía ser todo o nada. Tenía que estar seguro de que eras mía en todos los sentidos, que podías hacer frente a los malos momentos. Porque en mi mundo, los malos momentos se magnifican apenas sin ser consciente de ellos. – respiré profundamente.
  •    ¿Creías que no era “tuya” en todo momento? – dijo sin apartar la vista del concierto.
We're close and then we run

Kiss away the difference
I know you hate this one
But this is how the story ends
Or have we just begun


  •    Supongo que el secretismo me hacía sentirme vulnerable, sentía que te daba vergüenza salir conmigo. – volvía a tener 15 años.
  •    Es extraño que te sintieras así con mi actitud, no creía que algo así fuera posible. – creo que me puse rojo al sentirme así de vulnerable otra vez.
  •    Ya, hay una pequeña, muy pequeña, parte de mí que no se cree todo lo que ha vivido y conseguido. Solo soy un tío de un insignificante pueblo del norte de Inglaterra.
  •    Bueno, no tan insignificante, estáis en la Premiere League. – rió.
  •    ¿Nunca tendremos una conversación seria? Es complicado abrirse si haces tanto el idiota. – era un caso de mujer.
  •    Es que si no puedo inundar la sala. No creo que haya llorado tanto en mi vida como en las últimas semanas. Pero por favor, continua. Nonono, espera, esta canción me encanta. OHHH. – se giró levemente y se abrazó a mi costado.
  •    Menos mal que esta no la he elegido.
  •    Shhh calla. – y me abrazó más fuerte.
I found God

On the corner of First and Amistad
Where the west
Was all but won

Me sentía tan feliz en ese momento, nada importaba, nada malo podía pasar. Mi cerebro entro en un bucle de ensoñamiento que duró toda la canción.

Lost and insecure

You found me, you found me
Lyin' on the floor
Surrounded, surrounded


O incluso alguna más. Había perdido la noción del tiempo pero me tocaba actuar otra vez. Say When sonaba de fondo. Raquel dejo de respirar unos segundos al darse cuenta de la canción que era.



  •    Respira, no te vayas a ahogar.
  •    Say…when…. – fue lo único que puedo decir.
  •    Si, eso parece.
  •    Say when. – volvió a repetir.
  •    Siento romperte el momento, pero voy a seguir con la historia. – y asintió con la cabeza de forma instintiva.
What's your name

Cuz' I have to know it
You let me in and begin to show it
We're terrified 'cuz we're heading straight for it, might get it.



  •    La vuelta a casa desde Liverpool fue horrible. Esa noche que discutimos, dormí en tu rellano, escuchando tu música desde el otro lado de la puerta. Esperaba a que salieras y volviéramos juntos a Londres. – tuve que detener mi historia. 
Sus ojos llorosos se habían posado sobre los míos. Sorprendida por mis palabras, por descubrir algo que no esperaba.

  •    Pero al escucharte hablar con Mery pensé que sería mejor dejarte un poco de espacio, incluso dármelo a mi. Necesitaba darme cuenta de que nada tenía sentido si no te tenía cerca. Aunque eso significara salir en secreto contigo o darte tiempo a que te acostumbraras a ello. – un nudo se hizo en mi garganta.
Say when

And my own two hands will comfort you
Tonight, tonight
Say when
And my own two arms will carry you
Tonight, tonight


Ese dolor no era comparable al que sufrí ese verano siguiente. Porque esta vez supe que era una pelea sobre temas difíciles nada más. La primera gorda que tuvimos. En cuanto a esa tarde en Londres, sabía que nadie entendía nada sobre el tema, incluida Rach, pero es que no había sido capaz de hablar del tema con nadie. Pero tenía mis motivos, motivos que llegaría a explicar cuando fueran necesarios y no antes.

  •    Si, hay ciertos momentos en la vida en los que me gustaría ser normal. – parecía arrepentida de ser como era.
  •    Yo no quiero eso, ni lo quería en ese momento. Solo quería que me entendieras y que cediéramos un poco los dos. Pero supongo que nunca fue mi fuerte expresarme.
  •    Lloré mucho esos días, no podía perderte, pero estaba tan asustada. Tenía miedo de no estar a la altura, no quería decepcionarte. – y recordé ese momento en el restaurante.
You want to cry but there's nothing comin'

They're gonna push until you give in, say when

Now we're here and it turns to chaos
Hurricane coming all around us
Double crack throws you back from the window, you stay low


Cuando la vi allí con mis amigos, como si una luz se viera al final del túnel negro. No iba a permitir que se me escapara. Se veía tan débil y rota. No quería hacerla sufrir, en ese momento hubiera aceptado cualquier cosa, incluso coger las maletas y mudarnos al Polo Norte. También estaba asustado. Vulnerable.

