miércoles, 11 de abril de 2012

Capítulo 13


Los meses siguientes fueron una locura, no recuerdo haber trabajado tanto nunca en mi vida. Después de esa noche, a la mañana siguiente, me reuní con Lucas y Nathan. Las noticias fueron fabulosas. Lucas quería trabajar con Kate y grabar un cd en USA.

Kate estaba muy agradecida y nos invito a Tom, Dougie y a mi a cenar para celebrarlo. Kate y Dougie celebraron de más esa noche y terminaron en la cama, aunque después de unas cuantas celebraciones privadas la cosa terminó.

Todo coincidió con el traslado de Mery a Inglaterra tras encontrar trabajo en un laboratorio de un pueblecito de la costa, a un par de horas de Londres. También tuvo lugar al mismo tiempo la adquisición de un coche por parte de Dougie. ¿Casualidad?

Un par de meses después de eso comenzaron a salir formalmente. Aunque siempre pensamos que todo empezó con la compra del coche.

No solo celebré con ellos el nuevo trabajo, Adam llamó ese jueves como había prometido. Siguió utilizando la excusa del destino, argumento totalmente valido para mi, ya que siempre creí en el. Aunque no estaba nada segura de que esa relación tuviera que ver con dicha cosa. Pero era lo que necesitaba después de tanto tiempo hundida.

Adam me hizo sonreír de nuevo, salíamos de vez en cuando a cenar y me trataba como una princesa. Me llevaba en coche a todos lados, me abría las puertas, me regalaba flores y joyas. Lo planeaba todo, controlaba todos los detalles posibles. Íbamos al cine, al teatro. Viajábamos por Inglaterra. Todo era serio y profundo.

Aunque no tenía demasiado tiempo para plantearme nuestra relación, no tenía tiempo más que para Kate. Sobre todo en los meses en los que estuvo en Londres, aunque la distancio lo complico todo mucho más. Tenía que terminar la carrera antes de irme a US, así que Kate viajó un par de meses antes.

Si os preguntáis por McFly, bueno, a Danny casi no le vi en esos meses. Únicamente en algún evento publico o alguna fiesta imposible de eludir, pero intentábamos no cruzarnos lo más mínimo. En cambio a los otros tres les veía con cierta frecuencia. Entre mis nuevos hobbies se encontraba el futbol inglés, así que cada vez que había un buen partido en Londres llamaba a Harry y me unía a sus amigos.

Dougie no me dejaba alejarme mucho, una vez a la semana cenábamos en mi casa. Comida china en cantidades industriales y buenas sesiones de cine. Sentía que era su deber cuidarme, y eso lo agradeceré siempre.

Fueron un gran apoyo para Kate, sobre todo Tom que se metió de lleno en la composición de las canciones.

Las chicas viajaron un par de veces a verme. Bárbara seguía con la carrera y de flor en flor. Siempre fue un espíritu libre.

Cris decidió finalmente que no podía seguir en casa y se mudó a Madrid. Se matriculó en criminología, su sueño hecho realidad.

Laura se mudó a Praga en enero, para trabajar en uno de los mejores hoteles de la ciudad. Conoció a un australiano alto y con ojos claros que fue la comidilla de todas durante un buen tiempo, era tan sexy ese chico.
Todo parecía estar encalma, aunque no duró demasiado. La primavera no ayudó a ello.

Me desperté sobresaltada sin saber muy bien el porque. No recordaba nada de lo que había soñado pero tenia una sensación extraña en el corazón, como si algo se avecinara.

Miré a Adam que dormía a mi lado. Tenía el semblante serio, pero dormía relajado. Todavía no entendía como siempre terminábamos en su piso. Espontaneidad no era una palabra que describiera nuestra relación. Tenía que pensar en algo o estaba abocada al fracaso.

Me levanté y me preparé para ir a trabajar. Kate ya estaba en EEUU, había ido a grabar el cd y luego se vería si volvía a Londres o no. Todavía no había decidido cuando me incorporaría al trabajo allí, de momento no era necesaria, así que seguía trabajando desde Londres. Semanalmente o incluso más, hablábamos por Skype para ponernos al día. Me ponía canciones, me tocaba la guitarra y me contaba como iba la grabación.

Salí de casa de Adam sin despedirme, no quise despertarle, seguía con una sensación extraña en el pecho, no quería descubrir cual era el motivo, si él lo era.

Me encaminé hacia la discográfica, cogí el coche y puse música tranquila. Cuando el sonido estridente de mi móvil me sobresalto, no recordaba que tenia esa melodía, hacía mucho tiempo que no sonaba. En el último mes habíamos tenido más relación, nos parábamos cuando nos veíamos y nos contábamos que tal estábamos. Pequeños acercamientos sin demasiado avance. Pero el tono de llamada me hizo sonreír y contesté como si fuera mi mejor colega.

  •    Buenos días Jones. ¿A qué se debe el placer de su llamada? – dije riendo.
  •    Buena canción tu tono de llamada. Es fácil hacerte reír. – dijo Danny al otro lado.
  •    No recordaba que tuviera puesto ese tono de llamada, casi me da un infarto. – y recordé el momento en el que me cambió la canción.

