lunes, 5 de marzo de 2012

Capítulo 10 parte 2


Unos años antes. POV Danny

Llevaba varios meses pensando en el tema, sabía que había llegado el momento de formalizar la relación. No es que no fuera formal, pero desde que Raquel tuvo el accidente y perdimos al bebe sentí que era el momento de hacer algo, era hora de empezar a formar nuestra familia.

Tarde en encontrar el momento y la forma perfecta, no era lo mío eso de organizar cosas, además los dos teníamos mucho trabajo y tenía que ser original, hablábamos de pedirle la mano a Raquel, algo normal no era suficiente.

Llevaba un mes de gira por UK y había llegado el día de volver a casa. Al día siguiente tocábamos e Londres, el momento para tocar delante de familiares y amigos. Por ello tocaba volver a dormir en casa, aunque no me hacía mucha ilusión a decir verdad, Raquel estaba de gira con Kate y se notaba la soledad. Después de tanto tiempo rodeado de gente se hacía raro estar solo, además la echaba de menos, llevábamos mucho tiempo separados.

Subí a la habitación y vi un montón de cajas de zapatos tiradas por la habitación, era un tremendo desastre. Tuve la necesidad de llamarla.
  •    ¿Te parece normal como tienes la habitación? – la dije cuando contestó.
  •    Hola amor. Lo sé, soy un desastre, es que no llegaba y claro yo no tengo la culpa de que vivamos en el culo del mundo. – siempre aprovechaba cualquier ocasión para quejarse de vivir en las afueras.
  •    Ya, yo tampoco tengo la culpa de que seas un desastre. – me reí.
  •    ¿Ya estás en casa? ¿Y te aburres? – si, así era.
  •    Si, hace mucho que no estaba solo y menos en un sitio tan grande y desordenado. – al menos comparado con el bus o las habitaciones de hotel.
  •    Bueno, es solo una noche, mañana me tienes ahí.
  •    ¿Entonces te dejo las cajas así para que las recojas? – pregunté.
  •    No, encima que te las he dejado para que te entretengas. Mira si soy consideradas.  – me contestó rápidamente.
  •    Voy a ignorarte. Porque además vuelves mañana pero no aguantas mucho en casa. – no quería que se fuera.
  •    Realmente me quedo hasta el lunes. – sabía que estaba sonriendo al otro lado, se notaba en su tono de voz.
  •    ¿Y eso? – dije sorprendido.
  •    Kate, se ha empeñado. Aunque no entiendo el porque. Es verdad que no me necesitas estos días, pero bueno. No me voy a quejar por unas vacaciones con mi cantante favorito. – eso me hizo sonreír a mi.
  •    ¿Quieres que vayamos a algún lado? – propuse.
  •    ¿Más viajes? Llevamos meses sin parar, me apetece no salir de la cama en todo el fin de semana.

No podía estar más de acuerdo con esa propuesta. Demasiado tiempo sin compartir cama con nadie y Dougie no valía como compañero de cama. Me costó conciliar el sueño, eso que estaba muy cansado, pero los nervios iban a matarme. Esa noche iba a ser crucial, no solo por el concierto, esa noche pediría matrimonio a Raquel.

Me despertó el teléfono, me había quedado dormido, me iban a matar.
  •    Danny abre la puerta que me muero de frio joder. – dijo Dougie al otro lado.

Salí corriendo escaleras abajo para abrirles, daba igual que pasaran los años, seguía siendo igual de desastre, creo que nunca dejaré de serlo.
  •    Te has vuelto a quedar dormido, eres lo peor. – dijo Tom dirigiéndose hacia la cocina.
  •    Joder, lo siento. Es que he dormido fatal. – me justifiqué.
  •    Estas nervioso ¿ehh? – rió Doug mientras me daba en el brazo.
  •    Esto es horrible, no va a salir bien. No va a llegar, me va a decir que no. – empezaba a hiperventilar.
  •    Deja de decir gilipolleces ¿cómo te va a decir qué no? Es tu mujer, sin necesidad de que lo ponga en un papel. – me tranquilizo Tom.
  •    Ya ves, Rach siempre ha estado loca por ti, cosa que no entiendo, mirala y mirate. – continuó Dougie.
  •    Cállate. – le tiró el gorro Tom.
  •    Oye que solo lo digo para que se ría y se tranquilice. Es tan sexy cuando sonríe. – y me guiñó el ojo.
  •    Idiota. – pero me hizo sonreír.
  •    Vete a duchar y nosotros preparamos el desayuno. Así le da tiempo a llegar a Harry, que está en un atasco. – sugirió Tom.

No protesté. Subí a ducharme y luego desayunamos los cuatro juntos. Era una tradición, el día del concierto de Londres desayunábamos juntos. Al principio en casa de Tom, pero con el tiempo, empezamos a rotar. La semana siguiente les iba a echar demasiado de menos.

Cuando terminamos de desayunar pusimos rumbo a Wembley. No podía estar tranquilo, tenía la sensación de que todo se iba a fastidiar. La prueba de sonido fue desastrosa, tanto que Harry terminó tirándome una baqueta a la cabeza.

Raquel llegaría justo a la hora de empezar el concierto, no la vería hasta después, mucho mejor, porque tenía la sensación de que si nos veíamos antes, terminaría desmayado a sus pies de los nervios.

Conseguí calmarme un poco para el concierto, cosa complicada, pero fue ella quien lo consiguió. No creo que fuera consciente del poder que siempre tuvo sobre mi estado de ánimo. Desde que la conocí, intentaba hablar con ella antes de salir al escenario, al hacerlo me sentía poderoso, como si pudiera subirme encima y todo fuera a salir bien. Esa noche no fue diferente y cuando leí su mensaje volví a sentirme igual que todas esas veces.

