lunes, 19 de marzo de 2012

Capítulo 11




Me desperté sin saber exactamente donde estaba y como había llegado hasta allí. Tardé menos de dos segundos en recodarlo todo, donde estaba, como había llegado hasta allí y con quien lo había hecho.

Recordé el beso, las lágrimas, como se arregló y destrozó de nuevo mi corazón, todo ello en menos de dos minutos. Solo él tenía la capacidad de lograr algo así.  Y me vinieron imágenes del beso que le di, y del que él me devolvió, esta vez sin salir corriendo. Como subimos corriendo las escaleras deseando volver a ser uno, como lo fuimos tantas veces antes.

Recordé como olvidamos esos gritos, ese dolor, esa soledad que, al menos yo, había sentido todo esos meses atrás. Y volvimos a compartir esas sabanas, esas ganas de besarnos, de tocarnos, de sentirnos. Volvió a recorrer por mi espalda toda esa electricidad que solo él sabía hacer, porque al igual que al principio, volví a sentir que era él, volví a sentir que el destino debía querernos juntos.

Pero esa mañana el ya no estaba allí y todo eso que creí esa noche volvió a ponerse en duda. Encontré una nota encima de su almohada. Medité un par de minutos antes de atreverme siquiera a tocarla. No estaba preparada para volver a sufrir ese vacío de nuevo, y menos después de haberle sentido dentro de nuevo. Pero tampoco podía mantener esta curiosidad, así que leí.

Mañana te llamo, lo juro. Solo necesito solucionar ciertas cosas antes. No me arrepiento de nada de lo que pasó anoche.
xxx Jack

Ese nombre. No escribió Danny, puso ese nombre, que significaba tanto, que lo era todo. Sonreí, sonreí en ese momento y durante todo el día.

Seguí durmiendo durante toda la mañana, almorcé y salí a comprar algo de ropa para esa noche, aunque nada parecía adecuado para esa cena.

A la hora exacta que Adam dijo que pasaría a buscarme, llamó al timbre. A decir verdad estaba algo nerviosa. Adam era esa clase de hombre que ya fuera por su belleza, por su mirada o por su semblante, hacía que la gente a su alrededor se pusiera nerviosa. Y sobre mí también producía eso.

No subió a buscarme, me esperaba a los pies de la escalera. Llevaba un traje gris, corbata y camisa rosa, aunque cada una tenía una tonalidad distinta. Si, esto si era un hombre. No pude remediarlo y lo comparé con Danny, en mi mente no había sitio para otra cosa que no fuera él. Me llevó hasta la puerta del coche, me la sostuvo y espero a que entrara. Y yo seguía pensando en que pasara el tiempo rápidamente para que llegara cuanto antes la mañana siguiente y que la noche fuera rápida y sencilla.

Me llevó a un restaurante lujoso, con aparcacoches en la puerta, algo pretencioso pensé. Y Danny volvió a mi mente, eran tan distintos, Adam transmitía sabiduría y sensatez y en cambio Danny de todo menos eso. Aun así sonreí como una idiota.

  •    Pareces distinta al día que nos conocimos. – afirmó mientras comíamos.
  •    Supongo que los incidentes de esa mañana me cambiaron. – mis palabras no acompañaban a mi tono de voz, era demasiado feliz.
  •    ¿Por qué algo que debería sonar a reprimenda suena a alegría? – intentaba entenderme.
  •    No tengo motivos para ser borde. – dije relajada y llevándome comida a la boca.
  •    Así que el trabajo al final salió bien.
  •    Sí, no me puedo quejar, ha sido un sueño hecho realidad. – y sonreí.
  •    ¿En qué consistía el trabajo? Era para un grupo de música ¿no?
  •    Sí, me ocupaba de llevar los meet and greet.

Me miró extrañado, como si no supiera de que estaba hablando.
  •    No tienes ni idea de lo que te estoy hablando. – afirmé.
  •    No, no la tengo. – confesó.

Le conté en que consistía el trabajo, cosas sobre el grupo, sobre su música. El escucho atentamente, aunque no expresó su opinión. Hablamos sobre negocios, bolsa, cine y viajes principalmente. La sensación con la que volví a casa fue mucho mejor de lo que había supuesto después del primer encuentro y a excepción de Dougie, era uno de los hombres más guapos que jamás haya conocido. Era dulce, pero a la vez no te daba la confianza de cercanía. ¿Sería cosa de guapos? Porque a Dougie le pasaba lo mismo, al menos a primera vista.

Después de mucho tiempo hablando de literatura, conversación que jamás tuve con Danny, me volvió a dejar a los pies de la escalera de la que me había recogido horas antes. Si hubiera salido a cenar esa noche con un buen amigo, no hubiera aparecido por casa antes de las 7. Tenía ganas de bailar, disfrutar. En cambio estaba en casa. Había algo que había echado de menos además de a Danny, su música. Abrí la caja con cuidado, sin fijarme demasiado en su contenido. No era el momento de remover el pasado, no antes de hablar con Danny. Cogí el pen-drive donde había guardado todo y me dormí escuchándolos de nuevo, con una gran sonrisa y con muchas ganas de que llegara la mañana siguiente.