Nos quedamos en silencio unos segundos. Un silencio duro y doloroso al recordar esa noche.
  •    Bueno me has llamado tu ¿Qué quieres? – dije  mucho más seria.
  •    Si, era a ver si me podías ayudar. ¿Recuerdas el restaurante encima del rio en el que cenamos la noche que empezamos a salir? – mi tono se le contagió.

Medité unos segundos sin saber muy bien porque me llamaba para algo así.
  •    Claro ¿por? – no entendía la llamada.
  •    Es que quería llevar a Emma esta noche y no recuerdo en nombre. – dijo perdiendo fuerza a lo largo de la frase.
  •    ¿Vas a llevarla allí? – salió de mi boca sin pensar.

Mi pregunta le descolocó.
  •    Lo siento, no debería haberte llamado para esto. – dijo arrepentido.
  •    No te preocupes, si ya lo hemos superado. Ya ves, salimos con otras personas, hemos pasado página. ¿Por qué iba a molestarme? – no me creía ni yo mis propias palabras. – Cuando llegue a la discográfica te hago una foto de la tarjeta que tengo y te la envío, que voy conduciendo. – dije sin convicción.
  •    No te preocupes, paso yo a por ella en un momento. Tengo reunión en la discográfica. ¿Vienes a la reunión? – dijo con un extraño tono de esperanza en su voz.

Vale que Danny no tenia fama de ser una mente brillante, pero esto no era normal.
  •    No, no voy a trabajar para vosotros de momento. Tengo mucho trabajo con Kate. – aunque ese fuera un motivo, no era el más importante.
  •    Vale, bueno pues me paso luego a por la tarjeta. – estaba totalmente descolocado.
  •    De acuerdo. Que tengas un buen día.
  •    Igualmente. – y colgó sin más.

Estuve toda la mañana dándole vueltas al porque de la llamada, a ese tono de normalidad después de todo lo que había pasado y después de estar tantos meses sin casi hablarnos.

Me levanté a por una taza de café y cuando volví a mi mesa tenia un email de Adam.

No hagas planes para esta noche, tengo una sorpresa. Te recojo en casa las 8. Ponte guapa.
Xx Adam.

Me hizo sonreír y mi mente empezó a pensar que podría ser la sorpresa.

Tras dejar cerrados un montón de detalles, llamé a Kate para contárselos. Mientras hablábamos apareció Danny. Llamó al marco de la puerta y esperó a que le mirara. Preguntó sin hablar si era un buen momento.
  •    Un segundo Kate, que está aquí Danny que necesita una cosa. – dije mientras le hacia entrar.
  •    Vaya, el señor Danny Jones. – dijo Kate con tono de burla.

Danny entró y se puso detrás de mí para que Kate pudiera verle.
  •    Señorita Kate, un día de estos tendrás que explicarme porque has rechazado ser nuestra telonera. – dijo Jones con desaprobación.
  •    Ya sabes, cosas de negocios. Además me encanta América.
  •    Espera un momento ¿Qué has rechazado que? – pregunté incrédula.
  •    ¿No sabías nada? – dijo Danny sorprendido.
  •    No, parce que Kate y yo tenemos mucho de que hablar. – dije molesta.
  •    Bueno, entonces os dejo. – dijo separándose ante mi enfado. – Gracias por la tarjeta. – y deposito un beso sobre mi mejilla.

No tardó nada en salir de la habitación.
  •    ¿Cómo no me habías contado eso?
  •    Escúchame antes de que te de un ataque. Hay varios motivos, primero es que me encanta US y tengo un par de grupos que me quieren. Las giras aquí son más larga, ya sabes. Y segundo es que quiero que te vengas de gira conmigo y no voy a hacer que tengas que ir con ellos también.
  •    No me gusta la segunda razón. Trabajo para ti, por así decirlo. Tienes que mirar lo mejor para tu carrera, sin tener en cuenta mis relaciones personales con otros músicos. – dije preocupada.
  •    Vale, como has dicho, trabajas para mí, así que yo decido. Tranquila que haré lo mejor para mi, pero si además podemos ahorrarnos sufrimiento pues mejor.
  •    Bueno, pero que conste que ya he superando esa etapa. – dije seria.
  •    Claro que si, ha quedado totalmente claro cuando te ha besado en la mejilla. – dijo Kate desafiante.
  •    ¿Podemos seguir con el trabajo por favor? – no quería hablar de ese tema ni en ese momento ni nunca más.

Así pasó el día. Sin parar de trabajar, cosa que agradecí ya que cada vez que me tomaba un descanso volvía a mi mente. Esa primera cita, esa naturalidad, la espontaneidad. Hacia mucho tiempo que no disfrutaba de algo así, de esa locura que se supone que debe de haber.

“No es justo” – pensé. Me obligue a dejar de pensar en el tema, tenía que volver a casa y prepararme para la sorpresa de Adam.

Cuando llegue a casa encontré un precioso vestido rojo sobre la cama. Sencillo y elegante, con unos zapatos a juego. Era precioso y parecía tan caro. Absurdo gastar tanto dinero en un vestido, pero no tenia fuerzas para discutir con nadie y menos por dinero. Y a decir verdad era tan bonito.