Hola mi amor. Ya estoy aquí deseando verte encima del escenario, ya lo echaba de menos. Espero que vayas muy sexy, aunque con las ganas que tengo de verte seguramente te vería follable con cualquier cosa. Disfruta y demuéstrales a todos de que es capaz Danny Jones. Te quiero.

Me hizo reír, como solía hacer en sus mensajes. Alguien la dijo una vez que la conseguía sacar al menos 10 sonrisas al día. En mi caso, eso se multiplicaba por 10.

Salimos y lo dimos todo. Esa era la mejor parte del trabajo, ven en directo como la gente se emocionaba, lloraba, vivía tu música. Esa música que era parte de tu alma, partes pequeñas de tu corazón.

Al terminar salí corriendo a prepararme para la sorpresa, volvía a ponerme nervioso. Estaba casi preparado cuando recibí una llamada de Tom.

  •    Date prisa, empieza a inquietarse y preguntar por qué no te ha visto todavía.
  •    Vale, dile que venga. Esta todo listo.

Corrí hacia el escenario, mientras llamaba para terminar los últimos detalles. Estuve sentado en esa silla cinco minutos eternos, repasando una y otra vez lo que llevaba planeando tantos meses, repasando todo lo que habíamos vivido juntos. La escuché quejarse y mi corazón se desbocó. Tuve miedo de que escuchara mi corazón, yo podía hacerlo. Cada vez estaba más cerca.
  •    ¿Danny donde huevos estas? No me gusta este juego. – contuve la risa para que no me escuchara.

Cuando llegó a la mitad del local, se encendieron unas luces moradas, colocadas en el suelo, formando un pasillo que llegaba hasta el escenario.
  •    OMG. – la escuché decir. – No puede ser verdad. – continuó caminando hasta llegar a la segunda marca.

Un foco me iluminó en el escenario. Se quedó paralizada y se tapó la boca con las manos. Pude escuchar un leve Daniel salir de sus labios lentamente. Los ojos le brillaban más que las lucecitas del suelo.
  •    Hola princesa – y sonreí al verla después de tantas semanas. – Vaya, si, parece que mi corazón va a salirse de su sitio. – respiré profundamente intentando tranquilizarlo. – se que no esperabas algo así pero creo que ha llegado el momento de que nuestra familia empiece a crecer.
  •    ¿Me traes aquí para decirme que estas embarazado? – note un poco de dolor al decirlo.

La sonreí, no podía para de pensar en lo preciosa que estaba.
  •    ¿Enserio vas a romper el momento más romántico que tendremos para decir bobadas? – intenté que dejara de pensar en nuestro bebe.
  •    Hombre, si cuentas lo de la casa de Gales, lo que pasó en Nueva York, a lo mejor…
  •    Cállate por favor o no podré terminar nunca.
  •    Perdón. – se disculpó.

La miré divertido, había conseguido tranquilizarme con tanta bobada.
  •    Como iba diciendo, creo que ha llegado el momento de que te pida matrimonio. – una sonrisa enorme se instalo en su cara. – Lo supe esa primera noche que te vi dormir, medio desnuda, a mi lado. La primera vez que te vi bailar mientras cocinabas. La primera vez que te vi llorar al verme tocar. Siempre supe que eras tú. – me miró de forma distinta, recordando ese año en el que todo fue tan mal entre nosotros. No la hice mucho caso y seguí.
  •    Pero mira que complicas las cosas que tengo que liarla para pedirte que te cases conmigo. Con lo fácil que sería comprarte un anillo y llevarte de cena. Pero también recuerdo el día que sentí que te perdía para siempre, el día que te vi marchar en ese coche. Recuerdo como me dijiste que tenía que haber sido yo quien te pidiera matrimonio, con un diamante tatuado y no con un anillo.

Puso sus manos sobre su corazón y negó con la cabeza.
  •    Pero según mis consejeras, parece muy de Bolton ese tatuaje, así que me he tatuado un símbolo de infinito encima de mi corazón – puse mi mano sobre mi pecho. – el corazón que es todo tuyo. Dentro se puede leer now and always. Porque esto es ahora y siempre. Tú eres mi luz, mi razón de vida. Cuando te veo siento que no puedo respirar. Me das la fuerza para seguir viviendo, para ser feliz, tú eres lo único que me hace feliz realmente. – un the end apareció en mi mente.

Ella seguía sonriendo, pero estaba paralizada, congelada. Empecé a ponerme nervioso. Necesitaba que me contestara. Mi pequeña parte de inseguridad creció y se hizo enorme.
  •    Dime algo por favor. – susurré.
  •    ¿Te has hecho un tatuaje? ¿Otro? – dijo sin dejar de mirarme.
  •    Si. – me sorprendió su pregunta, nunca me hubiera imaginado esa pregunta.
  •    Estás loco Jones, loco.  – y volvió a sonreír.
  •    Me estas poniendo muy nervioso. – confesé.
  •    No es mi intención. – se disculpó.- ¿Vas a usar la guitarra?

Volvió a descolocarme, me había olvidado totalmente de la guitarra, de la canción que había preparado. Se dio cuenta de lo confuso que estaba y volvió a hablar.
  •    No quiero romper tus planes, porque te puedo asegurar que como suba a ahí o empiece a hablar, no tocas la guitarra. – se defendió.
  •    Oh, es que no quiero tocarte la canción si me vas a decir que no.
  •    Eres idiota si piensas que puede existir esa posibilidad. – se acercó lentamente al escenario. – Cántala. – me pidió.

Mi mente intentó concentrarse, me había dicho que si, sin decir que si. Fuegos artificiales se activaron en mi cabeza. Y comencé a tocar, aunque no exactamente lo que quería.