Me desperté nerviosa, esperaba la llamada, visita o cualquier clase de noticia de Danny. No sucedió nada hasta después de comer y no fue Danny quien llamó.
  •    Sí. – contesté despreocupada.
  •    ¿Qué tal rubia? ¿Qué tal la vuelta a casa? – dijo Dougie exaltado.

Había algo raro en la llamada, aunque no sabía que podía ser.
  •    Pues bien, sin mucho que hacer. A decir verdad me aburro un poco. – no sabía si debía contarle lo ocurrido con Danny.
  •    Vamos a ir todos a cenar esta noche. ¿Te apuntas? – propuso.

Medité un poco antes de contestar.
  •    ¿Danny también va? ¿Has hablado con él? – estaba algo confundida.

Se supone que teníamos que hablar, no sabía nada de él y ahora me llamaba Dougie para preguntarme si iba a cenar. Nada de esto tenia sentido.
  •    Si, él y Emma. Supongo que deberías saberlo antes de venir a cenar. – cogió aire y continuó. – Danny le ha pedido que se vayan a vivir juntos, vamos que se  mude a la casa de Danny.

Como si fuera un bofetón, sus palabras me golpearon sin ni siquiera esperármelo. No podía ser real. No, repetí hasta la saciedad en esa pequeña fracción de tiempo. Tenia que estar bromeando Dougie. Me enfadé conmigo misma por creer en él, en nosotros de nuevo, en que todo volviera a ser como al principio. En cambio él había avanzado un paso más en su relación con Emma y una vez más se había llevado mi corazón en su bolsillo.
  •    No puedo ir a la cena, me voy a España toda la semana. – dije sorprendida.
  •    ¿Vas a casa? No me habías dicho nada. – su tono había cambiado.
  •    Ya, es que ha sido una cosa del momento. – y tanto. – Hace mucho que no veo a la familia, ya es hora de que vaya por allí. – contuve mis lágrimas.
  •    ¿Rach estás bien? Joder no tenía que haber dicho nada. – se sentía culpable.

­   Doug no te preocupes, estoy bien, ya es hora de que empiece una nueva etapa en mi vida. Está bien ver a la familia y a las chicas. Ya es hora de avanzar. – me autoconvencí.
  •    Lo siento tanto. – parecía que se sentía culpable por los actos de su amigo.

­   No te preocupes, ya se lo dije cuando empezó todo esto, no creo en los cuentos de hadas y ha quedado demostrado que estaba en lo cierto. Es hora de enterrar a Kate y Jack para siempre.

Tardé dos horas en coger el taxi que me llevaba al aeropuerto. Estaba loca, no tenía billete ni idea de cuánto tiempo tardaría en tener un hueco en uno. Cinco horas después estaba de camino a casa. Llena de rabia y resignación. No entendía como le había pedido a Emma que se mudara después de lo que pasó esa noche. Hijo de puta, me iba a volver loca. Me puse la música intentado dejar de pensar en todo, intentando que el volumen tan alto hiciera que mis ideas quedaran silenciadas, aunque era imposible dejar de pensar en él.

Llegué a casa bien entrada la noche. Cuando mi madre me vio entrar por la puerta se asustó. Le dije que era una sorpresa, que lo tenía todo planeado, pero que no se lo había contado a nadie para fuera más emocionante. Mentira. Puse mi mejor sonrisa y le conté todo sobre las tres últimas semanas. Pareció aliviada de que el viaje no fuera porque algo iba mal. A mi hermano en cambio no pude engañarle.

Tuve que contarle todo, incluso lo que pasó esa noche con Danny, fue imposible engañarle. Él también estaba un poco extrañado con el comportamiento de Danny, incluso amenazó con ir a matarle, cosa que sabíamos que nunca pasaría, ni siquiera ir a dejarle las cosas claras, pero hay que reconocer que me hizo sonreír.

El día siguiente lo pase durmiendo en su inmensa mayoría. Nadie sabía que estaba allí. Sabía que debía avisarlas cuanto antes o se enfadarían, pero no tenía fuerzas para contarles todo, dolía demasiado.

Pero mi hermano no pensaba igual que yo, y se ocupó de que se enteraran. No tardé en tener noticias suyas.

Nos vemos a las 19h en el Starbucks de Orense. Ten claro que si no estás ahí iremos a buscarte y sacarte de la cama. Te queremos.

No tenía duda de que lo harían si no aparecía. ¿Qué les habría contado Manuel? Por una parte se agradecía, así sería más fácil contar la historia, serían ellas las que llevarían la conversación, las que preguntarían.

Me preparé y salí con el tiempo justo como siempre. Quería verlas, era duro estar sin ellas y más en momentos como estos. Nuestra amistad empezó tan de sopetón y llego a ser estrecha tan rápido que a veces tenía miedo de que igual de rápido que empezó se esfumara.