Mi cerebro siguió trabajando de más ese día, pero esta vez pensando sobre la sorpresa que tendría Adam, sobre que habría preparado.

A las 20h, puntual como un reloj, Adam llamó a mi puerta. Traía una rosa blanca. Me sonrió y se acercó a darme un beso en la mejilla. Como siempre hacia.
  •    Buenas noches. – dije sonriendo.
  •    ¿Estás lista? – me preguntó tendiéndome la mano.

Yo la acepté y bajamos hasta la calle. Intenté poner la música pero me paró.
  •    Ya sabes que no voy del todo concentrado si pones esa música que te gusta. – dijo dedicándome una sonrisa.
  •    No entiendo como puedes vivir casi sin música. – dije algo decaída.
  •    Y yo no puede creer todavía porque es tan importante para ti. – de verdad no me entendía.
  •    Supongo que la música me ha dado demasiadas cosas. He vivido y sobrevivido gracias a ella. La música es un arte. – dije con ilusión en los ojos.

Llegamos al restaurante poco después. Se me iluminaron los ojos al verlo, era precioso. Algo antiguo y no muy recargado. Tranquilo e intimo. Además olía de maravilla. Nos sentaron en una mesa apartada. Cenamos a la luz de las velas, hablando de negocios, cine y viajes. Con el postre trajeron una botella de champan, cosa que me extraño, ya que Adam solo tomaba cuando había algo que celebrar.
  •    ¿Qué es lo que celebraos? – pregunté curiosa.
  •    Bueno, en principio una cosa, aunque después del postre espero celebrar dos. – respondió mirándome a los ojos.
  •    Dios, me tienes intrigada, ¿qué es lo primero que celebramos? – no podía más de la curiosidad.
  •    Estás delante del nuevo director internacional en Inglaterra. Ahora dirijo el área financiera de todo el país. – dijo orgullo de si mismo.
  •    Dios, no me lo puedo creer, enhorabuena. Es genial. Por tu ascenso. – dije levantando la copa para brindar.

Chocaron haciendo un corto tintineo.
  •    Pero no solo quería celebrar esto. El amento supone una estabilidad, un sueldo mayor. Es una señal para que empiece a sentar la cabeza y me gustaría que lo hicieras conmigo. Que lo hiciéramos juntos. – sacó una pequeña caja del bolsillo y lo puso sobre la mesa.

Cuando abrió la cajita y pude ver lo que contenía no me lo podía creer. Era el pedrusco más grande del mundo, nunca había visto una cosa así. Seguramente no lo fuera, pero me quedé en estado de shock.
  •    ¿Quieres casarte conmigo? – dijo sonriendo mientras me acercaba el anillo.

No me podía estar proponiendo matrimonio, no era posible. No estaba pasando. Había comprado un diamante enorme. Me había quedado helada, no sabia como reacciona. Y sin saber porque la respuesta vino a mi, en los ojos de Danny. Diciendo que no lo hiciera que no era el momento, que no era el adecuado.

Y en ese momento le odié como nunca había hecho. Le odie por no poder decirle que si a Adam. Por no ser él el que me lo propusiera. Danny nunca me hubiera comprado un diamante.

Adam me miraba expectante, esperando una respuesta.
  •    Lo siento mucho Adam, pero no puedo aceptar el anillo. No me gustan los diamantes. – me excusé.
  •    ¿No te gusta el anillo? – preguntó defraudado.
  •    El anillo es precioso, me encanta. Pero no podría llevarlo puesto, al mirarlo solo vería pobreza y muerte. No puedo ver eso en mi anillo de compromiso. Además no creo que pueda casarme contigo. Te quiero muchísimo Adam, pero…
  •    No soy él. – estaba decepcionado.

Millones de imágenes llegaron a mi mente en ese momento. Risas, abrazos, caricias. Quería volver a sentir esas cosas otra vez, y con Adam las cosas eran serias, demasiado serias.
  •    Es cierto, no eres él. Pero no es por él por lo que no puedo casarme contigo. Cuando llegue el momento de casarme será con alguien que consiga hacerme sentir, hacerme estremecer como Danny lo hizo en su día.
  •    Cosa que yo no he conseguido. – dijo con algo de dolor en la mirada.
  •    Lo siento. – dije con lagrimas en los ojos. – no quise hacerte daño en ningún momento.
  •    Lo se. En el fondo sabía que esto no iba a durar para siempre. Pero tenia que jugármela. – dijo con una sonrisa triste.

Se la devolví y le pasé el anillo por encima de la mesa.
  •    Guárdalo para la adecuada, es un anillo precioso. Tu mujer ideal sabrá apreciarlo. – dije creyendo mis palabras.

Me cogió de la mano y me dio un beso en ella. Me acercó a casa y nos despedimos con un abrazo.

Conscientes de que no volveríamos a vernos. Al menos no en mucho tiempo.
Cuando entré en casa y cerré la puerta no podía creer lo que acababa de vivir. No podía seguir así, intentando rehacer mi vida, sintiendo su sombra sobre mis hombros. Pensando que podría haber pasado si no hubiera ido a Nueva York ese verano, creyendo en cuentos de príncipes y princesas.