Our song is the way you laugh
The first date "man, I didn't kiss her, and I should have"


¿Qué clase de broma era esa? ¿Por qué estaba tocando Taylor Swift? En cambió ella rió sorprendida.
  •    Taylor Swift. ¿De verdad? ¿Eso tenías preparado? Dios, pasas mucho tiempo conmigo.
  •    No puedes decirme que si y esperar que pueda cantar una canción que acabo de componer. – me justifiqué. – Ya te la canto si eso mañana.
  •    Yo no te he dicho que si exactamente, solo te he dicho que eres idiota si pesabas que diría que no. – y comenzó a subir al escenario.
  •    Es verdad que yo no soy muy listo, pero creo que entiendo el mensaje de tu frase. – me levanté y dejé la guitarra en el suelo. – ¿Entonces me vas a contestar ya?
  •    Aja. – y llegó hasta donde estaba yo. 

Rozó lentamente mi brazo y sentí un escalofrió recorrer todo mi cuerpo. Cogió mi camiseta y me la quitó, aunque se tomó su tiempo para hacerlo, la tiró al suelo y se acercó mucho más a mí. Después de tanto tiempo sin verla esto no iba a terminar bien, los técnicos me iban a matar. Esperé sonriendo, deseoso de saber cuál sería su siguiente movimiento. Localizó el tatuaje y lo dibujó con sus dedos, mi piel se erizó y ella sonrió al darse cuenta. Todavía estaba algo hinchado, hacía un par de días que me lo había hecho.
  •    Es precioso, parece que tendré que hacerme uno a juego si voy a casarme contigo. – y continuó recorriendo mi pecho con su dedo.
  •    Me encantaría. – fue lo único que pude articular.

Las ganas de besarla aumentaban poco a poco.
  •    ¿Y dónde crees que debería hacermelo? – se retiró levemente. – Creo que – se subió la camiseta hasta quitársela del todo. No iba a aguantar mucho más.
  •    Creo que aquí. – señaló su costado derecho. – O mejor aquí. – bajó su mano por su vientre, bajó su braguita y su pantalón y señaló.
  •    Como sigas así voy a terminar haciéndote el amor aquí mismo. – dije para que parara. Pero fue mucho peor.
  •    ¿Sería el detonante final que te dijera que no hay cosa que más desee en el mundo que casarme contigo para que me hicieras el amor encima de este escenario? – preguntó sin dejar de mirarme a los ojos.

No tuve mucho que meditar, y menos al ver a mi novia medio desnuda delante mío después de tres semanas sin sexo.
  •    Si me dijeras eso, te haría el amor encima de este escenario, en las gradas vips, en los baños o donde tú me dijeras.  – contesté

Dio unos pasos hacia atrás, poniendo distancia entre nosotros, algo se le estaba pasando por la cabeza, alguna locura. No me gustaba cuando sonreía de esa forma, realmente tenía miedo de lo que su mente pudiera idear. Y se volvió loca, empezó a saltar y gritar.
  •    Nos vamos a casar, OMG, nos casamos. – empecé a reír.

La agarré del brazo y la acerqué a mí, puse mi dedo sobre sus labios y la hice callar.
  •    Estas locas. – y la besé.

Paré, muy a mi pesar para hacerle la pregunta de nuevo.
  •    ¿Quieres casarte conmigo? – me miró, sonrió y dijo.
  •    Sí, quiero.

martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo 10 Parte 1


POV Danny

Aquí vamos, no sé si aceptar esto fue una buena idea, nunca fui bueno escribiendo mis sentimientos en un papel, que no fuera en forma de canción pero supongo que la ocasión lo merece. Esta historia la empezó a escribir Raquel pensando que únicamente iba a contar su historia de amor, nuestra historia de amor, para que quedara constancia de ella. Y así era hasta que metimos manos en su historia.

A estas alturas, ya os podéis imaginar como era ella, aunque siempre viene bien que os lo cuenten otros que no sea uno mismo. Aunque no creo que mi visión sea muy objetiva. Con el tiempo aprendí que Raquel era complicada, no le gustaba hacer las cosas como se esperaba que se hicieran. Vale que era capitalista, estudio sobre ello, pero luego a la hora de la verdad, había pocas cosas físicas que la importaran realmente, era demasiado altruista. Siempre la importó más la amistad, vivir el momento y guardar vivencias en el corazón, que coleccionar zapatos en un armario.

Con esa filosofía intentaba educar a nuestros hijos y muchas veces reeducar a nuestros amigos, aunque muchas veces nuestros hijos no estaban muy de acuerdo con su forma de ver el mundo.

No había muchos sábados en los que pudiéramos estar tranquilos comiendo los seis juntos. Ya fuera por trabajo, porque comiéramos fuera de casa o porque tuviéramos invitados.

Una tarde, después de comer, tras recoger la mesa, Raquel llamo a Chris a gritos.

  •    Chris, te toca fregar, baja ya por favor. – dijo mientras guardaba las servilletas en el cajón.
  •    Mamá, no puedo, hazlo tú. – contestó también gritando desde su habitación.
  •    Yo tampoco puedo, voy a echarme la siesta como buena española. – le contesto desde la puerta de la cocina.