  •    Gracias. Sé que no te lo estoy poniendo fácil y aun así sigues aquí.
  •    ¿Esto significa que esta noche tendré sexo al fin? – no iba a ser ella la única en romper los momentos melancólicos.
Negó con la cabeza y sonrió. Se giró hasta ponerse justo enfrente mía.

  •    Para eso, todavía te queda un poco. – se puso le puntillas y deposito un dulce beso en mis labios.

domingo, 29 de julio de 2012

Nota informativa

Hola a todos.

Espero que el verano vaya genial, aunque con este calor no se puede. Pero aun así son vacaciones. 

Siento tardar tanto últimamente en subir, pero entre que llega al final del fic y que trabajo desde muy temprano pues me cuesta terminarlo. Quedan pocos capítulos ya y he decidido subirlos todos mas o menos seguidos y eso significa que antes tengo que terminar de escribirlos para poder hacerlo. El martes ya termino de trabajar así que espero poder terminarlo en esta semana y algo.

Gracias por entender la tardanza y por todos los comentarios y twitts de apoyo, sois lo mejor, así da gusto escribir.

Nos leemos pronto con lo que espero que sea un buen final.

Have a nice week! 





jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo 19


La semana pasó sin grandes novedades. Era extraño que Danny no hubiera dado señales de vida después de esa noche. Eso no podía ser una buena señal, algo grande tenia que estar preparando.

A cada día que pasaba dormía peor y lo poco que dormía soñaba con él. Que me cantaba en la playa, en la luna o incluso en un iglú. Me estaba volviendo loca.
Cada momento que tenia libre me descubría recordando esas canciones, esos recuerdos que me hacían sonreír y llorar en la misma medida. Estaba confundida y empezaba a pensar si todo esto tenia sentido o si en lo más profundo de mi corazón sabía que tenia que darle otra oportunidad y dejar de lado el pasado. Pero mi parte racional me obligaba ha dejarle que terminara su historia. Tenia que llegar a entender que pasó con el trabajo de Nueva York. El porqué de todo aquello, el porqué de ese último año.

Un sobre blanco me llegó un jueves de julio camino a Boston. Mi nombre estaba escrito en la parte delantera. Lo abrí con cuidado de no estropearlo, aunque me temblaba tanto el pulso que no pude remediarlo y terminé arrancando medio sobre.

Saqué una cartulina de color dorado de su interior. No era normal que temblara tantísimo. Mientras la sacaba sentí unos cuantos pares de ojos observándome. Se me había olvidado por completo que compartíamos autobús con All Time Low. Nada bueno podía pasar con ellos cuatro y Kate.

Levanté la mirada y les vi observándome intentando contener la risa.
  •    Parecéis niños de colegio. – no me gustaba que me observaran.
  •    Y tu una drogadicta con un mono enorme. – dijo Alex.
  •    Bueno cuéntanos, ¿A dónde te va a llevar esta vez el idiota ese? – continuó Rian.

Una carcajada estalló al fondo del autobús.
  •    ¿Te lo has tirado ya o le tienes a pan y agua? – gritó Jack.
  •    Que raro Jack, ya tardabas. No, no me lo he tirado. – dije molesta.
  •    Dejadla en paz, al menos hasta que nos diga a donde va a llevarla. Eso parece una invitación importante. – interrumpió Kate.
  •    Sois los cinco iguales. – y volví a centrarme en la invitación.

Kate tenía razón, era una invitación a una gala benéfica que hacían ese mismo viernes en Boston. Recogían dinero para la leucemia infantil. Hijo de puta pensé. Me había dado donde más dolía.

Rebusqué en mi bolso mientras les escuchaba cuchichear al fondo.
  •    Beneficencia. Su mirada la delata. – decía Rian muy seguro de si mismo.
  •    Tiene razón. Jones sabe lo que hace. – continuaba Kate.
  •    Joder, es muy listo. Y fijo que esa noche pilla. – reía Jack.

Encontré el móvil y marqué. Tardó al menos un minuto en responder y a cada segundo que pasaba me ponía más y más nerviosa.
  •    ¿Si? – contestó al otro lado.
  •    Me ha llegado la invitación. ¿Tenemos que ir juntos? – sabía perfectamente la respuesta.
  •    No, puedes llevar una cita si quieres.