Tenía que salir de Londres, salir y a poder ser no volver nunca. Tenía que avanzar y la única forma era volver a dejar mi vida de lado y comenzar una nueva en otro país, en otra ciudad.

Me quité el vestido y me puse algo cómodo. Cogí una maleta y metí unas cuantas cosas básicas. Algo de ropa, elementos de aseo y la guitarra.

Lo metí todo en el maletero y me monté en el coche, no sabia donde ir, aunque si sabia lo que tenia que hacer antes de desaparecer. Me encamine hacia casa de Danny, muy enfadada para reflexionar sobre el tema. Podría complicar mucho las cosas.

Aparque delante de la puerta de su casa, entré y comencé a aporrear la puerta de entrada. Emma abrió, con una extraña sonrisa que se desvaneció nada más verme.
  •    No son horas de venir de visita. – no le gustaba mi presencia allí.
  •    Estupendo maja, dile a Daniel que estoy aquí.
  •    No creo que vengas a mi casa exigiendo nada.
  •    Vaya princesa, creo que tienes un poco de lio en esa cabecita tuya. Es su casa y si eres tan amable de llamarle te lo agradecería enormemente.
  •    ¿Y sino? – me dijo con prepotencia, creyéndose la dueña de la situación.
  •    Le llamo yo. DANIEL SAL AHORA MISMO. – grité desde la calle. – No quería llegar a esto, pero no me has dejado alternativa.
  •    ¿Qué es lo que pasa aquí? – dijo Danny asustado al verme.
  •    Tu ex está loca. – dijo abrazándole por la cintura.
  •    Por eso me dejó. Ahora morena si nos permites, tengo que gritarle unas cuantas cosas en privado.

Emma me miró poco convencida y luego miró a Danny que intentaba descifrar mi mirada.
  •    Cariño, déjanos un momento solos. Todo está bien, solo la gusta exagerar, quiere ser la reina del drama.

Emma acepto sus palabras y entró.
  •    ¿Qué coño te pasa Rach? No puedes venir a mi casa así a estas horas.
  •    Primero de todo, odio que me llames Rachel. No me llames así, estoy hasta los huevos de ti y tus nombres para alejarme.
  •    No creo que solo vengas para decirme que no te gusta que te llame Rachel. – no entendía nada, estaba perdido.
  •    Claro que no Dan, vengo a despedirme. Me voy y no es probable que vuelva nunca. Vamos lo que creo es que no vamos a volver a vernos. – tenía tanta rabia y dolor dentro de mi.
  •    ¿A dónde cojones te vas? ¿Qué ha pasado? – intentaba llegar a entender mi visita y esta despedida.
  •    Paste tu, Jones, tu. Pasó que me dejaste, me destrozaste y no puedo superarlo en esta ciudad, sintiéndote a cada paso que doy.
  •    Según tus propias palabras de esta mañana, estaba todo superado, somos felices con nuevos novios. Nueva vida. ¿Qué va a pasar con Adam si te vas? – cada vez estaba más asustado.
  •    Ah eso, ya, puede que te mintiera. Quizás no te haya olvidado. – dije subiendo el tono. – Pero no me voy a quedar aquí más tiempo viendo como rehaces tu vida con una morena superficial, pija y estúpida que la gusta más tu fama que tu como persona. Sobre Adam me ha propuesto matrimonio, esta noche, con un anillo de diamantes. Un enorme y maravilloso pedrusco. – casi no podía respirar, me faltaba el aire a cada palabra que salía por mi boca.
  •    ¿Te ha propuesto matrimonio? – dijo con tristeza. – Un diamante, puto rico pringado. Sabes, creo que Adam no te conviene, es un poco estirado para ti. Si te ha regalado un diamante es que no te conoce ni un poco. Espero que tu respuesta haya sido un no. ¿Verdad? – su tono pasó de tristeza a indignación. 

Pero su tono de enfado solo hizo que yo me enfadara más.
  •    Eres subnormal, más que eso. Dios mio no sabes cuanto te odio en este momento Daniel. ¿Sabes lo que me vino a la cabeza cuando me dio el anillo? Tus putos ojos, me acordé de ti. Tu tenias que ser el, teníamos que estar juntos. Esta tendría que ser mi casa y la petición de matrimonio sería con un diamante tatuado en tu brazo en vez de una puta piedra en mi dedo. – empezaba a hiperventilar.
  •    Tranquilízate, estas muy nervioso. – dijo preocupado.
  •    Claro que estoy muy nerviosa, no sabes lo que he sentido hoy cuando me has dicho que la ibas a llevar a ese restaurante. – después de tanto tiempo sin expresar con palabras todo ese dolor que sentía. – Era nuestro restaurante, donde salimos a celebrar nuestro romance publico. No puedo soportar imaginarte con ella haciendo las cosas que hacíamos juntos. Cenas, viajes, comidas encima del coche viendo las estrellas. Incluso llevándola a la casa de la montaña. – dije dolida.