Chris no tardó más de dos minutos en bajar, enfadado con su madre. Los dos tenían el mismo carácter.
  •    No es normal lo de esta familia, somos ricos y tengo que fregar los platos. No es justo. – y se cruzó de brazos.
  •    ¿Danny somos ricos? Porque no me lo has dicho. – dijo exageradamente Raquel.
  •    Sí, eso parece, al menos para pagar a alguien para que lave los platos. – reí aunque sabía que esto era el principio de una pelea.
  •    Ves, es que mamá no es…
  •    Primero, tú no eres rico, así que no decides en que gastar el dinero. Segundo, las últimas noticias que tuve es que tu padre es famosos y lo último que necesito es una persona extraña que pueda vender mi vida personal. Tengo la capacidad de fregar 20 cubiertos y además tengo cuatro hijos para explotarlos. No creas que he parido tantas veces para nada. – tenía miedo de meterme, pero a veces Raquel decía demasiadas tonterías juntas.
  •    Entonces si el rico es papá, déjale a él que decida en que gastar su dinero. – se volvió a quejar.

Raquel sonrió, con aire de superioridad, había algo en su cabeza que sabía que la haría ganar la discusión y dejarlo zanjado. Ahora sí que tenía miedo.  
  •    Cariño ¿cuándo nos casamos hiciste separación de bienes? – sabía la respuesta mucho mejor que yo.
  •    No, no me suena para nada. – dije para cumplir.
  •    Señorito Jones, ha quedado demostrado que yo también soy rica. Así que deja de protestar y ponte a fregar. – y salió de la cocina dando por zanjada la discusión.

Chris me mantuvo la mirada durante un rato.
  •    ¿Cómo pudiste casarte con ella? Está loca.
Había que reconocer que en el último año, Chris… vale que no esté bien hablar así de tu propio hijo, pero era gilipollas.
  •    Si te contara todos los motivos tardaría al menos tres días. ¿Pero has visto que culito tiene? Eso te tendría que bastar.
  •    Papá, joder, que es mi madre. – y puso cara de asco.
  •    Eso te pasa por preguntar, y que sea la última vez que llamas loca a tu madre delante de mí. – y le dejé fregando.

Empezaba la adolescencia y juro que había días que cogería una guitarra y se la estamparía en la espalda y ese solo fue el comienzo. Cuando llegue al salón Raquel me llamó con la mano para que me sentara a su lado, pero realmente sus intenciones era tumbarse sobre mis rodillas.
  •    He pensado que vamos a mandar a Chris a un internado militar o algo así. No le soporto. – me senté en el sofá.
  •    Sería muy gracioso, solo por verle la cara. Pero ¿es broma verdad? Tú viajas mucho y es bonito tenerle cuando te vas, se parece tanto a ti. – dijo con nostalgia.
  •    Si es broma, pero vamos antes vale, pero ahora tienes otros dos que pueden ocupar su sitio y no son insoportables. – mi mano recorría su pelo mientras tanto.
  •    Pero están locos, no paran. – rió. – A ver cuanto tiempo tardan en venir por aquí gritando.

En eso estaba de acuerdo, los gemelos estaban descontrolados, no paraban ni un segundo. Dean y Eric. Dean se parecía a mi, yo creo que era el que más se parecía a mi en personalidad, aunque físicamente Chris ganaba. Eric en cambio era una fotocopia de su madre, tanto física como psicológicamente. Tenía esa mirada que tanto me enamoró.  Eso si eran un caso juntos, parecía que Dean era quien movía los hilos, pero yo sabía que no, era Eric quien incitaba en la mayoría de las veces a su hermano. Como bien hacia Raquel en la mayoría de las veces. Y como era de esperar no tardaron en llegar al salón. Al escucharles, cogió la manta y nos tapó las cabezas.
  •    Escóndete, a ver si así les despistamos y deciden irse. – dijo pasando su brazo alrededor de mi cuello y susurrando.
  •    Oye, no está bien que me hables así. Me pierdo cuando haces eso. – y giré la cara hasta encontrarnos frente a frente.
  •    Un simple juego inocente lo tienes que hacer sucio. – me contestó sin moverse.
  •    Ya sabes, sigo siendo una estrella del rock, casado, pero estrella.- y tuve que besarla.

Noté como sonreía debajo de mi beso y me devolvió el beso. Aunque la fiesta privada no duró todo lo que me hubiera gustado.
  •    Mamá ¿dónde estás? – gritaba Dean.
  •    Está ocupada, vuelve luego. – contesté desde debajo de la manta.
  •    Eres bobo, así saben donde estamos. – protesto.
  •    Claro que sí, porque tus hijos de ocho años son idiotas y al pasar por aquí no se iban a dar cuenta. – reí.
  •    Vámonos Dean, no ves que están haciendo cosas privadas. – escuchamos a Eric.

Me dio la risa, no podían ser tan buenos.
  •    A ver que os pasa pesados. Solo quería dormir la siesta. – dijo sacando la cabeza.
  •    Es que Chris no nos deja coger las chuches de la cocina. – protestó Dean.
  •    Es que acabáis de comer gorditos.
  •    De verdad si que sois pesados, anda sentémonos a ver una peli y luego os llevo a comprar chuches o a casa del tío Tom, que es como la fábrica de Willy Wonka. – ofrecí.

La idea pareció gustarles, Dean se tiró al fondo del sofá, Eric se acurrucó al lado de su madre y ella le abrazó.

Estábamos medio dormidos cuando llegó Kate con una guitarra en la mano.  Ella si que era mi perdición.
  •    ¿Qué haces mi niña?
  •    Estoy practicando. – me sonrió.
  •    Es verdad, me lo contó ayer mama. ¿No quieres un profe que te enseñe? – le ofrecí.

Ella negó con la cabeza.
  •    Mama dice que no lo necesito, soy una Jones. ¿Me puedes ayudar tú con una canción? Es que no sé como hacerlo. – dijo algo preocupada.
  •    Si claro, vamos al estudio, que están medio dormidos. Dean, cúbreme anda.