Cuando llegue solo estaba Bárbara, me abrazó, cosa que no hacía muy a menudo. Eso hacía a sus abrazos perfectos, tenía el don de darlos en los momentos adecuados, cuando más necesarios eran, y ese día realmente lo hacía.

No preguntó nada hasta que llegaron María y Laura cosa que agradecí enormemente, no sabía si soportaría tener que contar dos veces seguidas la historia.

Aproveche la tardanza para que me contara ella novedades y para darla un cd con las canciones de Kate. Quería que la escuchara y me diera su opinión. Era fácil que la adorara, además que su brazo siempre fue una herramienta clave para la buena música. Solo necesitaba ver sus pelos del brazo erizados para saber que era bueno.

Mucho tiempo después, llegaron, aunque merecía la pena esperar.
  •    Me parece extremadamente fatal que me tenga que llamar Manuel para decirme que estas en Madrid. – María parecía enfadada.
  •    Lo sé, como se ha atrevido a llamarte. Esta noche le regaño por hacerlo. – tenía que quitarle hierro al asunto.
  •    ¿Por qué no me avisaste de que venias? – continuó María.
  •    Porque hasta anoche no lo sabía. – me defendí.
  •    ¿Qué ha pasado? – dijo Laura más preocupada de lo normal.

Les conté lo que había pasado esa noche con Danny. Las lágrimas corrían por mis mejillas mientras lo contaba y cada lágrima dolía como si me arrancaran un trozo de corazón.

No quería volver a Londres, quería quedarme allí con ellas, quería poder salir a tomar café en vez de ir a clase o tirarnos todo el fin de semana tiradas en un sofá. Cuando terminé de contar lo sucedido esa noche me interrumpieron.
  •    Pero esas son buenas noticias. ¿No habrás huido asustada? – preguntó Laura.
  •    No, al menos no asustada. Ayer me llamó Dougie para decirme que Danny le había pedido a Emma que se mudara con él.
  •    ¿Perdona? – dijo María algo confusa.
  •    Hijo de puta. – susurró Bárbara.
  •    Pero si te lo tiraste. – gritó Laura.
  •    ¿Te ha llamado? – preguntó Bárbara de nuevo.
  •    No, no se nada de él desde esa noche, desde que se fue sin que ni siquiera me diera cuenta.
  •    Siempre fue un idiota. – Bárbara se dejó caer en la silla.
  •    ¿Estás bien? – María puso su mano sobre la mía.

Eso no ayudó a contener las lágrimas, no quería seguir así.
  •    Yo le mato, puto pecoso. ¿Quién sabe que os acostasteis? – Laura parecía enfadada.
  •    Vosotras y Manuel.
  •    ¿No se lo has contado a Dougie? – intervino María.
  •    No, no quiero que lo sepa. Lo último que necesito es que Danny me culpe de que meto a Dougie en nuestros problemas.
  •    Se lo merece, debería partirle la cara de mi parte. – Laura estaba enfadada de verdad.
  •    Vamos a ver, era lo que podía pasar. Fue un polvo de una noche borrachos, no sé porque…
  •    ¿Puedes dejar de culparte y protegerle? No tiene disculpa y como sigas pensando así esto no va a acabar nunca. – me gritó Bárbara.

Comencé a llorar de nuevo. Claro que tenía razón, demasiada, pero no podía dejar de sentirme culpable. Culpable por haber vuelto a confiar en nosotros, por haberle dejado entrar de nuevo a pisotear lo poco de corazón que me quedaba entero. Pero Bárbara tenía razón, era el momento de empezar a culpar a Danny, aunque iba a ser duro y difícil de conseguir.

lunes, 5 de marzo de 2012

Capítulo 10 parte 2


Unos años antes. POV Danny

Llevaba varios meses pensando en el tema, sabía que había llegado el momento de formalizar la relación. No es que no fuera formal, pero desde que Raquel tuvo el accidente y perdimos al bebe sentí que era el momento de hacer algo, era hora de empezar a formar nuestra familia.

Tarde en encontrar el momento y la forma perfecta, no era lo mío eso de organizar cosas, además los dos teníamos mucho trabajo y tenía que ser original, hablábamos de pedirle la mano a Raquel, algo normal no era suficiente.

Llevaba un mes de gira por UK y había llegado el día de volver a casa. Al día siguiente tocábamos e Londres, el momento para tocar delante de familiares y amigos. Por ello tocaba volver a dormir en casa, aunque no me hacía mucha ilusión a decir verdad, Raquel estaba de gira con Kate y se notaba la soledad. Después de tanto tiempo rodeado de gente se hacía raro estar solo, además la echaba de menos, llevábamos mucho tiempo separados.