No entendía esa respuesta.
  •    ¿De verdad? – dije confundida.
  •    Pues claro que no Raquel. Te recojo el viernes a las 7 en tu hotel. – parecía molesto.
  •    ¿Nada más? ¿No me vas a decir como tengo que ir vestida ni nada? – me estaba poniendo nerviosa.
  •    No te preocupes por nada, piensa que eres una invitada a una velada de la Brigada de la vida y la muerte. Déjame ser tu Logan.
  •    ¿Por qué has visto las Gilmore sin mí? – estaba sorprendida.
  •    Ya sabes, es que no estábamos juntos. – y colgó el teléfono.

No sé que fue lo que más me descolocó de todo aquellos. La gala benéfica, que viera Las Chicas Gilmore o que dijera de esa forma que no estábamos juntos y me colgara dejándome con la palabra en la boca.

No tengo consciencia de los minutos sucesivos, solo recuerdo la necesidad de salir a tomar aire, una gran bofetada de calor me había cruzado la cara. Me levanté dispuesta a salir por la puerta del autobús, de forma automática y sin llegar a entender nada.

  •    Me voy a correr. – les dije mientras me acercaba a por el iPod.
  •    Rach, estamos en la carretera. No puedes salir a correr. – dijo Rian preocupado.
  •    Ah. Es verdad. Pues me voy a la cama. – dije sin detener mi lento paso.

Me metí en la cama y dormí durante todo el día. Llevaba semanas sin dormir de esa manera. Esa frase “Ya sabes, es que no estamos juntos.” Era como si toda la presión de las últimas semanas hubiera desaparecido. No estábamos juntos, no nos debíamos nada. Era como si toda ansiedad hubiera desaparecido sin más.

Llegamos a Boston la mañana siguiente y casi toda ella la pasamos de radio en radio. No me acordé de la gala hasta que llegamos al hotel y vi una gran caja encima de la cama. Estuve al menos 2 minutos observándola antes de ser capaz de acercarme a abrirla. Cogí la nota que estaba encima y leí.

Espero haber acertado con la talla, nunca te he tenido que comprar un vestido así. Los zapatos están en el armario.
Nos vemos a las 7.
D.
Pdt. Mira en la caja fuerte, tienes un regalo.

Al leerlo mi cerebro se colapso, demasiadas sorpresas que descubrir a la vez. Me acerqué y abrí la caja. Sonreí al ver el color del vestido. Era de color verde hierba, era precioso. Lo saqué con cuidado de la caja para verlo bien.

Vestido palabra de honor, encorsetado en la parte superior, con un cinturón de piedras brillantes que terminaba en una falda de gasa que llegaba hasta el suelo. No creo que hubiera visto un vestido tan bonito nunca, o al menos que fuera mio.

Corrí al armario a ver los zapatos, también de color verde, de raso y con una abertura en la parte delantera. No podía parar de sonreír, era todo demasiado bonito.
La caja fuerte vino a mi mente, se me había olvidado por completo. Aunque primero tenía que poder abrirla y para ello tenia que saber el código. Le escribí esperando que no tardara demasiado en contestar o me mataría la curiosidad.

Mientras esperaba el mensaje decidí llamar y pedir la tarde libre. Ese vestido exigía tarde en la peluquería. Cuando leí la contestación de Danny no podía creer lo que ponía.

Veamos si es verdad eso que dices sobre que las Gilmore es tu serie favorita. La contraseña es la misma que la habitación del pánico.

Nunca pensé que Danny me pudiera sorprender de ese modo después de ver todo lo que acababa de ver, pero ese mensaje me dejó helada. No porque no supiera la respuesta, sino porque no esperaba que él supiera formular una pregunta de ese estilo. No me agradaba la idea de Danny viendo las Gilmore y menos aun cuando yo era consciente de que las había visto. Se estaba apropiando de demasiadas cosas mías.

Me agaché para meter el código de seguridad. Marque 1-1-1-1, la misma contraseña de la habitación del pánico. Abrí lentamente la puertecita y saqué el estuche que había dentro. Lo que me faltaba, una joya. Una discreta gargantilla de oro blanco apareció cuando la abrí. Me sentí como una princesa justo antes de un baile, todos los detalles parecían sacados de un sueño.