Dean se levantó y se sentó donde estaba yo. Era una estampa tan bonita. Era muy afortunado al tenerles. Recuerdo cuando Eric y Dean eran más pequeños, y yo salía de gira y volvía de madrugada a casa, solía encontrarles durmiendo en nuestra cama. Antes eso era propiedad de Chris, él la cuidaba, en cambio ahora había sido relegado por los gemelos. Todos sabíamos que no necesitaba nada de eso, podía cuidarse sola y cuidar a la vez de todos nosotros sin despeinarse. Pero la gustaba sentirse cuidada.

Al igual que a mi me encantaba que Kate me pidiera ayuda musical. Tenía 10 años y era la niña más dulce y preciosa del mundo. Lo iba a tener difícil en el futuro, demasiados hombres protegiéndola a su alrededor. Tras estar un rato tocando volvimos al salón y Dean, al vernos, habló más alto de lo que la situación requería.

  •    Papá, ¿cuándo nos vamos?

Lo que hizo que Raquel se despertara y no de buen humor.
  •    Dean como no te calles te juro que no nos vamos. De verdad no se puede dormir en esta casa.
  •    Venga, Dean, sube a prepararte mientras yo despierto a tu madre. – y volví a ocupar mi puesto.
  •    ¿Y Eric? ¿Le despierto? – preguntó muy bajito.
  •    Si. – agregué.

No llegó a despertarle, ya se ocupó Chris de despertar a todo el mundo.
  •    Tenemos que hablar, quiero un tatuaje.
  •    Si, y yo quiero que te calles, pero la vida no es justa. Creo que al final si que le vamos a mandar al internado. No te vas a tatuar, tienes 15 años. – dijo muy seria.
  •    Pero como no vais a dejar tatuarme, os habéis visto.
  •    ¿Pero qué te pasa hoy? Nadie se debe tatuar cuando es adolescente, que luego pasa lo que pasa, que te tatuas el mismo tatuaje dos veces, como tu tía Cristina.
  •    Papa se tatuó cuando era adolescente. – dijo muy convencido.
  •    ¿Has visto el video de 5 colours? Pues ahí queda demostrado que tu padre se echó a perder después de empezar a tocar con McFly, así que deja de decir mongoleces. – contestó Raquel.
  •    Vamos a ver, no es que no te dejemos tatuarte, sino que tienes 15 años, cuando tengas 18 podrás hacerte lo que quieras, pero debes pensar mucho y estar seguro lo que quieres. Deben tener un significado. – intervine.
  •    Si, y no dejar que tu padre elija, que luego haces cosas como lo que tiene en la pierna. – se metió conmigo.
  •    No creo que todos vuestros tatuajes tengan un significado.  – se sentó delante nuestra.
  •    Si, lo tienen, aunque sean feos, lo tienen. – y rió.
  •    Cállate anda maja, ya sabemos que no te gustan mis tatuajes. – protesté.
  •    A ver, algunos si, otros no. Cuéntales la historia del que tienes en el pecho.
  •    ¿De ese? – dije sonriéndola.

Ella afirmó con la cabeza. Pasé mi braza alrededor de su cintura y la acerqué hasta mí. Sonreía algo cohibida, siempre la dio vergüenza esa historia. 

sábado, 7 de enero de 2012

Nota informativa

Hola a todos! Espero que las vacaciones fueran bien y que los Reyes no fueran muy mamones. Aunque recordad que hay cosas mas importantes que los regalos. Os escribo porque os tengo avandonadas pero estoy muy liada y algo bloqueada/vaga de escribir. Ahora vienen los examens, y como mi cerebro funciona mucho pues escribo mas, pero voy a hacer un paron hasta febrero. Tengo un capitulo mas escrito, pero se quedo todo perfecto y si subo el siguiente puede que me mateis por haceros esperar. Ya solo queda el desanlace, que no significa que sea poco, pero se va terminando. Os ire informando de como se desarrolla y cuando vuelvo a subir. Muchas gracias por la espera pero a cambio os dare un final de esos de boca abierta y aplauso. Bueno al menos esoero que os guste. Un besito y hasta pronto

martes, 20 de diciembre de 2011

Capítulo 9


Esa noche llegó a su fin y con ella llegó la mañana. Y la mañana trajo consecuencias, más de las que esperaba.

Mi relación con Danny pasó de ser dolorosa a casi inexistente toda esa semana. No sabía muy bien si por mi actitud o por la suya. Encontré una nota que coló por debajo de la puerta, como aquellas veces que discutíamos y terminaba expresando mi frustración con un portazo. Pero esta vez notaba distancia en vez de cariño en ella. Decía:

Lo siento, pero es la mejor opción. Nuestra única opción.

Cogí la nota y la arrugué con rabia. La tiré a la basura, intentando no darle vueltas a todo, a nosotros, a nada.

No fue un gran día, mis amigas volvían a casa, no me hablaba con Danny. Sabía que no podía esperar más de nuestra relación pero no parecía real el no hablarnos. Después de todo puede que fuera lo mejor.

Me despedí de las chicas y prometí viajar pronto a verlas. Tenía ganas de ver a la familia, se lo había prometido a mi padre, hacía más de 6 meses que no les veía. Si os preguntáis por All Time Low, siguieron su camino por UK de concierto en concierto y alguna cosa más, pero eso es adelantarse.

Nosotros también continuamos con nuestros compromisos laborales, viendo a niñas que les amaban en secreto, aunque no eran solo ellas.

Sin darnos cuenta volvíamos a Londres, lo que significaba que mi colaboración con ellos llegaba a su fin. Los meets de España no estaban fijados y no sabía que iba a pasar con mi trabajo después de ese día.