Subí a la habitación y vi un montón de cajas de zapatos tiradas por la habitación, era un tremendo desastre. Tuve la necesidad de llamarla.
  •    ¿Te parece normal como tienes la habitación? – la dije cuando contestó.
  •    Hola amor. Lo sé, soy un desastre, es que no llegaba y claro yo no tengo la culpa de que vivamos en el culo del mundo. – siempre aprovechaba cualquier ocasión para quejarse de vivir en las afueras.
  •    Ya, yo tampoco tengo la culpa de que seas un desastre. – me reí.
  •    ¿Ya estás en casa? ¿Y te aburres? – si, así era.
  •    Si, hace mucho que no estaba solo y menos en un sitio tan grande y desordenado. – al menos comparado con el bus o las habitaciones de hotel.
  •    Bueno, es solo una noche, mañana me tienes ahí.
  •    ¿Entonces te dejo las cajas así para que las recojas? – pregunté.
  •    No, encima que te las he dejado para que te entretengas. Mira si soy consideradas.  – me contestó rápidamente.
  •    Voy a ignorarte. Porque además vuelves mañana pero no aguantas mucho en casa. – no quería que se fuera.
  •    Realmente me quedo hasta el lunes. – sabía que estaba sonriendo al otro lado, se notaba en su tono de voz.
  •    ¿Y eso? – dije sorprendido.
  •    Kate, se ha empeñado. Aunque no entiendo el porque. Es verdad que no me necesitas estos días, pero bueno. No me voy a quejar por unas vacaciones con mi cantante favorito. – eso me hizo sonreír a mi.
  •    ¿Quieres que vayamos a algún lado? – propuse.
  •    ¿Más viajes? Llevamos meses sin parar, me apetece no salir de la cama en todo el fin de semana.

No podía estar más de acuerdo con esa propuesta. Demasiado tiempo sin compartir cama con nadie y Dougie no valía como compañero de cama. Me costó conciliar el sueño, eso que estaba muy cansado, pero los nervios iban a matarme. Esa noche iba a ser crucial, no solo por el concierto, esa noche pediría matrimonio a Raquel.

Me despertó el teléfono, me había quedado dormido, me iban a matar.
  •    Danny abre la puerta que me muero de frio joder. – dijo Dougie al otro lado.

Salí corriendo escaleras abajo para abrirles, daba igual que pasaran los años, seguía siendo igual de desastre, creo que nunca dejaré de serlo.
  •    Te has vuelto a quedar dormido, eres lo peor. – dijo Tom dirigiéndose hacia la cocina.
  •    Joder, lo siento. Es que he dormido fatal. – me justifiqué.
  •    Estas nervioso ¿ehh? – rió Doug mientras me daba en el brazo.
  •    Esto es horrible, no va a salir bien. No va a llegar, me va a decir que no. – empezaba a hiperventilar.
  •    Deja de decir gilipolleces ¿cómo te va a decir qué no? Es tu mujer, sin necesidad de que lo ponga en un papel. – me tranquilizo Tom.
  •    Ya ves, Rach siempre ha estado loca por ti, cosa que no entiendo, mirala y mirate. – continuó Dougie.
  •    Cállate. – le tiró el gorro Tom.
  •    Oye que solo lo digo para que se ría y se tranquilice. Es tan sexy cuando sonríe. – y me guiñó el ojo.
  •    Idiota. – pero me hizo sonreír.
  •    Vete a duchar y nosotros preparamos el desayuno. Así le da tiempo a llegar a Harry, que está en un atasco. – sugirió Tom.

No protesté. Subí a ducharme y luego desayunamos los cuatro juntos. Era una tradición, el día del concierto de Londres desayunábamos juntos. Al principio en casa de Tom, pero con el tiempo, empezamos a rotar. La semana siguiente les iba a echar demasiado de menos.

Cuando terminamos de desayunar pusimos rumbo a Wembley. No podía estar tranquilo, tenía la sensación de que todo se iba a fastidiar. La prueba de sonido fue desastrosa, tanto que Harry terminó tirándome una baqueta a la cabeza.

Raquel llegaría justo a la hora de empezar el concierto, no la vería hasta después, mucho mejor, porque tenía la sensación de que si nos veíamos antes, terminaría desmayado a sus pies de los nervios.

Conseguí calmarme un poco para el concierto, cosa complicada, pero fue ella quien lo consiguió. No creo que fuera consciente del poder que siempre tuvo sobre mi estado de ánimo. Desde que la conocí, intentaba hablar con ella antes de salir al escenario, al hacerlo me sentía poderoso, como si pudiera subirme encima y todo fuera a salir bien. Esa noche no fue diferente y cuando leí su mensaje volví a sentirme igual que todas esas veces.

Hola mi amor. Ya estoy aquí deseando verte encima del escenario, ya lo echaba de menos. Espero que vayas muy sexy, aunque con las ganas que tengo de verte seguramente te vería follable con cualquier cosa. Disfruta y demuéstrales a todos de que es capaz Danny Jones. Te quiero.

Me hizo reír, como solía hacer en sus mensajes. Alguien la dijo una vez que la conseguía sacar al menos 10 sonrisas al día. En mi caso, eso se multiplicaba por 10.

Salimos y lo dimos todo. Esa era la mejor parte del trabajo, ven en directo como la gente se emocionaba, lloraba, vivía tu música. Esa música que era parte de tu alma, partes pequeñas de tu corazón.

Al terminar salí corriendo a prepararme para la sorpresa, volvía a ponerme nervioso. Estaba casi preparado cuando recibí una llamada de Tom.