La cara de Danny cambió, cambió la preocupación por la decepción. No le había gustado nada lo que acababa de decir.
  •    Ese día te prometí que esa sería nuestra casa, solo nuestra. Para siempre. – dijo con más dolor de lo que esperaba.
  •    Ya bueno, también prometiste que nos casaríamos allí y que no me dejarías, que si te entregaba mi corazón lo cuidarías y veo que esas palabras se las llevó el viento.
  •    Estoy cansado de ser el malo, que me mires a los ojos y que solo vea reproches y dolor. Que los chicos se preocupen más por tu dolor que por el mio. Te recuerdo que la que se fue a Nueva York fuiste tú y no te importó lo que yo sentí en ese momento.
  •    Claro que no, tenías que haber confiando en mí, en que volvería después del verano. Tenias que haber confiado en lo nuestro. – siempre le reprocharía eso.
  •    Te equivocas, yo si confiaba en ti. Eras the one, eras la elegida, siempre sentí que tenías que ser tú. – era la primera vez que hablábamos de esa pelea.
  •    Pues vaya Danny, me vendiste muy rápido, al a primera adversidad me dejaste marchar, para ser la elegida tardaste poco en dejarme ir.
  •    No sabes, no te puedes imaginar lo que sentí dentro de mi corazón cuando te marchaste. Aunque fue aun peor verte volver a mi vida sin estar a mi lado.

Esto no era justo, no valía, ahora no.
  •    No hace falta que me mientas a estas alturas Danny, te puedo asegurar que se lo que duele algo así. Estuve un mes en shock intentado asimilarlo. Y la vuelta a casa fue igual o peor. Pero sabes si fuera verdad todo eso que ahora dices, después de lo que paso en Londres esa noche… después de eso podríamos haberlo arreglado todo. Pero volviste a los brazos de Emma sin ni siquiera hablar conmigo del tema.
  •    Eso… - eligió bien sus palabras, parecía molesto. – Ahí si que no tienes ni puta idea. Yo iba a dejar a Emma esa noche, pero te vi con Adam, esa misma noche saliste con él. Estabas feliz, hacia semanas que no te veía sonreír de ese modo. Lo peor de ese viaje fue verte sufrir, ver esa tristeza en tus ojos. Yo tenia la culpa y no podía seguir sintiéndome así de culpable.

No podía creer lo que me estaba diciendo, había vuelto con Emma por esa cena, esa maldita cena en la que no dejé de pensar en el en ningún momento.
  •    Este es el claro ejemplo de que las primeras impresiones engañan. Esa cena con Adam era una deuda por dejarnos el Hard Rock para el meet. Él iba a pagar más y nos íbamos a quedar tirados, era lo que tenia que hacer para mantener y hacer bien mi trabajo. Y si estaba tan contenta era por ti. Te había echado tanto de menos, no te lo puedes creer. Tus besos, tus abrazos, poder salir y reírme a tu lado. Por eso me viste así, deberías haberlo sabido, deberías saber que él único que podía hacerme feliz eras tu. Pero supongo que eso se acabó. – dije sabiendo que ya no había vuelta atrás, que esta era nuestra despedida.
  •    Esto no puede ser el final, no puedes dejarme solo. No puedes irte. – suplico.
  •    Claro que si, es lo justo. Tú me dejaste sola, rota y sola. Ahora me toca a mi irme para poder reconstruirme del todo. Aunque me destroce irme debo irme, es la única forma de sobrevivir. Lo siento. – las lágrimas corrían por mis mejillas. No quería irme, quería quedarme a su lado para siempre.
  •    No se que decirte, no puedo dejarte ir.
  •    Supongo que si de verdad quisieras que me quedara sabrías que decir. Dime que me deseas lo mejor y que todo me irá bien. – intenté contener mis lágrimas, nunca creo que haya hecho algo tan duro como decirle adiós.
  •    Todo te irá bien princesa, tienes algo tan grande en ti, algo que no puedo explicar. – contenía las lágrimas y sentía que intentaba mantener las distancias.
  •    Gracias. – dije en un sollozo mientras me acercaba a él.


Las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Me agarró la mano y con la otra limpió mi cara. Sus ojos estaban rotos. No podía dejar de mirarle. Quería quedarme, quería que me gritara que me quedara, que luchara por mi, que me pidiera matrimonio. Cualquier cosa que hiciera que todo volviera a ser como antes, que hiciera que volviéramos a estar juntos.

Pero no iba a pasar. Me acerqué a sus labios lentamente y le besé con dolor. El no tardo en devolvérmelo. Una lágrima se deslizo por su mejilla y eso acentuó mi llanto. El beso trasmitía dolor, era nuestro fin.

Me separé lentamente y comencé a caminar hacia el coche.

  •    Cuídate mucho Danny Jones, no olvides dedicarme alguna canción del nuevo CD. Y deja a Emma, te mereces algo mejor.

Danny sonrió y dijo adiós con la mirada, la mirada más rota que nunca vi en esos preciosos ojos azules. 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Capítulo 12


La estancia en Madrid duro menos de lo que necesitaba, intentaba encontrar motivos por lo que volver, motivos por los que me ilusionara, pero no encontraba nada lo suficientemente fuerte como para que me mantuviera a flote.

Una de esas mañanas que pasé en casa Bárbara encontró por mi esa razón por la que luchar, por la que volver a Londres. Kate.