Unos días antes de llegar a Londres, Adam me había llamado para confirmar nuestra “cita”, por llamarlo de alguna forma. No tenía ganas pero un trato era un trato. Quedamos la noche siguiente de nuestra vuelta a Londres, dijo que pasaría a buscarme. No estaba muy de acuerdo con eso tampoco, pero por mucho que insistí en encontrarnos en algún sitio no pude convencerle de lo contrario.

La mañana de trabajo en Londres fue movidita, sin tiempo ni siquiera para pensar, en semanas como esas, realmente se agradecía. Cuando terminamos decidimos ir a cenar todos juntos, para celebrar el trabajo bien hecho.

Tenía un par de días libres y luego volvería a reunirme con Nathan para ver cual sería mi siguiente trabajo.

Cenamos en un restaurante italiano cerca de Piccadelly. Reímos contando historias del viaje, de otros viajes. Y sin saber muy bien como, ni de quien fue la idea, terminamos los cinco en el bar de Joe, viendo tocar a Kate. La voz de esa chica me emocionaba tanto, la pasión se notaba en su mirada, cuando tocaba, cuando cantaba era inmensamente feliz, no paraba de sonreír.

En cambio sus canciones, en su mayoría, transmitían dolor, llegando a hacerte llorar en exceso. Quitando Dougie, que ya la había escuchado, los demás alucinaron con ella. Tom llegó a decir que quería producir su cd, vamos que lo iba a pagar el de su bolsillo, hasta le sacó la tarjeta a Joe para que se cobrara.

Poco después se produjo uno de los momentos más críticos de la noche, uno de los tantos, porque Kate volvió a tocar Not Alone. Era normal, teniendo en cuenta que la cantaba casi al nivel de Danny. A partir del primer acorde todo pareció paralizarse a mi alrededor, como si se parar el tiempo y todo comenzó a ir muy lento. Me sentía observada, primero por Dougie, luego por Dougie y Harry, Harry y Tom. Danny no podía creer que cantara su canción de esa forma.

Las lágrimas no tardaron en llegar, como era normal en mí y en esa canción. Esta vez el llanto fue controlado, derramaba pequeñas lágrimas mientras tarareaba la canción. Y me vio, el autor de la canción, el que sufrió, vivió y dijo que no estaba solo. Se levantó de su taburete y se acercó a mí. Pasó su brazo por mis hombros y me acercó hasta su pecho.

Tras una semana sin hablarnos y otra y medía muy difícil, no puede contener el llanto. Era difícil sentirle tan cerca y a la vez saber que estaba tan lejos. Me sentí tan ridícula y vulnerable en ese momento que tuve la necesidad de huir de sus brazos. Y así hice, me levanté y me fui hacia la sala.

  •    Lo siento, esto es demasiado. – le dije antes de irme.

Abrí la puerta y me tumbé en el sofá marrón, casi con un ataque de ansiedad y sin parar de llorar. Lloré todo lo que no había llorado esas dos semanas y media. Eso que me había guardado por ser profesional pero que ahora se hacía real. ¿Por qué me estaba pasando esto? Estaba tan concentrada en tranquilizarme que ni siquiera me di cuenta cuando entró Kate.

Se sentó en el suelo, al lado del sofá y me repitió una y otra vez que me tranquilizara, que todo iba a salir bien. ¿Por qué todos me mentían? Nada iba a salir bien. Me incorporé en el sofá para que pudiera sentarse. Parecía que dejaba de llorar y que mi respiración se normalizaba.

  •    Que sepas que voy a tener que matarte ¿cómo traes a McFly aquí y no me avisas? ¿Has visto mis pintas? – dijo divertida.
  •    Es que no tengo tu teléfono, lo siento. – me justifiqué.
  •    A pues habrá que solucionarlo. – me cogió el móvil y apuntó su teléfono. - ¿Puedo preguntar qué ha pasado para que estés aquí así? – parecía preocupada.

Casi no nos conocíamos ¿Por qué se comportaba así conmigo?
  •    Todo ha sido tu culpa, cantas excesivamente bien su canción. – la culpé.
Rió por el alago.
  •    El otro día no lloraste tanto. – apuntó.
  •    El otro día no estaba Danny. – confesé.
  •    Entiendo, supongo que pasar ti la canción puede afectarte más por las cosas que te ha contado sobre…
  •    Shhh – la hice callar. – no sé cuando, ni porque compuso esa canción. Sé que es de antes de McFly, vamos que la compuso él, pero no quiero saber más. No lo quise entonces y mucho menos ahora. – no podía seguir así.
  •    ¿Te han dicho alguna vez qué eres muy complicada? – y sonrió como lo hacía encima del escenario.
  •    Sí, me lo han dicho muchas veces, demasiadas diría yo. Pero todo tiene su explicación, antes y ahora. El primer recuerdo que tengo de Danny es esa canción, y me acerque a hablar porque esa canción me condujo hasta él. Cuando la escuché entera me enamoré perdidamente y la relacioné con vivencias personales. Quiero seguir pensando en esas cosas cuando escuche la canción pero se que si me cuenta la historia solo podré verle y nunca más veré lo que veo ahora. Aun así siempre pienso en él cuando la escucho, aunque hacia mucho que no lo hacía y es mi canción favorita.

Meditó un largo rato, tragó saliva y me contestó.
  •    Dios, ahora no sé que decirte, aunque sigo sin entender como te emocionas tanto.
  •    No creo que vaya a contarte todo esto, pero supongo que a día de hoy me siento un poco perdida, sola en esta ciudad y tras cantar mi canción así te mereces mi respeto. Supongo que lo de emocionarte con una canción lo entenderás. Not alone es esa canción que al escuchar el primer acorde se te encoje el estómago y segundos después un escalofrió recorre tu espalda. Subiendo lentamente. Todo se ensombrece a tu alrededor, solo importa esa guitarra, la canción, su voz, ya sabes. Su voz es maravillosa. – me obligué a cambiar de tema, no podía hablar de su voz. – Nunca había escuchado esa canción a su lado de ese modo, si la escuchaba con él era porque la cantaba. Duele tanto tenerle cerca y saber que no es mío. Que no me va a besar cuando esté triste, no me mandará notitas por debajo de la puerta cuando discutamos, que no se ría de mi cuando voy borracha, que no me haga sonreír o me enseñe a tocar la guitarra. Le echo de menos. – dije al fin.