  •    Date prisa, empieza a inquietarse y preguntar por qué no te ha visto todavía.
  •    Vale, dile que venga. Esta todo listo.

Corrí hacia el escenario, mientras llamaba para terminar los últimos detalles. Estuve sentado en esa silla cinco minutos eternos, repasando una y otra vez lo que llevaba planeando tantos meses, repasando todo lo que habíamos vivido juntos. La escuché quejarse y mi corazón se desbocó. Tuve miedo de que escuchara mi corazón, yo podía hacerlo. Cada vez estaba más cerca.
  •    ¿Danny donde huevos estas? No me gusta este juego. – contuve la risa para que no me escuchara.

Cuando llegó a la mitad del local, se encendieron unas luces moradas, colocadas en el suelo, formando un pasillo que llegaba hasta el escenario.
  •    OMG. – la escuché decir. – No puede ser verdad. – continuó caminando hasta llegar a la segunda marca.

Un foco me iluminó en el escenario. Se quedó paralizada y se tapó la boca con las manos. Pude escuchar un leve Daniel salir de sus labios lentamente. Los ojos le brillaban más que las lucecitas del suelo.
  •    Hola princesa – y sonreí al verla después de tantas semanas. – Vaya, si, parece que mi corazón va a salirse de su sitio. – respiré profundamente intentando tranquilizarlo. – se que no esperabas algo así pero creo que ha llegado el momento de que nuestra familia empiece a crecer.
  •    ¿Me traes aquí para decirme que estas embarazado? – note un poco de dolor al decirlo.

La sonreí, no podía para de pensar en lo preciosa que estaba.
  •    ¿Enserio vas a romper el momento más romántico que tendremos para decir bobadas? – intenté que dejara de pensar en nuestro bebe.
  •    Hombre, si cuentas lo de la casa de Gales, lo que pasó en Nueva York, a lo mejor…
  •    Cállate por favor o no podré terminar nunca.
  •    Perdón. – se disculpó.

La miré divertido, había conseguido tranquilizarme con tanta bobada.
  •    Como iba diciendo, creo que ha llegado el momento de que te pida matrimonio. – una sonrisa enorme se instalo en su cara. – Lo supe esa primera noche que te vi dormir, medio desnuda, a mi lado. La primera vez que te vi bailar mientras cocinabas. La primera vez que te vi llorar al verme tocar. Siempre supe que eras tú. – me miró de forma distinta, recordando ese año en el que todo fue tan mal entre nosotros. No la hice mucho caso y seguí.
  •    Pero mira que complicas las cosas que tengo que liarla para pedirte que te cases conmigo. Con lo fácil que sería comprarte un anillo y llevarte de cena. Pero también recuerdo el día que sentí que te perdía para siempre, el día que te vi marchar en ese coche. Recuerdo como me dijiste que tenía que haber sido yo quien te pidiera matrimonio, con un diamante tatuado y no con un anillo.

Puso sus manos sobre su corazón y negó con la cabeza.
  •    Pero según mis consejeras, parece muy de Bolton ese tatuaje, así que me he tatuado un símbolo de infinito encima de mi corazón – puse mi mano sobre mi pecho. – el corazón que es todo tuyo. Dentro se puede leer now and always. Porque esto es ahora y siempre. Tú eres mi luz, mi razón de vida. Cuando te veo siento que no puedo respirar. Me das la fuerza para seguir viviendo, para ser feliz, tú eres lo único que me hace feliz realmente. – un the end apareció en mi mente.

Ella seguía sonriendo, pero estaba paralizada, congelada. Empecé a ponerme nervioso. Necesitaba que me contestara. Mi pequeña parte de inseguridad creció y se hizo enorme.
  •    Dime algo por favor. – susurré.
  •    ¿Te has hecho un tatuaje? ¿Otro? – dijo sin dejar de mirarme.
  •    Si. – me sorprendió su pregunta, nunca me hubiera imaginado esa pregunta.
  •    Estás loco Jones, loco.  – y volvió a sonreír.
  •    Me estas poniendo muy nervioso. – confesé.
  •    No es mi intención. – se disculpó.- ¿Vas a usar la guitarra?

Volvió a descolocarme, me había olvidado totalmente de la guitarra, de la canción que había preparado. Se dio cuenta de lo confuso que estaba y volvió a hablar.
  •    No quiero romper tus planes, porque te puedo asegurar que como suba a ahí o empiece a hablar, no tocas la guitarra. – se defendió.
  •    Oh, es que no quiero tocarte la canción si me vas a decir que no.
  •    Eres idiota si piensas que puede existir esa posibilidad. – se acercó lentamente al escenario. – Cántala. – me pidió.

Mi mente intentó concentrarse, me había dicho que si, sin decir que si. Fuegos artificiales se activaron en mi cabeza. Y comencé a tocar, aunque no exactamente lo que quería.