Había escuchado el cd con sus canciones y se preguntaba que había pasado conmigo, porque no había hecho algo por esa chica. Estaban tan concentrada en él, en no caer devastada que había dejado a un lado cosas que en otros momentos de mi vida hubiera luchado con uñas y dientes.

Pero ahí estaba Bárbara, como muchas otras veces, dándome empujones para que despertase, recogiendo los trocitos que perdía por el camino.

La vuelta a Londres fue dura, me fui de esa casa huyendo de lo que había pasado esa noche, sin pararme a pensar nada, solo cogí una maleta y metí lo primero que encontré. Dejando de lado todo, volviendo a guardarlo en cajas como ya había hecho meses atrás cuando pasé el verano en Nueva York.

Pero era hora de avanzar, de coger todo el dolor y meterlo en la lavadora junto con esas sabanas impregnadas de olor a todo y a nada, a sonrisas convertidas en lágrimas. No recuerdo cuantas lavadoras puse, pero si recuerdo el dolor de brazos de tanto tender. Cambié los muebles de sitio, guardé lo que me recordaba a él, lo que dolía de él y comencé una nueva etapa, un nuevo capitulo en mi vida, me centré en hacer algo bueno por Kate, por su música, por conseguirla esa oportunidad de cambiar la vida de alguien con sus canciones. Como hicieron tantas y tantas canciones a lo largo de mi vida.

La semana siguiente la pasé colgada al teléfono, explotando posibilidades y viendo como podría ayudar. Entre llamada y llamada recordé que había quedado con Nathan para hablar de mi nuevo trabajo. Así que me pasé por la discográfica.

Iba distraída por los pasillos, intentando no pensar, centrándome en lo que iba a depararme la reunión con Nathan. Llame a su puerta y al entrar grité al ver quien estaba en el despacho.

  •    Lucas, ¿qué haces aquí? – dije lanzándome a sus brazos.
  •    Española tenia que ser. – dijo Lucas devolviéndome el abrazo y en tono divertido.

Reí con él. Le había echado de menos. Sentí que todo podía ser posible con Lucas allí, como si la carrera de Kate estuviera más cerca. Era el momento de hablarles de ella, aunque más que hablarles de ella debía mostrársela.

  •    Nathan, sobre mi nuevo trabajo, creo que he encontrado yo uno perfecto para mí.

Lucas me miró asustado y divertido en la misma medida.
  •    ¿Quieres ser cantante? – probó suerte.
  •    Si, yo cantante. No, pero se de uno que fliparía con una noticia así después de mi gran aversión a la fama. – dije con una sonrisa amarga.
  •    Entonces tiene un novio que tiene un grupo y quiere ser como Kurt Cobain. – probó Lucas esta vez.
  •    No creo que vuelva a salir con un músico nunca más. – confesé sin más. – Es algo mejor, ¿qué tenéis que hacer esta noche?

Salí de ese despacho sin ser consciente de que había forzado una reunión, una audición sin ni siquiera contar con la cantante.
Bajé corriendo a mi coche, respiré profundamente y llamé a Kate.
  •    Kate. – dije nerviosa.
  •    ¿Qué pasa Rach? ¿Ya has vuelto a Londres? – estaba animada.
  •    Si, volví ayer. ¿Tienes planes para esta noche?

Estaba acelerada, mil ideas corrían por mi cabeza y no tenia tiempo para asimilarlas todas. Llegué al bar de Joe a la hora del vermú, hora zulú española. Llamé exageradamente a la puerta, solo esperaba que Joe estuviera.
  •    Se que me has echado de menos en España, pero no hace falta que tires abajo el bar. – salió con su gran sonrisa ha abrirme.
  •    Joe, necesito usar el bar esta noche. – rogué.
  •    No abrimos los lunes, Rachel, deberías saberlo.
  •    Creo que hoy deberías hacer una excepción y hacer un favor a una gran amiga.

El camino se me hizo eterno, como si algo dentro de mí supiera que no era buena idea pasear por esos barrios. Pero debía ir, les necesitaba, necesitaba su ayuda y su consejo.

Llamé a la puerta y espere nerviosa por lo que podía haber al otro lado. Cuando abrió dije la primera tontería que me vino a la mente.
  •    OMG, Tom Fletcher. ¿Me puedes dar un autógrafo? – dije con voz de pito.
  •    No me lo puedo creer. ¿Qué haces tú por estos barrios? – y me dio un dulce abrazo.
  •    Ya sabes, lo típico que se dice, pasaba por aquí y se me ocurrió pasar a contaros una cosa muy emocionante.
  •    Pues adelante, nunca le cerraré la puerta a ninguna mujer que traiga cotilleos frescos. Además Dougie me puede matar si no te invito a pasar. Ese chico está muy preocupado por ti. ¿Tiene motivos?
  •    Ya sabes, la rubia es muy nenaza, y tranquilo, no pasa nada que no se pueda curar con cuantos chupitos de tequila.
  •    Que bien, vamos a tener un montón de canciones sobre el alcoholismo y rehabilitación en nuestro próximo disco. Esto huele a Brit.
  •    Que poco ambicioso, yo pensaría en un Grammy como mínimo.
  •    Ilusa, somos McFly, eso está por encima de nuestras posibilidades. – sonrió quitándole peso al asunto, aunque sabia que le dolía un poco esa verdad.