Era como soltar todo lo que llevaba negando todas esas semanas de viaje, guardándolo dentro por mi bien, por no joder el trabajo con el que había soñado tanto tiempo. Pero ese sentimiento estaba ahí, enterrado, luchando por salir y destrozando mi corazón a su paso.
  •    Eres fuerte al aguantar todo esto, yo no sé si aguantaría a su lado. – subió las piernas al sofá.
  •    No se yo si eso es verdad, casi muero hace diez minutos, he tenido que salir corriendo para no derrumbarme. Ahora no sé cómo volver sin que me miren preocupados, no quiero que me pregunte, pero debo presentarte.
  •    No, no lo estás diciendo enserio. – estaba nerviosa, más de lo que había imaginado.
  •    No sé cómo lo dudas algo así, de todas formas Danny querrá hablar contigo sobre la canción y Tom le ha pagado a Joe para poder producirte el cd. Vamos no me extrañaría que ligara contigo. – era tan divertido Tom bebido.
  •    ¿De verdad ha dicho eso Tom? – empezó a hiperventilar. - ¿A Danny le ha gustado? ¿Tú crees?
  •    Tranquila, más ataques de ansiedad no por dios. – intenté que se calmara. – Son cuatro tontos borrachos ahora mismo, olvídate de todo lo demás.

Tardamos cinco minutos en salir, cuando Kate consiguió tranquilizarse. Les presenté y como esperaba, Tom no dejó de tirarle fichas, era más gracioso ligando que borracho.

Joe nos invitó a unas copas para celebrar la actuación de Kate y el final de la gira de Meets de McFly. Lo que pasó después no puedo explicarlo, mi cerebro ha borrado imágenes de esa noche. Cuando me di cuenta estaba montada en un taxi, camino a ninguna parte, al lado de Danny, cuando mi móvil sonó.
  •    ¿Dónde se supone que estás? ¿Estás con Danny? – gritó Dougie al otro lado.
  •    Dios, no me grites. Si, estoy con Danny, de camino a casa – mentí. – no te preocupes que estoy bien. – no tenía ni idea donde íbamos.
  •    Que te deje en casa y que el vuelva a la suya. – estaba molesto.
  •    Vale, mañana hablamos. – y colgué sin dejar que contestara.

Danny estaba mirando, no me gustaba su mirada, como si fuera a reprocharme algo.
  •    Se preocupa mucho Dougie de ti últimamente. – sí, estaba molesto.
  •    Vamos, ya lo último que me faltaba. Pase que no confíes en mí, pero que creas que Dougie haría algo así. Puedes estar tranquilo, según Dougie “soy tuya”, no me puede tocar. – dije con retintín.
  •    Parece que te molesta que piense eso. ¿Te gusta? – tanteó.
  •    ¿De verdad tú y yo salimos? ¿Me conoces un poco? Eres idiota, además  ¿por qué coño hablamos? Se supone que no hablamos “es nuestra única opción” – y volví a poner ese tono de subnormal.
  •    Eres un cielo. – dijo con cara de pocos amigos.
  •    Lo sé, todo me lo enseñaste tú. – y le sonreí.
  •    ¿Tienes sueño? – preguntó.

Esa pregunta no me la esperaba, me tomé unos segundos para responder, no entendía nada.
  •    Eres raro.
  •    Vale gracias, pero contesta a mi pregunta.
  •    No, no tengo sueño. – dije subiendo el tono de voz.
  •    Vale.

Se acercó al taxista y le dio una nueva dirección que no conocía. ¿A dónde se suponía que íbamos?
  •    ¿A dónde me llevas? – no me gustaba esto.
  •    A cantar. – y se recostó en el asiento.
  •    Yo no canto y lo sabes. Nunca. No se hacerlo. – me quejé.
  •    Te enseño, no te preocupes. – me sonrió de medio lado.

Si creyera en la existencia de Dios plenamente diría que estaba riéndose de mí. ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas? No quería hablar con él, ni verle cantar, ni estar con él un jueves a las dos de la mañana por Londres.
  •    Quiero irme a casa. – dije bajito y sin fuerza.
  •    No es cierto. Solo tienes miedo.
  •    Danny. – le imploré.
  •    Vale, tenemos que hablar, no podemos seguir así.
  •    ¿Por eso me has secuestrado? – intenté entender.
  •    Si, allí delante de la gente no se puede, nos conocemos todos demasiado bien.

Parecía preocupado realmente, no quería verle así pero no encontraba posible que pudiéramos hablar, vamos no veía de que o como iba eso a solucionar nada.

Llegamos a un bar en medio de la ciudad, aunque no sabía en que parte estábamos.
  •    ¿No decías que ibas a cantar? - pregunté extrañada.
  •    Claro, tiene karaoke dentro, no te preocupes que vamos a cantar.

Comenzó a andar hacia el fondo del bar y yo le seguí poco convencida de cantar en ningún lado. Al menos esperaba que la noche sirviera de algo. Pidió dos cervezas, cosa que no creí posible, iba perjudicado ya.
  •    ¿Estás intentando emborracharme Jones? – dije de broma.
  •    No especialmente, y menos con cerveza. Se cuáles son tus debilidades.