Pasé toda la tarde en la peluquería, intentado encontrar el peinado y el maquillaje perfecto. Llegué al hotel con el tiempo justo para vestirme. Cuando sonó el teléfono de la habitación casi me da un infarto. No esperaba ninguna llamada por medio de ese teléfono, solamente estaba atenta a los pasos al otro lado de la puerta.

La llamada era para avisarme de que había un coche esperando abajo. Respiré repetidas veces antes de poder moverme hacia el ascensor, pero cuando las puertas del ascensor se abrieron y tuve que caminar hasta las puertas del hotel, sentí como mis piernas empezaban a temblar y se convertían en palitos de regaliz.

Pero lo que no se todavía es como pude aguantar al verle de pie a las puertas de la limusina. Llevaba un traje gris marengo, camisa blanca y corbata del mismo color de mi vestido. No recordaba haberle visto tan guapo nunca.
Me fui acercando lentamente y cuando estaba apunto de salir por la puerta, se dió cuenta de mi presencia. Nuestras miradas conectaron durante unos segundos y una sonrisa se instaló en sus labios. Esa forma de mirarme volvió a dejarme sin aliento. Pero al acercarme más a él todo empeoró, hacia tanto tiempo que no me miraba así, que sus ojos no tenían ese brillo. Me dieron ganas de llorar, no se porque, ni si era de tristeza o de felicidad, pero un montón de lagrimas se agolparon en mis ojos deseosas de salir.
  •    Woooow. Estás preciosa, eres una princesa. – estiró su mano, se acercó lentamente y depositó un dulce beso en mi mejilla.
  •    Gracias. – seguía intentando controlar mis lágrimas. – Tu también estas muy guapo. – y le dediqué una sonrisa sincera.
  •    Usted primero señorita, estoy deseando ver la cara de todos al vernos entrar. – dijo orgulloso.

Yo no pude hacer nada más que sonreír y meterme al coche. El viaje fue rápido y relajado. Cosa que se agradecía después de tanto tiempo sin estar del todo cómodos. Cuando la limusina se detuvo delante del edificio donde se iba a celebrar la cena benéfica, quedé impresionada de nuevo. Era un edificio majestuoso decorado con luces y flores para la ocasión. Me sentí muy afortunada.

Salimos del coche sin decir nada. Yo porque no podía y supongo que Danny no quería romper mi momento. Me detuve al llegar a la escalinata que conducía a la puerta.

  •    ¿Qué pasa? – preguntó Danny mientras buscaba una explicación lógica.
  •    No quiero caerme. – dije mirando las escaleras infernales.
  •    No te voy a dejar caer, estoy justo detrás de ti. – me tendió el brazo para que me agarrara a él.

Acepté ese gesto encantada y subimos la escalinata, yo concentrada de no caerme y él divertido con mi concentración. Cuando llegamos arriba del todo me dieron ganas de saltar como Rocky aunque no me pareció apropiado.

Entramos en un salón abarrotado de gente, todos ellos ataviados con preciosos trajes de noche. Era como estar en una boda. Recorrimos parte de la sala caminando lentamente. Nunca me había visto en una situación como esta, pero no podía sentirme más feliz.

  •    Esto te habrá costado una pasta. – dije mientras nos parábamos y cogíamos una copa de champan.
  •    Bueno, todo sea por los niños. – nuestras copas chocaron produciendo un leve tintineo.
  •    Al menos se sacará algo bueno de todo esto.
  •    Creo que hay muchas más cosas buenas que esto, aunque no te quito razón a eso. ¿Crees que vas a seguir siendo tan negativa mucho tiempo? – confesó.
  •    No estoy siendo negativa. – me justifiqué.
  •    Claro que no. Eres el alma de la fiesta cuando estás conmigo.
  •    Tampoco hace falta que seas tan cínico. Solo soy cautelosa, nada más. Sigo reiterando que si fuera negativa no haría nada de lo que llevo haciendo las últimas semanas.
  •    ¿Me tiene que consolar esa postura? – no le gustaba nada mi comportamiento.
  •    No realmente, pero es lo que te toca aguantar. Si de verdad crees en lo nuestro debes luchar por los dos, las cosas no las puedo borrar de una semana para otra, es algo más complicado. – mi tono fue más serio de lo que cabía esperar.

Acepto mis palabras porque sabía que por expresar todo lo que pensaba en ese momento no haría las cosas distintas, más bien al revés. Si me agobiaba sería peor. Pero iba a intentar por todos mis medios no discutir esa noche, se estaba esforzando tanto que me daba pena estropearlo con una pelea.