Entramos riendo en la cocina cuando Dougie nos vio. Al reconocerme tiró la lata de coca-cola que bebía.
  •    Doug amor, no soy ningún fantasma. – dije en tono jocoso.
  •    ¿Estás bien? – se acercó hasta mi y me abrazo como si fuera a romperme. – Siento lo que te dije la última vez que hablamos.

Se sentía arrepentido. Le alejé de mi he hice que me mirara a los ojos.
  •    Lo voy a decir hoy por última vez, y no quiero volver a ver que me miráis de este modo.
  •    ¿De que modo? – interrumpió Tom.
  •    Si, como si fuera a sentarme a llorar en una esquina. Voy a estar bien. Dougie quien ha decidido que se mude a su casa es él y no tú. Él es el que debería sentirse fatal y aun así está follando por las esquinas con esa furcia. Así que seamos felices y punto. Te prohíbo que te sientas mal por algo que ha hecho tu amigo.
  •    ¿Ha que habías venido? – cortó Tom. Cosa que agradecí de corazón.
  •    ¿Qué tal si me invitáis a almorzar y os lo cuento?

El día pasó mucho antes de lo que debería, había muchas cosas que hacer antes de esa noche.

Estaba nerviosa, no podía fallar nada o sino el futuro de Kate podía torcerse. Había preparado una actuación en menos de doce horas, aunque gracias a Dios tenía mucha ayuda.

Quedé con Kate a media tarde para trabajar en la actuación, he hice que Dougie y Tom se vinieran conmigo para dar su opinión profesional. Llamamos a los amigos, se twitteo a los fans de McFly e intentamos que hubiera mucha gente para apoyarla.

Las horas antes del concierto fueron horribles, llenas de tensión y nerviosismo. Aunque la cosa empeoró cuando Dougie me llevó al almacén.
­   Tengo que decirte algo, para que no te pille de sorpresa. – dijo poniéndose muy serio.

  •    ¿Qué pasa Doug? Me estas asustando.
  •    Sé que es duro, pero creo que para Kate es bueno. – y volvió a callarse.
  •    Arranca ya por favor, que me estas poniendo muy nerviosa.
  •    Va a venir Danny esta noche. – me agarro la mano.


No supe como reaccionar, no quería verle, era demasiado pronto. Todavía no había llegado a superar lo que había pasado esa noche. Y sin saber como, me descubrí hablando de más.
  •    Nos acostamos hace una semana.

La cara de Dougie se desencajó.
  •    ¿Perdona? ¿Cuándo os acostasteis dices?
  •    La noche que salimos, cuando me llevo a casa. Creía que después de eso todo cambiaria, aunque parece que el cambio fue que ella terminó mudándose a su casa. – dije demasiado rápido.
  •    Os acostasteis. Os acostasteis. – repitió de forma mecánica y con la mirada perdida.
  •    Si … - no pude decir nada más.
  •    Este tío es gilipollas, no entiendo a que está jugando. Tengo que ir a matarle, ¿pero no se da cuenta de que no va a ningún lado con ella? – su tono de voz subió mucho.

Caminó hacia la salido pero antes de que saliera por la puerta le agarré del brazo.
  •    Dougie, párate por favor.
  •    Déjame Rachel, alguien tiene que decirle que está equivocado.
  •    No Dougie, realmente no está equivocado, lo incorrecto fue acostarnos o pensar que Danny podría salir con alguien como yo. No soy su estilo de mujer, es mejor así. – en lo más profundo de mi corazón lo creía así y eso hizo que empezara a ver las cosas de otra manera.


Tuve que convencerle para que no hiciera nada que estropeara su relación con Danny, por mucho que le molestara, era su hermano, su amigo y compañero. Por mucho que deseara que se pusiera de mi parte y le matara, no era correcto.

Y eso fue lo que siempre me limitó, hacer lo correcto por las personas que me importaban, aunque no fuera lo mejor para mí.

La gente empezó a llenar el bar, parecía que habíamos conseguido hacer un buen trabajo. Alguna fan algo loca llegó también, pero Tom se ocupo de ellas y aprovecho para ligar al mismo tiempo.

No vi entrar a Danny, pero si le vi poco después sentado en la barra junto a Emma. Un sentimiento de odio se apoderó de mí y sin saber muy bien como, escribí a Adam para que viniera al concierto. No esperaba que fuera a venir, pero ya estaba cansada de sufrir y apiadarme de mi misma.

Si todo salía bien, después de esa noche, tendría un trabajo nuevo, más que eso, tendría el trabajo de mis sueños.

La actuación de Kate fue alucinante, cantó un montón de canciones suyas y también alguna cover. Fue una noche de sorpresas, incluido para mi.

  •    Me ha pedido Danny que te diga si te importa que cante una canción con Kate. Cree que la puede venir bien algo así. – hizo Dougie de recadero.
  •    Vale, por mi no hay problema. – era una idea genial.
  •    Entonces voy a avisarles. – y se alejó.
  •    Dougie. – le grité. – Diles que toquen Too Close.