Una vocecita en mi cabeza me repetía una y otra vez que me fuera a casa. Pero mis pies no se movían.
  •    Querías hablar, pues hablemos. – estaba aterrorizada.
  •    Siento lo que has tenido que pasar estas dos semanas con Emma. Es una buena chica, de verdad. – la justificó. – Solamente se siente juzgada y observada por todos vosotros.
  •    Pareceré insensible, pero no me sirven tus disculpas, es ella la que ha estado jodiéndome todo el tiempo, y yo no la he hecho nada. – solo faltaba que quedara como una víctima.
  •    No lo entiendes ¿no? Se siente presionada por ti, por el listón que has dejado. Tenías el apoyo de los chicos. Sois tan diferentes. – y bebió.
  •    ¿Qué tenía el apoyo de los chicos? Te recuerdo que Tom me juzgo el primer día de oportunista y Dougie casi me pega un bofetón tras llamarme puta y tratarme como una mierda toda la noche. Vamos a ella no la han tratado así, no es que yo lo tuviera muy fácil. A decir verdad me costó ganármelos. – protesté.

Parecía que no se esperaba esa respuesta y cambió de tema rápidamente. La pregunta que hizo fue como si llevara dándole vueltas demasiado tiempo.
  •    ¿Por qué tú nunca viniste de viaje con nosotros? – me dejó helada.
  • No entendía nada.
  •    Pues… no sé muy bien a que te refieres con esa pregunta, pero no era mi sitio. Es tu trabajo y debes centrarte en ello y en estar con los chicos. Una cosa era ir a verte a los conciertos y otra cosa acompañarte en las giras. Excesivo. – dije con sinceridad.
  •    ¿No tuviste celos o miedo de lo podía hacer durante esos días? – intentó leerme antes de que contestara.
  •    A ver Danny siempre quedaba algo, no es la mejor sensación del mundo escuchar o ver lo que dicen las fans, pero confiaba en ti, más de lo que crees. Además ya tenía suficiente con el hecho de que fueras famoso como para preocuparme por eso también. Era confiar en ti o volverme loca. Solo espero que esa no fuera una de las causas por las que rompimos. – eso hubiera sido tan doloroso que no quería ni pensarlo.
  •    No, - dijo rápidamente. – nunca te hubiera hecho algo así. Te quería, aunque ahora te cueste creerlo. – dijo con pesar en su voz.
  •    Nunca he dudado que me quisieras, solo que a veces no funciona como la gente espera.
  •    Ya, una putada, eres tan compleja Raquel. Es como si nunca actuaras como yo creo que lo harías.
  •    ¿Eso es malo? – dije frunciendo el cejo.
  •    No, no lo es, pero a veces trae consecuencias que no esperas. Como te dije esas navidades en la casa de Gales, sentí que iba a casarme contigo. – y se quedó en silencio.
  • No, otra vez eso no.
  •    Supongo que no era nuestro destino, aunque hubiera un tiempo que lo pareciera. – no sabía ni como seguir sin derrumbarme.
  •    Ya, pero yo pensaba que el destino estaba de nuestra parte. – no podía terminar bien nada esta noche.
  •    Danny, no podemos seguir por este camino de destinos o no destinos – corté. – no puede salir nada bueno. Es duro.

Me miró durante unos segundos y me sonrió con dolor.
  •    ¿Sabes? Echo de menos reírme contigo, de verdad, era tan fácil ser feliz a tu lado, todo se volvía más fácil.
  •    Eso lo podemos arreglar fácilmente, ¿quieres cantar? – y le dedique una gran sonrisa.

Se le iluminaron los ojos en ese momento, lo necesitaba de verdad, los dos lo hacíamos. Me levanté y pedí una canción y él otra tras otra. Así reímos juntos, sobre todo él cuando yo cantaba.

Y otra vez, sin darme cuenta, volvíamos a estar en un taxi camino a ninguna parte. Pero esta vez ninguna parte era mi casa.

Se bajó del taxi y me acompañó hasta la puerta. Mientras caminábamos nuestras manos se entrelazaron inconscientemente, no nos miramos, era mejor así. Era como si el tiempo volviera hacía atrás. Nos paramos uno enfrente del otro, sin dejar de mirarnos, había demasiada tensión contenida en esa mirada. Aunque por primera vez en mucho tiempo habíamos vuelto a reír juntos. Un montón de imágenes se colaron en mi mente, su risa, su sonrisa una y otra vez. Y sonreí al verla tantas veces en mi cabeza.

  •    ¿Por qué sonríes? – me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

­   Voy a parecer idiota, pero sonrío porque he vuelto a verte sonreír a mi lado. Hacía mucho tiempo que no lo hacías. – seguía sonriendo.
  •    No eres idiota.

Y me besó, sin dejarme tiempo para reaccionar, aunque tampoco creo que hubiera cambiado el hecho. Me dejé llevar, por su beso, por mis ganas, por todo aquello que habíamos guardado estos meses.

Me llevó contra la pared y un segundo después dejó de besarme. Había culpabilidad en sus ojos.

  •    No lo hagas Danny, no te vayas de nuevo. No me dejes. – le supliqué.
  •    No puedo, está mal. Lo siento. – me besó la frente y volvió a caminar hacia el taxi.

Me quedé paralizada con las llaves en la mano, deseando que no se fuera, que recapacitara y volviera a mi lado, a besarme de nuevo.
Cuando vi marcharse al taxi no lo podía creer, él seguía de pie en medio de la calle, esperando algo. No me había dado cuenta pero una lágrima caía por mi mejilla. Se fue acercando con miedo a lo que iba a pasar.
  •    No llores – me sonrió – I´m only me when I´m with you.

Y esta vez fui yo quien le besé.