Our song is the way you laugh
The first date "man, I didn't kiss her, and I should have"


¿Qué clase de broma era esa? ¿Por qué estaba tocando Taylor Swift? En cambió ella rió sorprendida.
  •    Taylor Swift. ¿De verdad? ¿Eso tenías preparado? Dios, pasas mucho tiempo conmigo.
  •    No puedes decirme que si y esperar que pueda cantar una canción que acabo de componer. – me justifiqué. – Ya te la canto si eso mañana.
  •    Yo no te he dicho que si exactamente, solo te he dicho que eres idiota si pesabas que diría que no. – y comenzó a subir al escenario.
  •    Es verdad que yo no soy muy listo, pero creo que entiendo el mensaje de tu frase. – me levanté y dejé la guitarra en el suelo. – ¿Entonces me vas a contestar ya?
  •    Aja. – y llegó hasta donde estaba yo. 

Rozó lentamente mi brazo y sentí un escalofrió recorrer todo mi cuerpo. Cogió mi camiseta y me la quitó, aunque se tomó su tiempo para hacerlo, la tiró al suelo y se acercó mucho más a mí. Después de tanto tiempo sin verla esto no iba a terminar bien, los técnicos me iban a matar. Esperé sonriendo, deseoso de saber cuál sería su siguiente movimiento. Localizó el tatuaje y lo dibujó con sus dedos, mi piel se erizó y ella sonrió al darse cuenta. Todavía estaba algo hinchado, hacía un par de días que me lo había hecho.
  •    Es precioso, parece que tendré que hacerme uno a juego si voy a casarme contigo. – y continuó recorriendo mi pecho con su dedo.
  •    Me encantaría. – fue lo único que pude articular.

Las ganas de besarla aumentaban poco a poco.
  •    ¿Y dónde crees que debería hacermelo? – se retiró levemente. – Creo que – se subió la camiseta hasta quitársela del todo. No iba a aguantar mucho más.
  •    Creo que aquí. – señaló su costado derecho. – O mejor aquí. – bajó su mano por su vientre, bajó su braguita y su pantalón y señaló.
  •    Como sigas así voy a terminar haciéndote el amor aquí mismo. – dije para que parara. Pero fue mucho peor.
  •    ¿Sería el detonante final que te dijera que no hay cosa que más desee en el mundo que casarme contigo para que me hicieras el amor encima de este escenario? – preguntó sin dejar de mirarme a los ojos.

No tuve mucho que meditar, y menos al ver a mi novia medio desnuda delante mío después de tres semanas sin sexo.
  •    Si me dijeras eso, te haría el amor encima de este escenario, en las gradas vips, en los baños o donde tú me dijeras.  – contesté

Dio unos pasos hacia atrás, poniendo distancia entre nosotros, algo se le estaba pasando por la cabeza, alguna locura. No me gustaba cuando sonreía de esa forma, realmente tenía miedo de lo que su mente pudiera idear. Y se volvió loca, empezó a saltar y gritar.
  •    Nos vamos a casar, OMG, nos casamos. – empecé a reír.

La agarré del brazo y la acerqué a mí, puse mi dedo sobre sus labios y la hice callar.
  •    Estas locas. – y la besé.

Paré, muy a mi pesar para hacerle la pregunta de nuevo.
  •    ¿Quieres casarte conmigo? – me miró, sonrió y dijo.
  •    Sí, quiero.

martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo 10 Parte 1


POV Danny

Aquí vamos, no sé si aceptar esto fue una buena idea, nunca fui bueno escribiendo mis sentimientos en un papel, que no fuera en forma de canción pero supongo que la ocasión lo merece. Esta historia la empezó a escribir Raquel pensando que únicamente iba a contar su historia de amor, nuestra historia de amor, para que quedara constancia de ella. Y así era hasta que metimos manos en su historia.

A estas alturas, ya os podéis imaginar como era ella, aunque siempre viene bien que os lo cuenten otros que no sea uno mismo. Aunque no creo que mi visión sea muy objetiva. Con el tiempo aprendí que Raquel era complicada, no le gustaba hacer las cosas como se esperaba que se hicieran. Vale que era capitalista, estudio sobre ello, pero luego a la hora de la verdad, había pocas cosas físicas que la importaran realmente, era demasiado altruista. Siempre la importó más la amistad, vivir el momento y guardar vivencias en el corazón, que coleccionar zapatos en un armario.

Con esa filosofía intentaba educar a nuestros hijos y muchas veces reeducar a nuestros amigos, aunque muchas veces nuestros hijos no estaban muy de acuerdo con su forma de ver el mundo.

No había muchos sábados en los que pudiéramos estar tranquilos comiendo los seis juntos. Ya fuera por trabajo, porque comiéramos fuera de casa o porque tuviéramos invitados.

Una tarde, después de comer, tras recoger la mesa, Raquel llamo a Chris a gritos.

  •    Chris, te toca fregar, baja ya por favor. – dijo mientras guardaba las servilletas en el cajón.
  •    Mamá, no puedo, hazlo tú. – contestó también gritando desde su habitación.
  •    Yo tampoco puedo, voy a echarme la siesta como buena española. – le contesto desde la puerta de la cocina.