  •    ¿Crees que algún día lograré organizar algo así? – la pregunta salió sin ni siquiera darme cuenta.
  •    Estoy seguro de ello. Se que vas a lograr todo lo que te propongas. Mira donde has llegado desde que te mudaste a Londres. Eres la chica más maravillosa del mundo. – solo tuve que mirarle a los ojos para saber que sentía todas y cada una de las palabras que habían salido de su boca.
  •    Gracias. Aunque no eres objetivo, puede que solo lo digas para regalarme los oídos y que tu plan se cumpla. – dije divertida.
  •    Sabes que no es así. Puedo quererte y ser objetivo. ¿Pregúntame si creo que cantas bien? Verás si soy sincero o no.
  •    Recuérdamelo, tú nunca fuiste el majo de la banda ¿verdad? – le piqué.
  • Ambos reímos. Era agradable sentirse así de nuevo.
  •    No quiero romper este momento, pero debo hacer algo antes de que sirvan la cena.

El miedo se apoderó de mi durante unos segundos.
  •    Vas a cantar. – confirmé mis sospechas.
  •    Claro, ¿no creerías que te librarías? – me guiñó el ojo y se alejó.
  • Le seguí con la mirada a lo largo de la sala. Subió al escenario y se sentó en un precioso piano blanco. Se aclaró la voz y comenzó su discurso.
  •    Buenas noches. Quiero aprovechar este momento para agradecer a la organización que me deje tocar un par de canciones esta noche. – parecía nervioso, nunca le había visto así. - Mi presencia aquí esta noche se debe a la maravillosa mujer que me acompaña. Ella me ha enseñado que hay cosas más importantes que uno mismo y que las cosas pequeñas, las vivencias tiene mucha más importancia que las cosas materiales. Porque mirar las estrellas entre las montañas, desde la ventana de tu habitación sin ella, no tiene sentido.




Comenzó a tocar el piano. Esto si que no me lo esperaba. Todas las imágenes de Gales vinieron a mi mente. La primera vez que pisé ese lugar y sentí que podía tocar las estrellas con la punta de mis dedos.

I know you're somewhere out there
Somewhere far away
I want you back
I want you back

Esa semana fue maravillosa. Perfecta para completar álbumes de recuerdos y donde empezó a escribirse nuestra historia. Esa casa, esas vistas. Era el lugar perfecto para volver cada año y recordad toda esa felicidad que vivimos en nuestras primeras Navidades juntos.

Talking to the Moon
Try to get to You
In hopes you're on
the other side

Era nuestro lugar especial en el mundo. Donde guardar nuestros mayores secretos, donde poder respirar y disfrutar el uno del otro sin preocuparse por nada más que eso.

Me había comprado la casa esas mismas navidades. Me prometió que sería solo nuestra y lo cumplió a raja tabla. No cumplió lo de forever and always que me prometió nuestra primera noche allí o que si le dejaba mi corazón él lo cuidaría y nunca me haría daño. Eso en cambio no lo cumplió.

Cause when the
sun goes down
someone's talking back
Yeah
They're talking back

Lo más importante no lo cumplió.



No se en que momento hilo una canción con la otra, al igual que no se en que momento mi cerebro cambió los recuerdos felices por los tristes.

If you ever leave me, baby
Leave some morphine at my door
Cause it would take a whole lot of medication
To realize what we used to have, we don't have it anymore

Escuchar por medio de canciones, lo que Danny sintió en esos momentos, hacia que nuestra historia tomara una tercera dimensión. Como si al fin consiguiera el poder de Edward Cullen de leer la mente.

Cause there'll be no sunlight
If I lose you, baby
There'll be no clear skies
If I lose you, baby

Aunque muchas veces lo que deseamos no es tan perfecto como parece. ¿Por qué, que más da lo que sintiera él en ese momento? ¿O lo que sintiera yo? Las cosas ya no eran como esas navidades en Gales. Ya no sentía que podía tocar las estrellas con las puntas de mis dedos y no era porque no estuviera en esa casa, sino porque él no estaba a mi lado.

Yeah for you, I'll try, I'll try, I'll try, I'll try-y-y-y
I'll pick up these broken pieces 'til I'm bleedin'
If that'll make it right

Porque ya no era nuestro momento. Ese momento lo dejamos escapar ese mes de junio en ese pequeño apartamento londinense. Y por mucho que doliera o por muchos viajes que hiciéramos a Gales o incluso al pasado, no haría desaparecer ese hecho. Esa impotencia de haber querido ver la historia en directo y en 3D, cuando todos sabemos que la única forma de ver una historia en 3D es en diferido.