Me sonrió con aprobación por la elección de canción y continuó su camino. La canción les quedó perfecta, las fans se emocionaron, la gente aplaudió y yo agradecí que no tocaran Not Alone.

La noche iba a mejor, la gente estaba encantada con ella y vi algo en los ojos de Lucas y Nathan que me gustó.

Cuando terminó el concierto la gente tardó poco en irse, era lunes, así que no me sorprendió. Lucas y Nathan  se acercaron a despedirse, quedamos a la mañana siguiente para hablar del tema.

Me senté en la barra a imaginar las cosas que podían cambiar, en sueños hechos realidad, metas por las que luchar y algo por lo que soñar. No me di cuenta de su presencia hasta que carraspeo para llamar mi atención.

  •    ¿Qué haces aquí? – estaba sorprendida.
  •    Pues creo que ver un concierto. Alguien me escribió y no andaba muy lejos, así que pensé que estaría bien acercarme. – dijo Adam sonriendo.

Me hizo sonreír a mi también.
  •    ¿Qué te ha parecido? – dije curiosa.
  •    Tiene una voz muy bonita ¿trabajas para ella?
  •    De momento no, aunque espero que a partir de mañana las cosas cambien. – lo deseaba con toda mi alma.
  •    Bueno, entonces tendremos que celebrarlo.
  •    ¿Cómo vamos a celebrar algo que ni siquiera se si pasará? Eso seria gafarlo.
  •    Entonces lo celebraremos el viernes, con una cena. – propuso muy convencido de si mismo.

Medité unos segundos la idea, no estaba segura de nada.
  •    ¿Me acompañas al coche y así te doy tiempo para que te inventes una buena excusa? – propuso Adam ante mi silencio.

Era demasiado listo y directo, eso me encantaba en los hombres.
  •    No es eso. – dije mientras andábamos hasta la calle. – Es que no se si es buena idea.
  •    Pero eso no lo sabrás hasta que no lo pruebes ¿no crees? – también tenia razón en eso.
  •    Vale, pero lo dejaremos en manos del destino.
  •    Sabes que esto ya es cosa del destino ¿verdad? – dijo manteniendo su mirada.
  •    Bueno, ahora parece que todo es cosa del destino, Serendipity ha hecho mucho mal a la sociedad.
  •    ¿Entonces que propones? – no iba a aceptar un no.
  •    Llámame el jueves, si hay algo que celebrar cenaremos, sino tomaremos ello como una señal de que no debemos volver a vernos. – puse mis ideas sobre la mesa.
  •    Solo acepto parte de lo que has dicho, pero no prometo eso de no volver a vernos, no soy el tipo de hombre que acepta lo que le dicen las fuerzas cósmicas.
  •    Bueno tendremos que esperar hasta el jueves para salir de dudas. – dije con una sonrisa. Me divertía por primera vez en la última semana.
  •    Bueno y por si el destino nos separa para siempre – me agarró suavemente la cara y me besó lentamente durante unos segundos. – ha sido un placer conocerte.

Me quedé paralizada, no me esperaba nada parecido. Le vi marcharse en su coche y apenas pude decirle adiós con la mano. De forma automática me encaminé hacia el bar de nuevo pero una voz interrumpió mi camino.

  •    Interesante ¿nuevo novio? – parecía molesto.
  •    Creo que has perdido el derecho de hablar conmigo o sobre mi. – dije dándome la vuelta.

Al verle se me paró el corazón, era la primera vez que nos veíamos y hablábamos desde que nos acostamos. Era como mirar a la realidad a la cara, él volvía a ganar y yo a tener el corazón destrozado.
  •    ¿Qué tal Emma? ¿Sabe lo que pasó la otra noche entre nosotros? ¿Por eso se ha mudado contigo, para controlarte cuando entras y sales? – dije duramente.

La rabia empezó a inundar la cara de Danny.
  •    No hay nada que contar, fue un error, estaba demasiado borracho. – esas palabras volvieron a destrozarme, aun más, si algo así era posible.
  •    Pues ya que soy un error de borrachera no vuelva a hablarme jamás en tu puñetera vida grandísimo hijo de puta. – me acerqué y le di un pequeño empujón. – Haz como si no me conocieras y disfruta de tu nueva vida. Pero que no se te olvide, ella nunca seré yo.

Me di la vuelta y me dirigí de nuevo al bar. Pero no llegue muy lejos, sus palabras me hicieron detenerme.
  •    Gracias a Dios no lo es. – dijo casi en un susurro.

Estaba tan enfadada con él en ese momento y conmigo por haber consentido estos últimos meses que actué sin pensar. Volví en su dirección y le solté un bofetón. Suspiré y le miré a los ojos con odio y decepción.
  •    Uff, con esto me has ahorrado una semana de tirar dardos a tu foto. – y volví hacia el bar.

En el camino de vuelta me crucé con Emma, que parecía haber visto el bofetón. Se encaminó pidiendo explicaciones, aunque no le di la oportunidad de hablar.
  •    Me ha tocado el culo, yo le metería en cintura. Pero vamos, no es mi novio. – dije sin detenerme.

Por primera vez en meses me sentí liberada, como si al fin pudiera cerrar el capitulo y empezar de nuevo, un nuevo capitulo.