Chris no tardó más de dos minutos en bajar, enfadado con su madre. Los dos tenían el mismo carácter.
  •    No es normal lo de esta familia, somos ricos y tengo que fregar los platos. No es justo. – y se cruzó de brazos.
  •    ¿Danny somos ricos? Porque no me lo has dicho. – dijo exageradamente Raquel.
  •    Sí, eso parece, al menos para pagar a alguien para que lave los platos. – reí aunque sabía que esto era el principio de una pelea.
  •    Ves, es que mamá no es…
  •    Primero, tú no eres rico, así que no decides en que gastar el dinero. Segundo, las últimas noticias que tuve es que tu padre es famosos y lo último que necesito es una persona extraña que pueda vender mi vida personal. Tengo la capacidad de fregar 20 cubiertos y además tengo cuatro hijos para explotarlos. No creas que he parido tantas veces para nada. – tenía miedo de meterme, pero a veces Raquel decía demasiadas tonterías juntas.
  •    Entonces si el rico es papá, déjale a él que decida en que gastar su dinero. – se volvió a quejar.

Raquel sonrió, con aire de superioridad, había algo en su cabeza que sabía que la haría ganar la discusión y dejarlo zanjado. Ahora sí que tenía miedo.  
  •    Cariño ¿cuándo nos casamos hiciste separación de bienes? – sabía la respuesta mucho mejor que yo.
  •    No, no me suena para nada. – dije para cumplir.
  •    Señorito Jones, ha quedado demostrado que yo también soy rica. Así que deja de protestar y ponte a fregar. – y salió de la cocina dando por zanjada la discusión.

Chris me mantuvo la mirada durante un rato.
  •    ¿Cómo pudiste casarte con ella? Está loca.
Había que reconocer que en el último año, Chris… vale que no esté bien hablar así de tu propio hijo, pero era gilipollas.
  •    Si te contara todos los motivos tardaría al menos tres días. ¿Pero has visto que culito tiene? Eso te tendría que bastar.
  •    Papá, joder, que es mi madre. – y puso cara de asco.
  •    Eso te pasa por preguntar, y que sea la última vez que llamas loca a tu madre delante de mí. – y le dejé fregando.

Empezaba la adolescencia y juro que había días que cogería una guitarra y se la estamparía en la espalda y ese solo fue el comienzo. Cuando llegue al salón Raquel me llamó con la mano para que me sentara a su lado, pero realmente sus intenciones era tumbarse sobre mis rodillas.
  •    He pensado que vamos a mandar a Chris a un internado militar o algo así. No le soporto. – me senté en el sofá.
  •    Sería muy gracioso, solo por verle la cara. Pero ¿es broma verdad? Tú viajas mucho y es bonito tenerle cuando te vas, se parece tanto a ti. – dijo con nostalgia.
  •    Si es broma, pero vamos antes vale, pero ahora tienes otros dos que pueden ocupar su sitio y no son insoportables. – mi mano recorría su pelo mientras tanto.
  •    Pero están locos, no paran. – rió. – A ver cuanto tiempo tardan en venir por aquí gritando.

En eso estaba de acuerdo, los gemelos estaban descontrolados, no paraban ni un segundo. Dean y Eric. Dean se parecía a mi, yo creo que era el que más se parecía a mi en personalidad, aunque físicamente Chris ganaba. Eric en cambio era una fotocopia de su madre, tanto física como psicológicamente. Tenía esa mirada que tanto me enamoró.  Eso si eran un caso juntos, parecía que Dean era quien movía los hilos, pero yo sabía que no, era Eric quien incitaba en la mayoría de las veces a su hermano. Como bien hacia Raquel en la mayoría de las veces. Y como era de esperar no tardaron en llegar al salón. Al escucharles, cogió la manta y nos tapó las cabezas.
  •    Escóndete, a ver si así les despistamos y deciden irse. – dijo pasando su brazo alrededor de mi cuello y susurrando.
  •    Oye, no está bien que me hables así. Me pierdo cuando haces eso. – y giré la cara hasta encontrarnos frente a frente.
  •    Un simple juego inocente lo tienes que hacer sucio. – me contestó sin moverse.
  •    Ya sabes, sigo siendo una estrella del rock, casado, pero estrella.- y tuve que besarla.

Noté como sonreía debajo de mi beso y me devolvió el beso. Aunque la fiesta privada no duró todo lo que me hubiera gustado.
  •    Mamá ¿dónde estás? – gritaba Dean.
  •    Está ocupada, vuelve luego. – contesté desde debajo de la manta.
  •    Eres bobo, así saben donde estamos. – protesto.
  •    Claro que sí, porque tus hijos de ocho años son idiotas y al pasar por aquí no se iban a dar cuenta. – reí.
  •    Vámonos Dean, no ves que están haciendo cosas privadas. – escuchamos a Eric.

Me dio la risa, no podían ser tan buenos.
  •    A ver que os pasa pesados. Solo quería dormir la siesta. – dijo sacando la cabeza.
  •    Es que Chris no nos deja coger las chuches de la cocina. – protestó Dean.
  •    Es que acabáis de comer gorditos.
  •    De verdad si que sois pesados, anda sentémonos a ver una peli y luego os llevo a comprar chuches o a casa del tío Tom, que es como la fábrica de Willy Wonka. – ofrecí.