Danny terminó de tocar, tras recibir una gran cantidad de aplausos y cumplidos cuando bajó del escenario. Caminó hacia mí esperando que mi reacción hacia la actuación fuera buena. Se paró un metro delante mio y esperó a que fuera yo la que hablara.
  •    Me compraste la casa. – dije en un susurro de voz.
  •    Claro, tú me lo pediste. – estaba asustado.
  •    Yo no te pedí que me la compraras, te pedí que fuera solo nuestra. – le aclaré.
  •    Comprándola me aseguraba que eso se cumpliera.
  •    Pero ¿y si no funciona? ¿Y si no tenemos que estar juntos?
  •    Lo hará, funcionará. Estoy seguro. Lo estuve en ese momento y lo estoy ahora. – y solo tuve que volver a mirarle a los ojos para saber que decía la verdad.
  •    Lo siento. – volví a susurrar.
  •    No hace falta que pidas perdón, se que la cagué y que te hice mucho daño. Te voy a demostrar que te quiero y que merece la pena estar juntos. – me dedicó una sonrisa y continuó. – Ahora disfrutemos de la noche, que he pagado un pastón.

Me volvió a tender el brazo para que me agarrara a él. Esta vez tampoco me negué y caminamos hacia nuestra mesa. La cena fue deliciosa. Reímos y bebimos. Por primera vez desde que llegó Danny supe que estaba haciendo lo correcto. Nos lo merecíamos.

  •    Vamos a bailar. – dijo de repente.
  •    ¿Cómo? Entre mi vestido y todas las copas de vino que he tomado no creo que sea la mejor opción. – contesté entre risas.
  •    Por favor. Adoro esta canción. – suplicó.
  • Se levantó, hizo una reverencia delante mio y dijo.
  •    ¿Me concede este baile?



  •    Como me caiga será tu culpa. – dije levantándome de la silla.
  •    Tranquila, si no te dejé caer por las escaleras no lo haré ahora. – me cogió de la mano y me llevó hasta la pista de baile.

Tenía razón en la canción, era preciosa. Aunque no sabía bailar bien ese estilo de música.
  •    Estas tensa. Déjate llevar. – sus mirada penetrante se clavó en mi.

Puso su mano sobre la parte baja de mi espalda y me acercó hasta él. Sentí su respiración en mi cuello y su pecho rozaba el mio después de tanto tiempo. Intenté sepárame unos milímetros pero Danny negó con la cabeza volviendo a reducir la distancia entre nosotros.

Por primera vez en mese me dejé llevar, tanto física como psicológicamente. Puse la mente en blanco y dejé que él me llevara por la pista de baile al ritmo de la música. Recosté mi cabeza su hombro y volví a sentir el sonido de su corazón.

Era reconfortante volver a sentirle tan cerca, como si nada fuera mal entre nosotros. Como si fuera 2011 y no 2012.

Danny bajó lentamente su otro brazo, recorriendo mi espalda lentamente haciendo que un escalofrío la recorriera de arriba abajo. Colocó sus dos manos alrededor de mi cintura, volvía ha estar entre sus brazos. Así sentía que no me iba a escapar, un pequeño parpadeo de luz en una larga oscuridad.

Rodeé su cuello con mis brazos dejando nuestras caras a pocos milímetros de distancia. Sentí su respiración sobre mi rostro. Su mirada transmitía desafío, los míos curiosidad. Curiosidad por saber hasta donde podía llegar esto sin explotar.

Otro escalofrío recorrió mi espalda y un leve suspiro salió de mis labios. Danny sonrió levemente al darse cuenta de la reacción de mi cuerpo y volvió a reducir la distancia entre nuestros cuerpos. Nuestras frentes chocaron lentamente y esta vez fui yo quien sonrió levemente. Los labios de Danny se movieron lentamente. Estábamos tan cerca que podría haberle oído sin ni siquiera necesidad de que emitiera sonidos.
  •    Tienes los ojos más preciosos del mundo. – dijo en un susurro.

Era nuestro momento, algo entre nosotros dos. No pude contestarle con palabras, mis ojos lo decían todo.
  •    Te he echado tanto de menos. – confesé.

Y sus ojos se convirtieron en un lucero de esperanza. Brillaron como dos estrellas y sin poderse nos acercamos más.
  •    No te puedes imaginar cuanto llevo soñando escucharte decir eso. - Y rompió el único espacio que quedaba entre nuestros cuerpos.