La idea pareció gustarles, Dean se tiró al fondo del sofá, Eric se acurrucó al lado de su madre y ella le abrazó.

Estábamos medio dormidos cuando llegó Kate con una guitarra en la mano.  Ella si que era mi perdición.
  •    ¿Qué haces mi niña?
  •    Estoy practicando. – me sonrió.
  •    Es verdad, me lo contó ayer mama. ¿No quieres un profe que te enseñe? – le ofrecí.

Ella negó con la cabeza.
  •    Mama dice que no lo necesito, soy una Jones. ¿Me puedes ayudar tú con una canción? Es que no sé como hacerlo. – dijo algo preocupada.
  •    Si claro, vamos al estudio, que están medio dormidos. Dean, cúbreme anda.

Dean se levantó y se sentó donde estaba yo. Era una estampa tan bonita. Era muy afortunado al tenerles. Recuerdo cuando Eric y Dean eran más pequeños, y yo salía de gira y volvía de madrugada a casa, solía encontrarles durmiendo en nuestra cama. Antes eso era propiedad de Chris, él la cuidaba, en cambio ahora había sido relegado por los gemelos. Todos sabíamos que no necesitaba nada de eso, podía cuidarse sola y cuidar a la vez de todos nosotros sin despeinarse. Pero la gustaba sentirse cuidada.

Al igual que a mi me encantaba que Kate me pidiera ayuda musical. Tenía 10 años y era la niña más dulce y preciosa del mundo. Lo iba a tener difícil en el futuro, demasiados hombres protegiéndola a su alrededor. Tras estar un rato tocando volvimos al salón y Dean, al vernos, habló más alto de lo que la situación requería.

  •    Papá, ¿cuándo nos vamos?

Lo que hizo que Raquel se despertara y no de buen humor.
  •    Dean como no te calles te juro que no nos vamos. De verdad no se puede dormir en esta casa.
  •    Venga, Dean, sube a prepararte mientras yo despierto a tu madre. – y volví a ocupar mi puesto.
  •    ¿Y Eric? ¿Le despierto? – preguntó muy bajito.
  •    Si. – agregué.

No llegó a despertarle, ya se ocupó Chris de despertar a todo el mundo.
  •    Tenemos que hablar, quiero un tatuaje.
  •    Si, y yo quiero que te calles, pero la vida no es justa. Creo que al final si que le vamos a mandar al internado. No te vas a tatuar, tienes 15 años. – dijo muy seria.
  •    Pero como no vais a dejar tatuarme, os habéis visto.
  •    ¿Pero qué te pasa hoy? Nadie se debe tatuar cuando es adolescente, que luego pasa lo que pasa, que te tatuas el mismo tatuaje dos veces, como tu tía Cristina.
  •    Papa se tatuó cuando era adolescente. – dijo muy convencido.
  •    ¿Has visto el video de 5 colours? Pues ahí queda demostrado que tu padre se echó a perder después de empezar a tocar con McFly, así que deja de decir mongoleces. – contestó Raquel.
  •    Vamos a ver, no es que no te dejemos tatuarte, sino que tienes 15 años, cuando tengas 18 podrás hacerte lo que quieras, pero debes pensar mucho y estar seguro lo que quieres. Deben tener un significado. – intervine.
  •    Si, y no dejar que tu padre elija, que luego haces cosas como lo que tiene en la pierna. – se metió conmigo.
  •    No creo que todos vuestros tatuajes tengan un significado.  – se sentó delante nuestra.
  •    Si, lo tienen, aunque sean feos, lo tienen. – y rió.
  •    Cállate anda maja, ya sabemos que no te gustan mis tatuajes. – protesté.
  •    A ver, algunos si, otros no. Cuéntales la historia del que tienes en el pecho.
  •    ¿De ese? – dije sonriéndola.

Ella afirmó con la cabeza. Pasé mi braza alrededor de su cintura y la acerqué hasta mí. Sonreía algo cohibida, siempre la dio vergüenza esa historia. 

sábado, 7 de enero de 2012

Nota informativa

Hola a todos! Espero que las vacaciones fueran bien y que los Reyes no fueran muy mamones. Aunque recordad que hay cosas mas importantes que los regalos. Os escribo porque os tengo avandonadas pero estoy muy liada y algo bloqueada/vaga de escribir. Ahora vienen los examens, y como mi cerebro funciona mucho pues escribo mas, pero voy a hacer un paron hasta febrero. Tengo un capitulo mas escrito, pero se quedo todo perfecto y si subo el siguiente puede que me mateis por haceros esperar. Ya solo queda el desanlace, que no significa que sea poco, pero se va terminando. Os ire informando de como se desarrolla y cuando vuelvo a subir. Muchas gracias por la espera pero a cambio os dare un final de esos de boca abierta y aplauso. Bueno al menos esoero que os guste. Un besito y hasta pronto